El Palomitrón

Espacio de Cine, Series y Libros

La humanidad de los villanos en el anime de Kimetsu no Yaiba destacada - El Palomitrón
ANIME / MANGA ARTÍCULOS DESTACADOS OPINIÓN REDACTORES

KIMETSU NO YAIBA: EMPATIZAR CON EL MAL

Este año está siendo testigo de varias y muy buenas producciones, pero a nivel mediático hay una clara ganadora. Tras su reciente final y la más que obvia confirmación de una secuela a manos del mismo estudio, Ufotable ha aupado el nombre de Kimetsu no Yaiba a lo más alto del mainstream y ha consolidado el manga original como un auténtico superventas capaz de mirar casi de tú a tú a titanes como One Piece o Kingdom. Desmesurado o no, lo cierto es que es innegable su arrollador éxito, pero también algunos aspectos que no terminan de cuajar. Y el tratamiento que se le da a la introspección de sus villanos es uno de estos.


película secuela del anime Kimetsu no Yaiba artículo relacionado - El Palomitrón

Artículo relacionado

Kimetsu no Yaiba: Danza de vida y muerte


Kimetsu no Yaiba es una serie de tintes más crudos y oscuros que muchas de sus congéneres. La ficción empuña continuamente un filo que viaja entre ese espacio existente entre vida y muerte. Tan explícita en ocasiones como parca en detalles, la serie ya dejaba asomar desde sus primeros compases un profundo respeto por los difuntos. Mostraba deferencia por aquellas almas que recién habían marchado, y por aquellas que lo hicieron mucho tiempo atrás. La dicotomía que explora a través de ese duelo perenne entre demonios y humanos invita a ello; a dar valor a la vida y muerte. Y por esta misma razón intenta ahondar en el lado más terrenal del enemigo, en explorar a grandes rasgos la humanidad perdida de aquellos que trascendieron su condición humana. Eternos segadores de almas que dejaron de sentir. Y el vehículo idóneo para mostrar esta dualidad reside en su protagonista, en su construcción y en los valores sobre los que comulga.  

La humanidad de los villanos en el anime de Kimetsu no Yaiba Tanjiro - El Palomitrón

Pero, ¿cómo se explora esto? A través de los últimos instantes de vida de los demonios, de esa retrospectiva que precede el último aliento de la bestia. Cuando los demonios caen la serie sondea la dicotomía, se vuelve más intimista e ilustra la muerte como un fin catártico. Porque es a través de ella cuando recuerdan sentimientos añejos y arrojados en lo más profundo de su ser. Y recuerdan, recuerdan qué eran antes de la conversión: simples humanos. Mientras el manga de Koyoharu Gotouge pasa de una manera más o menos fugaz por este tipo de contenido, Ufotable se recrea y estira el chicle de la empatía para engrosar de minutos adicionales el metraje. Sin embargo, este hecho puede terminar pecando de irrelevante; de contarle algo al espectador que quizá no le interesa tanto como podría parecer en primera instancia. Así, el énfasis narrativo en la exploración del lado humano de los demonios puede suponer cierta losa. Pero, como en casi todo, se puede llevar a cabo más de una lectura.

Y esa otra lectura es la que tiene que ver con el protagonista de la ficción, Tanjiro, y el discurso que le distancia de la gran mayoría de sus compañeros de gremio. Mientras unos solo ven criaturas consumidas y desprovistas de alma, el joven espadachín ve las dos caras de la moneda. Entiende el mal, asume su erradicación, pero no encuentra placer ni sosiego en sus muertes. Porque a diferencia de otros, él vislumbra la humanidad que una vez tuvieron y se esfuerza en comprender el dolor y sufrimiento experimentados a lo largo del proceso. Se trata de una construcción de valores coherente si tenemos en cuenta que la propia hermana del protagonista también trasciende su condición humana. Y sí, su caso es una excepción ya que mantiene la cordura y no cede a sus nuevos instintos, pero Tanjiro se aleja de la miopía que podría generar el caso de un ser querido y extrapola al resto, consagrándose en diversas ocasiones como una figura cándida que no teme a la hora de mostrar compasión y rendir culto. Un último reducto de complicidad para vidas que expiran y encuentran en pequeños gestos el recuerdo del confort humano.

La humanidad de los villanos en el anime de Kimetsu no Yaiba Giyu - El Palomitrón

Por todo esto, mostrar de forma reiterativa los retazos de una humanidad perdida y pinceladas del pasado de los demonios cuando el filo de una espada atraviesa su gaznate funciona de un modo bidireccional. Una de las direcciones sirve como refuerzo del discurso del protagonista, para mostrar que puede no haber perdón, pero sí compasión. Tender puentes emocionales entre «especies». La otra, en cambio, tiene cierta propensión a buscar el apego emocional del espectador, en crear una empatía que funcionaría mucho mejor si el recurso no se utilizara con tanta frecuencia. Si se pretende humanizar a personajes malvados carentes de un sólido background es fácil caer en cierta sensación de monotonía, fatiga incluso, porque se busca una conexión con personajes que, a fin de cuentas, son intrascendentes para el desarrollo de la trama. Es un recurso que sobre todo explota la adaptación animada y que, a la larga, podría terminar repercutiendo en el caso de un futuro villano que sí tenga ese background que precisa, siendo posible lograr así cierto grado de empatía. Este punto también me lleva irremediablemente a pensar en la necesidad que tienen muchas ficciones de humanizar a sus villanos, de que el espectador o lector entienda y comparta los motivos que les llevaron a actuar así. Y esto no es necesario. Se pueden crear buenos villanos sin esta inclinación; ahí están los casos de Dio Brando o Yoshikage Kira —ambos de JoJo’s Bizarre Adventure—, por citar únicamente un par de ejemplos.   

Porque muchas veces la maldad no tiene una justificación lógica. Surge, se retroalimenta y explota, sin más. Si Muzan Kibutsuji —villano principal de Kimetsu no Yaiba— termina siendo esta clase de villano no sería un problema. Porque no siempre podremos compadecernos del pobre diablo. A veces, el diablo será diablo sin más, y no habrá justificación para sus actos.

Edu Allepuz

¿Te gusta nuestro contenido? Apóyanos de la forma que prefieras y ayúdanos a seguir creciendo.


Banner de Patreon para las entradas - el palomitronBanner de KoFi para las entradas - el palomitron

3 COMENTARIOS

  1. Kimetsu no yaiba ahonda en un tema que no es nuevo ni en el anime, ni en la literatura en general.
    Desde dolstovieski en adelante que se somete al expectador/lector a ver más allá de las simples acciones.
    La pregunta es muchas veces hecha : el psicópata, ¿nace o se hace?
    Creo que en esta serie muestra ambas caras. Y no sólo eso, si no que el protagonista pueda ver aquello y sentir compasión demuestra una gran construcción de personajes. Personajes consecuentes como lo dijiste.
    Eso la hace, a mi opinión, una gran serie.

  2. Honestamente no pienso lo mismo, su “humanidad” de los villanos es repetitiva y se torna aburrida por que la autora lo aplica muy seguido lo que hace que se pierda el factor sopresa de la obra… la autora no sabe transmitir sentimientos… no siento empatia por los “demonios” quien de la nada 2 minutos antes de morir ven a Tanjiro como una “buena” persona… se me hace solo una mera excusa para dotar a su personaje de “humildad” y es tan forzado que al menos conmigo no pega

    • Buenas Ismael, me parecería fantástico que no tuvieras la misma opinión que yo, pero aquí la cuestión es que en ningún momento estoy defendiendo a capa y espada lo que hace Gotouge con el tratamiento de la humanidad de sus villanos. Como digo, entiendo su exploración —sobre todo por la parte que tiene que ver con Tanjiro— pero estoy de acuerdo en que la reiteración del recurso afecta a la fuerza del mensaje. Como casi todo, tiene varias lecturas y no todas tienen por qué ser necesariamente negativas.

      Un saludo.

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Intento de muchas cosas y una de las piezas que hacen funcionar la sección manganime. Ávido lector de manga, enamorado de la tinta y de la tragedia de Sui Ishida. Firme defensor de la industria como arte y la abolición de estúpidas etiquetas.