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ENTREVISTA A NÉSTOR RUIZ MEDINA Y MARÍA LÁZARO, DIRECTOR Y ACTRIZ DE 21 PARAÍSO.

Historias para no contar

Néstor Ruiz Medina rueda veintiún momentos en la vida de una pareja en proceso de desintegración. El nominado a los Goya por Baraka y tras su paso por festivales tan prestigiosos como Tribeca con 21 PARAÍSO (puedes recuperar aquí nuestra crítica) el director madrileño nos cuenta con la ayuda de la actriz María Lázaro y Fernando Barona un empedrado tour de force romántico con tintes indies.

P:Una de los grandes aciertos de 21 PARAÍSO es su estructura.

N.R: En un principio eran veintiún secuencias en veintiún días, pero acabaron siendo cuatro semanas con un parón por problemas meteorológicos en Chipiona. Aún así, seguimos rodando

P: Y todo eso tuvo que repercutir es su puesta en escena.

N.R: El naturalismo es la base de toda la película. Todo alrededor de un guion de diez páginas escrito a seis manos: María Lázaro, Fernando Barona (Fer) y yo también como director. Entre los tres elegimos las situaciones que queríamos mostrar y así fue todo. Sabiendo en todo momento que lo importante era lo que sucedía en esas diez páginas. Con una forma de rodar diferente. No había diálogos solo situaciones en las que los personajes debían responder tal y como sentían en ese momento.

M.L: También ayudó el hecho de vivir juntos los tres una temporada. Esa convivencia ayudó a crear ese vínculo entre los personajes. Allí construimos a Julia y Mateo, a saber qué era lo que les pasaba y cómo debían de comportarse ante lo que se les venía. Una vez que ya conoces a los personajes entras en las escenas de otra forma.

N.R: Era un poco la premisa de la película. Todas las secuencias de la película eran irrepetibles, tal como se rodaban se quedaban, previo a todo ese tiempo ensayando y conviviendo. Está rodada en 16 mm de tal forma que lo que rodamos pasa una vez. Como mucho pudimos repetir alunas cosas una o dos veces, no más por presupuesto.

P: ¿Y una propuesta tan arriesgada como 21 PARAÍSO dónde y cómo empezó a cobrar vida?

N.R: Vinimos de Madrid. Pasamos por Sanlucar y Chipiona con la intención de hacer un cine diferente. Ya teníamos otra película en proceso cuando conocimos a Fernando Barona, Fer, y nos dimos cuenta de que entre María y él había mucha energía entre los dos. Así que decidimos hacer algo juntos los tres. Al final nos decidimos por contar algo tan universal como el amor y después vino la idea de introducirnos con algo de referencias al mundo del porno después de seguir a varias actrices y escucharlas. Vi que les pasaba lo que está reflejado en la película. Intentar dejar el mundo del porno tiene sus consecuencias, entre ellas la de la depresión y la búsqueda de una nueva identidad. Me interesaba saber qué había detrás de esas personas y qué había detrás de todo eso. El Only Fans apareció a consecuencia de todo esto.

P: Y de todo esto sale un retrato íntimo sobre personas que piden ayuda y no son escuchados. Además envueltos en un paisaje conciliador y lleno de belleza como la costa de Cádiz.

N.R: Porque todo estaba enfocado al mundo de voyeur. Estás viendo una película porno pero llevada a la intimidad de sus protagonistas, al más personal de los lugares no a la exposición del sexo.

M.L: Y en ese espacio se crea una búsqueda de ellos mismos. No saben lo que están haciendo sobre todo el personaje de María. La realidad no es tan bonita como parece y menos para estos personajes. Todo lo que les rodea podría ayudar a cambiar el prisma de las cosas, pero no es así. La casa es bonita, las playas son preciosas y el pueblo es acogedor, pero no está rodado para que parezca eso. Llevan consigo toda su carga y eso les convierte en personajes que supuestamente viven en un paraíso de cara a los demás, pero no lo sienten así.

P: Dentro de estos veintiún pedazos de vida se encuentra el clímax de la película. Una secuencia inolvidable en la playa. Un duelo interpretativo que no tuvo que ser fácil de interpretar.

M.L: La secuencia más complicada de la película. Es el momento clave de la historia cuando todo cambia y esa relación acaba convirtiéndose en otra cosa. De hecho, fue la secuencia que más se repitió. Una interpretación donde no existía el reproche sino la puesta en escena de una clara falta de comunicación.

N.R: Encontrar el tono fue lo más complicado. Teníamos que representar un momento muy delicado y hubo que probar varias veces. Había un lema en la película al principio que era ‘más cerca más lejos’ y se pone de manifiesto en esa secuencia en la playa donde los protagonistas acaban exponiendo al otro sus verdaderas necesidades

P: La propuesta de 21 PARAÍSO no es solo arriesgada en sus formas sino que también en su fondo. La historia acaba y el espectador sabe lo mismo que sus protagonistas. Incapaces de responder de manera clara al por qué ha pasado todo.

M.L: Tampoco lo saben ellos ni nosotros como actores. Mi personaje Julia está enamorado de Mateo y lo quiere con todas sus fuerzas, pero no logra a comprender como han acabado así. Lo que tiene claro es que su personaje vive un proceso de búsqueda y que su pareja no tiene la culpa de lo que está pasando. Explicar eso a una pareja es complicado, ¿cómo lo haces? En la película lo vemos. También es importante la falta de comunicación. Mi personaje no sabe como hacer creer a la persona que ama todo lo que siente porque Mateo no es capaz de comprenderla.

N.R: Los seres humanos y su continuo cambio, tanto para bien como para mal. A veces los cambios nos unen y otras nos separan. Y en este caso pasa lo que tiene que pasar, que ambos deben de aprender a convivir con lo que les ha cambiado como pareja.

 


P: Todo esto contado desde las entrañas sin convertir esta historia de amor en algo social y alejado de corrientes de pensamiento. ¿Cómo se consigue eso? Sin dejarse intoxicar.

N.R: El cine que me interesa es ese que no tiene discurso político sino el que expone un tema y tú como espectador llegues a tus propias conclusiones.

M.L: Cada cual debe de entender la historia como quiera. La película es una historia muy sencilla, una historia de amor. Un reflejo de la vida de estas personas que creían tenerlo todo y de pronto algo cambia entre ellos.

P: A todo esto se le añade la fotografía de Marino Pardo y la música de Marcos Cruz Lloréns Que eleva a la película a otros estadios.

N.R: Hay tres momentos claves que son retratados por la música de Marcos con el que llevo trabajando desde que empecé a hacer cortos con dieciocho años. Y seguirá en mi siguiente película y estará siempre conmigo porque es un genio. Con la habilidad de captar enseguida lo que quieres y trabajar con él es un lujo porque posee una base musical clásica y es capaz de hacer cosas diferentes.

 

 

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