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scanlations en la industria del manga stop piracy edition - el palomitron

Casualidades del destino, la misma semana que daba comienzo la vigésimo cuarta edición del Salón del Manga de Barcelona volvió a salir a la palestra uno de los temas más candentes y recurrentes de la industria del cómic japonés. La piratería. 2018 está siendo un año de concienciación, de tomar (más) cartas en el asunto. Campañas procedentes de territorio nipón como “STOP! Piracy Edition” tienen como objetivo divulgar y proporcionar información acerca del impacto de la piratería en la industria. Una acción conjunta entre grandes grupos editoriales de la talla de Shueisha, Kodansha, Kadokawa Shoten y Shogakukan que arrojan números alarmantes acerca de las diversas plataformas y el consumo general de contenido ilegal, así como de la notoria pérdida de ingresos por parte de editoriales y autores.

Páginas web como FreeBooks o Mangamura registraban 17 y 165 millones de visitas al mes, respectivamente. Cientos de millones de yenes en ingresos mensuales a través de la publicidad. Una auténtica lacra que, a pesar de ser duramente perseguida y reducida paulatinamente, aún se encuentra lejos de desaparecer. La piratería no es más que una enorme hidra con un sinfín de rostros. Tal vez páginas como las mencionadas anteriormente a día de hoy ya no existan, pero aún perduran y surgen otras tantas. No es la primera vez que un autor o autora expresa su malestar de forma pública, pero ha sido Kohskeautora de Gangsta, la que en esta ocasión “incendió” las redes sociales con una serie de mensajes relacionados con la publicación ilegal de su obra. Palabras cuya intención era calar en el público que consume Gangsta a través de medios ilegales. Palabras de alguien que, al fin y al cabo, se gana la vida construyendo e ilustrando historias; alguien cuyo estatus económico puede peligrar si los consumidores no compran su producto legalmente.

Más que una cuestión económica

Como asiduo lector de manga, me duele leer este tipo de declaraciones. Las de alguien que ama su trabajo planteándose cortar de raíz, abandonar total o parcialmente algo que ha sido parte suya durante tanto tiempo. Y, personalmente, el caso de Kohske me lleva a empatizar mucho más. No solo porque adoro Gangsta, sino por los problemas de salud de la autora que propiciaron el cese de su publicación durante años. Las respuestas a su movimiento en redes fueron diversas; muestras de apoyo incondicional a su labor y palabras que reflejan una realidad innegable: el complicado y, en muchos casos, imposible acceso o la falta de recursos económicos suficientes para consumir legalmente. Así, los scanlations (fans que se dedican a escanear y traducir las obras publicadas en Japón) se convierten en una salvación, un conducto para poder disfrutar del manga sin importar las barreras.

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Sin embargo, existe un mayor trasfondo del que puede verse en un primer momento. ¿Son los scanlations la enfermedad de la industria? Sí y no. Podría decirse que, tristemente, son un mal necesario. Para que una obra sea licenciada en un país en concreto debe tener cierto público detrás, una cantidad de lectores que demanden y consuman la obra. A menudo este tipo de páginas ilegales sirven como herramienta para un estudio de mercado previo por parte de las editoriales. Sin su existencia habría una mayor incertidumbre y la apuesta por propuestas más especiales o diferentes sería casi una utopía. La situación actual del mercado del manga en España dista mucho de la de antaño. A día de hoy cualquiera puede encontrar en librerías un amplio abanico de géneros y títulos. Una oferta que año tras año no para de aumentar y, en parte, se lo debe a los scanlations.

Ojo, ni mucho menos quiero dar a entender que apoyo este tipo de consumo ilegal de contenido; pero soy incapaz de negar que se trata de una realidad muy difícil de extirpar y que, en muchas ocasiones, es el único recurso para erosionar las barreras geográficas entre países. Porque quizá el problema no esté solamente en el consumidor. Quizá se encuentre en la misma cúpula de la industria y sus problemas a la hora de divulgar y hacer del cómic japonés un producto más global y más fácil de consumir. El precio del manga es otro de los elementos de esta complicada ecuación. Aspectos como la adquisición de los derechos de la licencia, traducción, rotulación, corrección o edición encarecen el precio de venta de un producto que de media cuesta entre ocho y diez euros en España. Un precio medio algo elevado respecto a otros países de Occidente y que no todo el mundo está dispuesto a asumir teniendo en cuenta la enorme oferta actual.

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Nuestro deber como consumidores

El consumo de scanlations es uno muy personal que plantea un dilema ético y moral. Su consumo se ha extendido tanto que ha llegado a normalizarse. No seré yo quien diga que nunca he acudido a uno de estos medios a leer un capítulo de alguna serie o en qué debe gastarse el dinero cada uno. Pero sí pido coherencia en nuestros actos, que poco a poco se debe construir una conciencia colectiva de apoyo y consumo legal. Es perfecto descubrir nuevas obras y pedir que lleguen de forma oficial a nuestro país. Pero el apoyo debe realizarse a posteriori, materializarse. Si puedes permitirte pagar el trabajo de alguien a quien admiras, hazlo. En esta ocasión ha sido Kohske quien ha expresado su malestar ante la situación, pero es algo que sufren muchísimos autores y durante mucho tiempo. Un sufrimiento que en la mayoría de ocasiones se padece en silencio. Jamás hay que olvidar que esas historias que tanto disfrutamos no se originan solas, que detrás de ellas hay personas como tú o como yo que necesitan que su trabajo sea recompensado.

Edu Allepuz  

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Intento de muchas cosas y una de las piezas que hacen funcionar la sección manganime. Ávido lector de manga, enamorado de la tinta y de la tragedia de Sui Ishida. Firme defensor de la industria como arte y la abolición de estúpidas etiquetas.

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