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67 SSIFF: EL FARO

LOS ANTECEDENTES

Robert Eggers regresa con su segundo largometraje tras su debut en 2015 con La Bruja, aclamada cinta de terror que le valió entre otros reconocimientos el premio a mejor dirección en el festival de cine de Sundance. Casi cuatro años más tarde y después de recibir el galardón a la Quincena de Realizadores en Cannes, El faro le confirma como uno de los directores de género a tener en cuenta en el panorama actual. Esta semana la película llegaba al 67 Festival de Cine de San Sebastián.

LA PELÍCULA

Cuando las luces se apagan, nos adentramos en la niebla para descubrir la que posiblemente sea una de las más originales películas de género de estos últimos años. Un pequeño faro en medio del océano y dos titanes como Willem Dafoe y Robert Pattinson son suficiente para capitanear este paradójico ascenso (que no descenso) a los infiernos. Todo está lleno de sombras y nada es lo que parece.

Un faro suele ser ese lugar al que recurrir en medio del océano para encontrar una referencia, una guía, un rumbo. Este mismo faro para la historia es, a su vez, el lugar en el que perderse irremediablemente y sin rumbo. Ahí dónde debería haber luz solo hay oscuridad. De la misma manera que este icono se corrompe, todo en la película adquiere una ambigüedad muy sugerente a través del simbolismo, a ratos claramente legible y a otros apabullante. La elegante y minimalista fotografía nos sumerge de lleno en un expresionista juego de luces y sombras que sabe perfectamente de qué va la cosa.

Confinados en un aspect ratio reducido, el duelo interpretativo que tiene lugar entre Dafoe y Pattinson establece el motor y centro indiscutible del film: teatral, salvaje y visceral (en el mejor de los sentidos). La relación de poder que se asienta desde el comienzo del metraje va fluctuando de una manera misteriosa e impredecible generando un magnetismo inusual. Toda la película son ellos y hay algo completamente hipnótico y perturbador en el roce entre los protagonistas. Los personajes se encuentran en la soledad y es ahí donde surge el conflicto, el enfrentamiento y el profundo deseo que se atisba entre la roña. Existe una incógnita muy potente hasta en el más tímido roce o gesto. Los elementos están tan medidos que cada suspiro cuenta. Y de esta misma manera, lo escatológico y fálico que rodea a los personajes es solo una advertencia de lo inminente: todo se pudre.

Desde su impecable propuesta de fotografía hasta su apuesta por una banda sonora estruendosa que tontea constantemente con lo diegético, El faro consigue con muy pocos elementos llegar a buen puerto.

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ELLOS

Es una apuesta brutalmente física: dos horas de gritos, golpes, malas miradas, abrazos, llantos y puñetazos. Robert Pattinson está (sin ninguna duda) a la altura de Willem Dafoe y estamos ante dos de las interpretaciones del año: nos lo dan todo.

LA SORPRESA

No hay giros evidentes, no hay trampas estúpidas para el espectador ni juegos narrativos vagos con sorpresas finales. La película funciona para sí de manera impredecible y libre.

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LA SECUENCIA/EL MOMENTO

No sería una sorpresa que las escenas de Robert Pattinson con la gaviota pasaran a formar parte del imaginario popular en lo que queda de año.

TE GUSTARÁ SI…

Disfrutas del cine de género menos habitual y te dejas engatusar por aquello que esconden los personajes y el faro.

LO MEJOR

  • Dafoe vs. Pattinson, dos interpretaciones titánicas.
  • El potente empaque visual: su construcción de imágenes y símbolos.
  • Está llena de sorpresas y de una atmósfera muy disfrutable en la que perderse con los protagonistas.

 LO PEOR

  • Quedarse con ganas de más y buscar respuestas, al igual que en La Bruja, en su misterio yace su encanto.

Juan Luis Martínez

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Espectador curioso y soñador inquieto. Narrador licenciado en Comunicación Audiovisual. Cuando vio por primera vez "Amèlie" tenía 12 años y se pasó un interminable verano tirando piedras al río tarareando, ahora está en una etapa más "Frances Ha" con un poquito más de costumbrismo.