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Better Call Saul El palomitronEsta semana ha finalizado la cuarta temporada de Better Call Saul (BCS) y ya nos sentimos un poco huérfanos de su particular universo. Desde que empezó a emitirse, la pregunta habitual cuando hablábamos de esta serie era si se podía seguir sin haber visto Breaking Bad (BB) previamente. Nuestra respuesta siempre había sido que sí, pero avisábamos que habría pequeños guiños que solo los fans de las aventuras de Walter White podrían captar.

Pues bien, una vez vista esta nueva temporada, vamos a cambiar la respuesta. Si no habéis visto BB, no vais a poder disfrutar BCS como se merece. La sucesión de referencias, personajes y homenajes a lugares emblemáticos de BB es apabullante en esta ocasión. El venerado creador y guionista Vince Gilligan no se olvida de seguir profundizando en la personalidad del bueno de Jim McGill, pero también abre la puerta de un final que se antoja cada vez más cercano.

Antes de empezar a lanzar spoilers, queremos entregar un mensaje claro: esta es la mejor temporada de BCS con diferencia. Si esta progresión continúa, estamos convencidos de que la próxima estará a la altura de la mismísima BB (y la fusión quedará completada).

La despedida de Chuck

Si había un punto de inflexión que ya podíamos intuir después del final de la tercera temporada, ese era el del posible destino de Chuck, hermano mayor de Jimmy. Sin sorpresas, en el primer capítulo de la temporada se confirmó que el enfrentamiento fratricida de las últimas temporadas había llegado a su fin. El personaje de Michael McKean queda por tanto fuera del elenco permanente y su presencia se limita a apariciones puntuales durante los flashbacks.

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Como era de esperar, este hecho marca inevitablemente la evolución de la serie y sirve como detonante para dar comienzo a la catarsis del protagonista. En nuestra opinión, esto es lo mejor que le podría haber sucedido a BCS. La historia de los hermanos estaba ya agotada y la presencia de Chuck solo servía para mantener agazapado a Saul Goodman en la confusa mente de Jimmy.

La despedida de Chuck también minimiza la conexión del protagonista con su primer trabajo (el bufete Hamlin, Hamlin & McGill o HHM). Consecuentemente, el papel de Howard, uno de los personajes más importantes de las anteriores temporadas, también se ve reducido. A pesar de que la historia justifica este cambio, no podemos evitar echar de menos al ambiguo abogado, perfectamente interpretado por Patrick Fabian.

El alejamiento de Kim

La abogada Kim Wexler, exasociada de HHM y pupila de Howard, se ve inexorablemente arrastrada por el vórtice del cambio que genera la despedida de Chuck. La buena química que siempre tuvo con Jimmy no se pierde, pero la divergencia moral entre ambos a medida que Saul muestra su cara comienza a dañar su idílica relación. Mención especial merece el último capítulo de la temporada, que, sin entrar en detalles, podríamos calificar como el desengaño final.

El trabajo que ha venido realizando Rhea Seehorn en la construcción del personaje es admirable. Sin darnos apenas cuenta, nuestro vínculo emocional con Kim se ha ido incrementando en los últimos años y ya nos resulta imposible pensar en BCS sin ella. Desgraciadamente, dado que no aparece en el universo BB, sabemos que su historia tiene fecha de caducidad, y Vince Gilligan ya ha empezado a recordárnoslo (ver el prólogo del capítulo 4×07).

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El universo Breaking Bad

La cuarta temporada ha prestado especial atención en conectar BCS con el universo BB. Es cierto que algunos lugares emblemáticos, como el salón de belleza-despacho de Saul o el celebérrimo restaurante Los pollos hermanos, ya fueron introducidos en temporadas anteriores, pero esta vez se han multiplicado las referencias. Más allá de lo material, la historia de los personajes (véanse Gus Fring o los Salamanca) acelera muy considerablemente y establece las bases de las luchas (a muerte) que ya habríamos visto en BB.

Desde el punto de vista técnico, solo queremos apuntar que la calidad de esta producción no es fruto de la casualidad. El jefe-de-todo Gilligan se ha cuidado mucho en disponer de los mismos directores de fotografía y editores de montaje (todos ellos de primerísima clase) que trabajaron con él en BB. Esto también explica la familiaridad del ambiente y la naturalidad con la que se produce la fusión entre lo nuevo de BCS y lo ya conocido de BB.

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Como punto negativo, se podría decir que el maquillaje no ha conseguido que los personajes interpretados por Giancarlo Esposito (Gus Fring) y Jonathan Banks (Mike Ehrmantraut) aparenten ser más jóvenes que en BB, pero su labor en BCS es magnífica. En el caso de Esposito, su personaje había desplegado semejante carisma en BB que el actor, acertadamente, ha optado por seguir las mismas pautas. En su caso, Banks ha seguido desarrollando la personalidad de Mike para dotarlo de mayor profundidad. El dilema moral al que se debe enfrentar esta temporada con el equipo de construcción del laboratorio subterráneo de la lavandería de Fring es buena muestra de ello.

Y para terminar… Bob Odenkirk, el showman

A estas alturas, ¿qué podemos decir del actor que da vida a Jimmy-Saul? El delicado trabajo de ingeniería inversa que está desarrollando sobre la personalidad del protagonista absoluto de BCS no tiene parangón. No solo ha conseguido hacernos partícipes de la evolución de su personaje, sino también transmitirnos su fragilidad y temor continuo en esos desgarradores flashforwards en blanco y negro que tanto nos cuesta digerir.

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El registro emocional de Bob Odenkirk no parece tener límites. Nuestras sensaciones sobre su creación han recorrido muchos caminos. Lo hemos amado, odiado, compadecido, repudiado, entendido, satanizado, glorificado o todo a la vez. Ahora que ha acabado la temporada, no podemos evitar sentir pena por él, pero también entendemos que, al igual que en la fábula del escorpión y la rana, la salida a la palestra de Saul Goodman no ha sido elección de Jimmy, sino su propia naturaleza.

Pedro Figueiras

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