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CRÍTICA: OLVIDO Y LEÓN

ANTECEDENTES

Adscrito a la corriente del cine periférico gallego (o Novo Cinema Galego), Xavier Bermúdez ha desarrollado una carrera silenciosa, pero sugerente y rica en intenciones y resultados, aunque es una la película la que ha despertado el amor de la cinefilia. Es imposible no recordar con nostalgia un año tan extraordinario como 2004 para el cine español, y enmarcado en este momento mítico, nace León y Olvido, una entrañable a la par que incómoda película sobre la compleja relación entre dos hermanos mellizos, uno de ellos síndrome de down. La película cosechó el favor de crítica y público, y recibió numerosos galardones en diferentes festivales, destacando sus glorias en Málaga y Karlovy Vary. 15 años después, Bermúdez recupera la historia de estos dos hermanos en Olvido y León, para intentar entenderlos, una vez más, en esta relación de amor y dependencia, una relación tan tóxica como necesaria. La película fue proyectada en el pasado Festival de Ourense, y su protagonista, Guillem Jiménez, nos dijo adiós hace apenas dos semanas, convirtiéndose esta historia en recuerdo y homenaje a su vida y talento.

LA PELÍCULA

Es recurrente acudir a la expresión de que las secuelas no suelen funcionar, y aunque enmarcada en lo estereotípico, lo cierto es que esta sentencia pocas veces difiere de la realidad. Olvido y León no se escapa a este devenir, y la que fue historia emotiva y entrañable hace más de 15 años, se acaba convirtiendo en un vehículo que va a marchas forzadas. Volvemos a las frustraciones de Olvido, una mujer emocionalmente quebrada, a la cual la vida no le ha facilitado el camino, entre otras razones, por estar al cuidado de su hermano León, figura tan dañina como necesaria para su estabilización emocional. Así es, León representa ese lastre para poder volar y avanzar, pero al mismo tiempo, la firmeza de su hermano le hace mantenerse nítida, con los pies en la tierra y segura de sí misma. Están destinados a estar el uno para el otro. Su relación conflictiva ya encontraba cauces de complejidad social y emocional, y aquí quiere retomarlos de una manera mucho más sosegada. Aquella que te ofrece el paso de los años.

Así es, el planteamiento audiovisual de esta propuesta descansa en un montaje más pausado, y en un encuadre mucho más dilatado, para dejar respirar a esos personajes, que ya heridos, ahora encuentran cierta calma en sus vidas, aunque las barreras del tiempo se impongan una y otra vez a la necesaria tarea de volar y sentirse libre. En esa dinámica renace este cuento, que inevitablemente no encuentra los recursos narrativos, ni argumentales para justificar esta nueva aventura. Por ende, la historia, en sus construcciones personales, y en una molesta gama de definiciones sociales, recurrentes y determinantes del momento social que vivimos, se antoja realmente artificiosa, y ocupada de momentos tan forzados como innecesarios en el discurrir de la propuesta. Tampoco ayuda la falta de hondura en la mirada cinematográfica, o un montaje tan poco preciso como finalmente errático en su conjunción del tiempo y el espacio, y en ese uso oportunista de la metáfora social.

Por suerte para Bermúdez, y para el valor de su propuesta, hay algo que se mantiene intacto. Y es el brillo de esa relación, la sensibilidad y la química entre estos dos hermanos, que emerge una vez más. Sin duda, su valor y el valor de la propuesta bebe del esfuerzo de Guillem Jiménez, y de una Marta Larralde soberbia, que humana en sus construcciones, viene a reivindicarse, una vez más, como una de las mejores actrices de su generación, a la par que una de las más infravaloradas. Ella da entidad, por encima de un plantel de secundarios errático, a una historia que lejos queda de la naturalidad, la inteligencia y la emoción que desprendía su predecesora.

ELLOS Y ELLAS

Es de admirar el enorme esfuerzo, una vez más, de Guillem Jiménez, y el notable trabajo de Marta Larralde, valores supremos de un film ciertamente acompañado de un plantel de secundarios bastante desatinados.

LA SORPRESA

Admirar como esa relación y esa intimidad emocional entre los dos hermanos se mantiene intacta, tantos años después.

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

Sin duda, la emoción contenida en la mirada de Marta Larralde, que entre la satisfacción y el dolor da sentido a su vida, al compás de la interpretación de la canción de Chicho Sánchez Ferlosio, Tú, cuya mano me ha bañado.

TE GUSTARÁ SI…

Si te enamoraste de la historia de León y Olvido, y quieres volver a ella, más de 15 años después.

LO MEJOR

  • El notable ejercicio interpretativo de Marta Larralde.
  • La inspiradora intimidad de los dos hermanos.

LO PEOR

  • Es una película construida a base de momentos impostados.
  • El pobre ejercicio cinematográfico.

Alberto Tovar

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