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El Palomitrón

LOS ANTECEDENTES

Etiquetado hace años ya por la crítica especializada como el hombre a seguir, el director alemán de ascendencia turca, Fatih Akin, volvía, y con un presupuesto mayor al que nos tenía acostumbrados. Diane Kruger mediante, la película se estrenó en Cannes a bombo y platillo, donde la actriz más políglota del planeta cine se hizo con el premio a la mejor intérprete y la película sonó con fuerza para la Palma de Oro. Por si fuera poco, la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood le dio en enero un empujón con su Globo de Oro a mejor película de habla no inglesa, pero la Academia, tan poco amiga de los amigos, la obvió y ni siquiera ha entrado en la terna de las nominadas. Curso engalanado o no, Akin prometía con En la sombra volver por los fueros de su aclamada Contra la pared.

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LA PELÍCULA

La elipsis, esa argucia de los trovadores para loar al héroe que Kubrick reinventó mil veces, es la principal aliada de Akin para la composición de su proyecto más ambicioso hasta el momento. En tres actos tan meridianamente separados que rehúsan lo tarkovskiano para entrar en el terreno de lo infantiloide, el director se las arregla para contarnos la historia de Katja, una mujer a la que una bomba le ha arrebatado a su familia. Perdonen los palabros, el guion es bueno. En pasivo, pasiva. La omisión de hechos de la que se sirve En la sombra roza por momentos la genialidad, pero brilla por su ausencia en lo melodramático. Así, el segundo acto, el judicial, bien nos recuerda a la maravillosa A War (Una guerra) y eleva la cinta en su conjunto. La heterodoxia de los móviles, exigida por moderna y modernista, casi por mero pulso de lo trendy de Akin que vemos en el último segmento, tira por la borda buena parte de la construcción. No toda, porque los cimientos del filme son muy dignos.

ELLOS Y ELLAS

Hablábamos, pues, de A War por aquello de los tres actos con juicio incluido. En la cinta de Tobias Lindholm era un hombre, soldado para más inri, el que cargaba con todo el peso de la película. Aquí, En la sombra es un drama sin concesiones para el suspiro en el que Diane Kruger se hace con cada plano. Consciente de ello, Akin no la deja compartir casi planos con el resto del reparto. Consciente de ello, Kruger imprime alma y dolor, mucho dolor, a su personaje. En la sombra es ella, y ella es En la sombra. Todo lo bueno que rodea a esta película sobre juicios y prejuicios pasa por ella. De hecho, uno se puede llegar a preguntar cómo y por qué la película no es un monólogo a oscuras en un clínic actoral. Ya puestos.

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LA SORPRESA

Confesó Fatih Akin aquí (perdonen, otra vez) y en Cannes que se pensó mil veces la secuencia final. Sin desvelarles nada, el personaje de Diane Kruger se enfrenta a la eterna diatriba entre el perdón y la venganza, entre el olvido y la redención. Vayan a ver qué decide, pero el titubeo del director y el personaje, por tenso, se demuestra como un ejercicio de saber jugar y dar juego.

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

Katja, enterada ya del núcleo trágico que mueve la película, llora desconsolada, rota del dolor por las pérdidas. Diane Kruger lo entrega todo en una de esas escenas en las que uno sabe que el director ha tenido que cortar como un cirujano, por lo complicado que puede ser llegar y, sobre todo, irse de ese lugar tan traumático al que llega la alemana.

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TE GUSTARÁ SI…

Si entiendes que el cine de autor no tiene por qué estar peleado con la tensión, la acción y lo “masticado”.

LO MEJOR

  • La interpretación rasgada de Diane Kruger.
  • Cuando el director se olvida de sus marcas de agua e intenta poner la cámara donde la escena lo requiere, sin aberraciones.
  • Moverse con soltura por un tema tan peliagudo como el nazismo en Alemania.

LO PEOR

  • Cuando Akin se envenena de sí mismo e intenta construir un thriller acelerado.
  • La reflexión moral, por maniquea, queda en impostura.

Matías G. Rebolledo

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