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DOLOR Y GLORIA

Banderas Crítica Dolor y gloria - El Palomitrón

LOS ANTECEDENTES

Pedro Almodóvar en 1987 estrenó La ley del deseo, protagonizada por Eusebio Poncela que encarnaba a un director de cine en pleno éxito que se enfrenta a una de las pasiones más profundas y/o dolorosas: el amor. Almodóvar relataba una relación tormentosa entre un director de cine en la etapa de juventud y una especie de admirador obsesionado con su figura, Antonio Banderas. 32 años después, en Dolor y gloria, Antonio Banderas es quién interpreta a un director de cine. Un cineasta que no pasa por un buen momento. Una crisis creativa y heridas amorosas sin cicatrizar.

LA PELÍCULA

En la primera escena de Dolor y gloria observamos un cuerpo (el de Antonio Banderas), inmóvil, en el fondo de una piscina. La cámara recorre una cicatriz de su cuerpo adelantando lo que va a ocurrir en el filme: se van a destapar sus peores momentos. A través del reencuentro con una vieja amiga (Cecilia Roth) y gracias a la proyección de una película suya en la Filmoteca Española, el director Salvador Mallo (Antonio Banderas) se deberá enfrentar a su pasado para seguir adelante. Así aparecen o recuerda a diferentes personas que pasaron por su vida y dejaron una huella.

El primero de ellos es Alberto Crespo (Asier Etxeandia). Un actor con el que hizo una película al que lleva 32 años sin ver. El reencuentro con esta persona le beneficia para apaciguar todos los dolores que sufre, internos y mentales. Es destacable la escena donde asistimos, a través de dibujos de Juan Gatti, a una distinción entre el dolor provocado por enfermedad y los dolores surgidos por el alma. Dolor y gloria se centra en los dolores del alma. Habla de una vida hecha pedazos que debe ir recomponiendo para volver a alcanzar de nuevo la gloria, personal y artística. Asistimos a una radiografía de su vida marcada por fases. Desde el primer deseo a las últimas confesiones entre una madre o un hijo.

En Dolor y gloria hay lugares comunes del cine de Almodóvar. El uso de colores intensos como el rojo, que simboliza valentía y pasión. El humor en algunos planos dramáticos. El monólogo teatral como catalizador de las emociones de algunos personajes. Y un gran amor por el séptimo arte.

Almodóvar juega con los espacios temporales a su antojo, enseña lo justo y necesario para forjar la personalidad del protagonista. Desgrana uno a uno todos los males que ha vivido, que le han producido dolor, y con una genialidad reivindicable transforma todo el dolor que ha vivido el protagonista en gloria: ¿qué significa ello para Salvador Mallo? Rodar, rodar su vida. Volver a la gloria, al éxito.

Banderas Crítica Dolor y gloria - El Palomitrón

ELLOS Y ELLAS

Antonio Banderas es el alter ego perfecto de Pedro Almodóvar, el cual dejó de hacer casting en cuanto pensó en el actor malagueño. Ha sido una elección brillante.  Esas miradas tan profundas que lo dicen todo sin mediar palabra, esos andares, esa nostalgia expresada a través de su comportamiento. Es decir, Antonio Banderas ha reparado hasta en el más mínimo detalle, y eso se nota.

Todos los secundarios cumplen su función de forma magistral, todos ayudan a que vuelva el bienestar a la vida del protagonista. Julieta Serrano está magnífica en el papel de la madre del protagonista y tiene una capacidad innata para mezclar el humor y el drama de su personaje. Penélope Cruz, que interpreta a la madre de joven, vuelve a interpretar el rol de matriarca y lo borda. Remarcable las escenas con el personaje de Salvador Mallo de pequeño (interpretado por Asier Flores).

Asier Etxeandia es el secundario de lujo. Con una caracterización muy propia de los años 80 (esa década que circula en todo momento en el ambiente del filme), heroinómano, fantasioso, cruel y bondadoso. Por otro lado, destacar el papel de Cecilia Roth (como impulsora del reencuentro entre los personajes de Salvador Mallo y Alberto Crespo), y, por supuesto, Nora Navas como ayudante y confidente del propio protagonista. Es muy interesante ver cómo adopta cierto rol de madre en el presente, cuando ya el director es huérfano. Leonardo Sbaraglia, por último, encarna al amor de su vida y está impecable.

LA SORPRESA

La escena del primer deseo en la etapa de la niñez. Interpretado por Asier Flores y César Vicente (el albañil al que enseña a escribir), son capaces de crear una secuencia llena de ternura, delicadeza y sentimiento a través de las miradas de los dos protagonistas. Sin duda, es de los mejores momentos de la película.

Banderas y Sbaraglia Crítica Dolor y gloria - El Palomitrón

LA SECUENCIA / EL MOMENTO

La historia de Salvador Mallo con un antiguo amor, Federico, interpretado por Leonardo Sbaraglia. Es admirable ver como en tan solo un par de escenas Almodóvar es capaz de cautivar al espectador ante esta historia tan bella y con un final tan cálido, dejando la sensación de querer saber más y más sobre los dos personajes.

TE GUSTARÁ SI…

Amas el cine de Pedro Almódovar.

LO MEJOR

  • La historia de amor entre el personaje de Antonio Banderas y Leonardo Sbaraglia.
  • Todos los momentos con Julieta Serrano.
  • Esa capacidad para unir toda la película y crear un círculo que cierra de una forma brillante, sorprendiendo al espectador una vez más.

LO PEOR

  • Que ciertas historias igual no estén muy desarrolladas, que no incompletas.
  • La aparición de Rosalía da la sensación de ser un reclamo publicitario y es poco necesaria.

Javier Valera

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