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Crítica de Steins;Gate 0 20

Steins;Gate, la original, jugaba con el drama de una forma cíclica. Cada intento era una nueva puñalada en la vida de Okabe. Cada intento era una nueva pérdida. El intento del ser humano de desafiar a Dios y caer ante la fuerza divina.

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Steins;Gate 0 es diferente en ese sentido. En ella el humano sabe cual es su posición y cual es la de Dios. ¿Que sentido tiene hacer frente a un ente que te supera en todos los sentidos posibles? No hay esfuerzo, no hay intento, solo la desesperación que acompaña al fracaso.

Cae y vuelve a caer

Ese sentimiento siempre ha estado de manifiesto en la obra. En el hecho de que Okabe jamás consiga lo que se plantea. Por muchas veces que lo intente, siempre fracasa, una y otra vez. La ciencia y la estadística se ponen en su contra, porque sí, tiene que existir una línea en la que Steins Gate se manifieste, pero las posibilidades son ínfimas.

El infierno que el hombre pasa a lo largo de la obra original es suficiente como para no poder culparlo de sus actos en Zero. Es un martirio cíclico, que casi se podría identificar con la historia de Dante. Así, se entiende que la nueva obra pase por un seguido de fases, que si bien tuercen la estructura narrativa de la obra en cierto sentido, no son más que las fases caóticas que vive un hombre enterrado en su propio derrumbe emocional. Superado por un mundo frío y cruel.

Este vigésimo capítulo lo ilustra a la perfección. Un Okabe derrotado, que lucha a contracorriente, contra Dios, contra el destino en si mismo. Pero cae una vez más. Pero, incluso así, esta vez es diferente.

Despierta y sufre, bienvenido al nuevo mundo

Cuando Okabe despierta en un lugar extraño es fácil percatarse de que ha habido un cambio. El hecho de que Reading Steiner no se manifieste nos indica que las líneas temporales siguen su curso, nada ha cambiado. Pero, a su vez, sabemos que nada es igual.

El avance es lento pero sutil. Un tempo marcado, notable, que mantiene el suspense y nos introduce en su misterio poco a poco. Lo vemos en el oscuro edificio, destartalado, abandonado. Pero lo notamos mucho más en el propio Okabe. Un hombre destrozado, claramente varios años más mayor y que apenas puede mantener el aliento.

Pero cuando sale al exterior y la luz anaranjada del lugar le ilumina, la escena está clara. No ha cambiado la línea temporal, el mundo ha seguido su curso. Y tal y como estaba planeado, la Tercera Guerra Mundial se encuentra en escena. Un nuevo infierno que vivir.

El teatro del futuro

En aspectos generales siento que este nuevo capítulo de Steins;Gate 0, aunque sigue el curso de sus precursores, se convierte en una suerte de obra de teatro. No llega a convertirse en algo contradictorio, pero sus personajes se sienten mucho más como actores. Quizás incluso menos reales.

Hay un nuevo trasfondo y estamos en el futuro, es normal que la ciencia ficción —algo que aparece con un crescendo en esta entrega— tome parte en el juego y lo haga, quizás, menos creíble. Pero desde un primer momento sabemos que esto no es más que una toma más, que Okabe abandonará el lugar antes de que el episodio finalice y volveremos a la Akihabara actual. Hay un esfuerzo, desde luego, pero ¿realmente era necesario llegar a este extremo para cambiar a Okabe?

Quiero decir, él ya estaba convencido y había partido para salvar a Mayuri y Suzuha. Estaba actuando en su propia contra, en detrimento de sus valores éticos y de lo que él considera el legado de Kurisu. Pero supongo que si tomamos las cosas como son, al final nos queda algo verosímil.

Es un giro interesante e inesperado, desde luego. El hecho de que la Time Leap Machine falle y Okabe se convierta en un guerrillero para luchar contra las fuerzas norteamericanas y rusas es toda una vuelta de tuerca. Su trasfondo tampoco es desmerecedor, desde el aspecto de todo el resto de integrantes —donde Rukako gana una importancia tan sobrenatural como necesaria para su personaje— hasta la derrota del propio protagonista y su posterior tortura a manos de Strattfor.

Es coherente y es funcional. Y todo apunta a que se convertirá en un punto de ancla para continuar con la obra y entrar en la fase final. No puedo quitarme de la menta la idea de que, en cierta manera, es un recurso algo forzado. Que podrían haberlo hecho mejor, haber extendido este mundo en ruinas y dedicarle un espacio más grande.

Pero las limitaciones existen y tenemos que ser conscientes de ellas. Con todo, la (re) aparición de Rukaku, Daru, Farys y Hiyajo suponen un contrapunto a la dicotomía Okabe/Okarin. Un golpe de realidad tan fuerte que apuesta por un cambio más en el punto de vista, tanto de la obra como de su protagonista. Posiblemente la liberación que necesitaba para alcanzar finalmente Steins Gate.

Óscar Martínez

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