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El drama es un género recurrente. Un género explotado. Y el anime no es un excepción. Todo depende de como se pinte, por supuesto, pero en el medio hay cierta tendencia a tratarlo de la misma forma. El niño repudiado, el último superviviente de un clan que busca venganza, quien busca un amor perdido…

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Steins;Gate no es diferente. No en exceso. Pero supo pintar el drama de una forma mucho más precisa. Porque hay un secreto para el dolor de la pérdida. El haber tenido. Y cuando te arrebatan de tus manos aquello a lo que más quieres, el cuadro se pinta solo. Bienvenidos a Steins;Gate 0, bienvenidos al Zero que la obra se merecía.

Frágil esperanza

El inicio del episodio 18 tiene mucho de este factor en su haber. Okabe reflexionando sobre como la línea del tiempo no ha cambiado, todo sigue su curso, Mayuri no ha muerto. Primer paso para pintar el drama, la esperanza.

Una sombra aparece en el pasillo, Leskinen. Es una escena curiosa porque el tono de voz del hombre —obviando los flashbkacs que nos sugerían, capítulos atrás, la naturaleza del doctor— suena grave; un distintivo malvado como recurso narrativo. Pero el acento sigue siendo el mismo, una declinación inglesa que destaca sobre el japonés y da forma a un momento que se mueve entre la comedia, el misterio y el primer paso hacia el abismo.

Su revelación no cae a plomo. Ya estábamos alerta. Pero dice mucho del guion de Zero. Recuerda al juego de B: the Beginning, pero en este caso su argumento no tiene miedo alguno a señalar quien es el antagonista principal. Lo humaniza, le hace interactuar con el resto, incluso a sabiendas de que nosotros, como espectadores, no podemos advertirles del peligro. Segundo paso hacia el abismo. Solo nos permite esperar a ver como el siguiente movimiento provoca la caída.

Caída en picado

Pero en realidad, ese paso ya se ha dado. La caída se producía en el mismo inicio de la obra. En el momento en que Okabe decidía no salvar a Kurisu y tomaba su muerte como legado y salvaguardia de la línea temporal actual. Lo que hemos visto hasta el momento no era más que un estudio de personajes intentando recomponerse en el aire, esperando que el golpe, al llegar al final, no fuese tan duro.

Pero lo es. Incluso mucho peor de lo esperado.

Porque Steins;Gate 0 sabe como jugar con el realismo épico. No solo en el contexto de ciencia ficción en el que se desenvuelve, sino en como lleva a sus actores y actrices al límite de sus posibilidades y los arroja a la más pura desesperación. Porque eso es lo único que se lee, entre líneas, en este episodio.

La paradoja temporal se apropia del momento. Kagari pierde la cabeza al ver su madre, la del pasado, herida y, pese a que Steins;Gate suele rehuir de la acción White Fox demuestra lo aprendido de obras como Tears to Tiara o Akame Ga Kill! para provocar una masacre. Es un combate sucio, donde incluso la cámara parece tener problemas para mantener estable, un seguimiento mental y emocional del estado de la chica. Una demostración de hasta que niveles alcanza la insanidad de sus personajes.

Pero el juego no se limita a ello. Porque su guion se mueve con rapidez y fiereza. La revelación de Leskinen, la paradoja temporal que forma al recibir un mensaje de su yo del futuro, a través del cual allana el camino para que su deseo pueda cumplirse. Altera la línea temporal sin necesidad de intervenir en el espacio tiempo sino haciendo uso de la ciencia y la paciencia, colocando las piezas en el momento necesario y el sitio específico. En apenas dos minutos, Leskinen desmonta todo lo que Zero había conseguido. Destroza a la obra y a sus personajes. El legado de Kurisu, la creación de Amadeus, la pureza de Kagari o las motivaciones de Hiyajo. Todo es reducido a cenizas.

Y, de nuevo, el golpe resuena a lo largo y ancho de su extensión.

(Des)esperanza 

No es suficiente. Y su guion lo sabe. Kagari es asesinada a sangre fría, remarcando lo futil que resulta su existencia, de huérfana a peón de Leskinen. Ahora es Suzuha quien pierde la cabeza pero el giro argumental azota la serie de nuevo y todo se despliega a la vez.

América y Rusia ponen su plan en marcha y las fuerzas especiales de cada país activan sus operaciones —el preludio a la Tercera Guerra Mundial. Y Zero recurre a su mejor baza. El piano ocupa la escena y Mayuri brilla, govierna y guía por unos minutos. Las palabras no son suficientes pero incluso en ese infierno de balas su idea es clara.

«Yo protegeré aquello que tu no pudiste lograr, solo confía en mí y espérame»

Es una promesa implícita. No se escucha, no se piensa, pero reside en esos segundos. Y cuando la chica le grita a Okabe que da comienzo la ‘Operation Arclight‘ todas las líneas de la obra se conectan. La metáfora de Altair y Vega, la fábula oriental de Orihime y Hikoboshi. Pero hay algo más, la excentricidad de Hououin Kyouma, la faceta de Okabe pérdida en su dicotomia con la fuerza de la depresión. Una escena que se enmarca como la más intensa de la obra hasta el momento.

Hasta que desaparece. Se rompe en mil pedazos y demuestra de nuevo cual es el secreto para pintar el drama. Pintar primero la esperanza para luego borrarla de un plumazo.

White Fox demuestra maestría al jugar con los tempos, los cambios de cámara, al hacernos pensar que lo conseguirán, que escaparán a otra línea temporal a tiempo. Pero no. Y mueren. Es un golpe emocional tan duro que lleva a sus personajes al borde la locura. Solo queda una solución. Volver a repetir aquello que les llevó hasta este punto. Pero incluso así, su guion se permite una última puñalada, un mensaje post-mortem de la chica, una declaración de amor acompañada de algo aún peor.

«Steins;Gate debe ser algo que encontremos todos juntos»

Óscar Martínez

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4 Comentarios

    • (eso es lo que pasa cuando escribes de madrugada y no distingues las teclas, merci!)

      Muchas gracias por el comentario, no imaginas lo mucho que anima para continuar!

  1. Excelente, buen review. Me sentì identificado, percibí cosas parecidas al ver el episodio. Esa escena de Kagari perdiendo el control, pff, pulcra. Espero mucho de este arco, al principio lo veía un poco perdido, pero va tomando forma.

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