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Steins;Gate marcó un hito en la historia de la animación —sin desmerecer a su obra original, claro. Sin embargo, Steins;Gate 0 parece estar moviéndose de forma torpe, como si no encontrase su camino.

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Quizás se deba a que, equívocamente, la historia de 0 nos lleva a pensar en que Okabe logrará aquello que da razón de origen a la obra: salvar a Kurisu. Pero el caso es que la serie ha abierto frente tras frente sin aportar continuidad a ninguno de ellos. Algo que se siente especialmente con la despedida del capítulo anterior. ¿Hacia donde se dirige?

Pasado y futuro

La introducción del mismo responde a esa pregunta de forma clara y concisa. Porque las protagonistas son Mayuri y Kagari. Madre e hija en lo que entendemos que se trata del futuro.

Es una escena contemplativa, lenta y que no pretende revelar, sino establecer el hilo conductor del que —sin sorpresa alguna— iremos tirando a lo largo del episodio. Una escena bonita, que se compone de una paleta de colores intensa y una sencilla narrativa que nos dice algo. Que hay algo más allá de los tintes sombríos de Steins;Gate 0.

Unos tintes que, en realidad, se encuentran ya fuera de pantalla. Porque Okabe sigue vistiendo de negro, sí, pero el luto no se siente igual. No hay drama, no hay problemas. No existe esa aura de suspense generalizado que suele acompañar a la obra. Y, desde luego, tampoco lo encontraremos en este episodio. Uno que sirve de descanso, como transición. Pero que tiene cierta carga emocional.

Conectados 

Si bien, sí que hay una pizca de drama. Porque el momento en que Mayuri enseña a Kagari la canción mientras caminan de vuelta a casa es entrañable y ciertamente tierno. Y aunque no hay sorpresa alguna al ver como la canción aparece de nuevo en el presente y la chica vuelve a quedar fuera de juego, si sirve para desvelar un detalle interesante.

El que Kagari disparase a Suzuha diez años atrás —en esa impactante escena que no llegamos a ver completa— solo para salvar la línea temporal en la que se encontraba. Para evitar que la línea del tiempo se moviese a una en la que no llegase a conocer a Mayuri, a su madre. Algo que, además, ocurría poco después de la muerte de la misma.

Algo que nos indica lo mucho que Mayuri significa para Kagari. Algo tan importante como para hacer que una niña de diez años sea capaz de disparar un arma de fuego. Una conexión que seguramente tendrá mucho juego en el futuro cercano.

La canción del recuerdo

Así el capítulo entero juega en relación a la canción, a la conexión entre las piezas que forman el tablero de Steins;Gate 0. Porque es esa canción la que podría suponer una conexión real con la chica y su pasado.

Así, en un tono varias veces cómico —como el que encuentren a Suzuha en un concurso de ver quien puede comer más—, ideado para aliviar tensiones, empieza un juego por descubrir quien es el origen de la canción. Porque se entiende que Kagari la aprende de Mayuri, quien hace lo propio de Suzuha que, a su vez, la aprendió de la ya difunta (en el futuro) Yuki, su madre.

Así, y obviando la paradoja temporal que supondría el hecho de que la canción llegase de manos de la Yuki del futuro, Okabe y compañía acaban dando con la madre del mismo —en otro intento cómico del capítulo— para revelar que es el propio protagonista el origen de la canción.

Sin embargo, el mencionado origen es mucho más complicado de lo que parece. Porque a través de un flashback, algo forzado valga decir, de Kagari podemos ver como es la chica quien se la enseña a un joven Okabe antes de ser atrapada por unos misteriosos perseguidores.

Reencuentro

Así Steins;Gate 0 traza una curva, un leve giro argumental que si bien parece tener poco peso sobre su argumento, escenifica un capítulo pausado que permite respirar a la obra y, cuanto menos, nos ofrece un par de momentos tiernos que conservar.

Sin embargo, lejos de querer cerrar con ello, la obra da un paso más y lo resume todo en una sola palabra: «Mamá».

El reencuentro entre Kagari y Mayuri promete convertirse en la llave que nos adentre en la verdadera historia de Steins;Gate 0 y, posiblemente, la resolución de Okabe para superar sus mayores miedos.

Con todo, es inevitable pensar que nos encontramos ante un capítulo vago. Memorable, quizás, y con algunos guiños bonitos, especialmente el cierre en forma de flashback que hace las veces de cliffhanger para su guión. Pero uno que no consigue saciar las expectativas. Tendremos que esperar para saber que nuevos secretos se esconden en las sombras.

Óscar Martínez

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