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CRÍTICA: COSMÉTICA DEL ENEMIGO

LOS ANTECEDENTES

Desde que en 2011 estrenase Eva, película que le valió automáticamente el Goya a Mejor dirección novel, en la última década Kike Maíllo solo ha estrenado otro largometraje: Toro, presentado en el 19 Festival de cine Español de Málaga. Dos películas apenas en una década dedicada en buena parte al mundo del corto y el mediometraje, a la publicidad y a su productora Sábado películas, desde la que se han alumbrado prodigios del cine independiente español como el díptico Barcelona, noche de verano y Barcelona, noche de invierno o éxitos rotundos del cine como La Llamada, dirigida por Javier Ambrossi Javier Calvo y convertida por el público en la comedia del año del cine español en 2017. Pero solo dos películas dirigidas por él. Por eso, Cosmética del enemigo, presentada en el pasado Festival de Sitges, es muy esperada por la audiencia española. Por ser el tercer largometraje de uno de los realizadores más talentosos de su generación y porque adapta el bestseller homónimo de la reconocidísima escritora belga Amélie Nothomb.

LA PELÍCULA

Publicar una novela al año no está al alcance de cualquiera y vender 150.000 ejemplares en su primera semana (agotando la primera edición), tampoco. Y este es el caso de Cosmética del enemigo, la novela corta de Amélie Nothomb (la escritora acostumbra a escribir tres novelas cortas todos los años, de las que solo publica una) que sirvió como puerta de entrada a su prolífica obra para muchos jóvenes lectores, si bien desde que irrumpiera en el mundo editorial con Higiene del asesino, ya en 1992, la escritora goza de un sólido prestigio.

Adaptar la novela y convertirla en una película no ha debido ser una empresa fácil, y los lectores encontrarán en la película de Kike Maíllo variaciones notables respecto a su narrativa, sus personajes o directamente la liberación de algunas ideas y reflexiones respecto al texto que se toma la película, en aras de servir un relato muy accesible para el gran público, pero no por ello desprovisto de muchos y muy disfrutables aciertos.

Para empezar Cosmética del enemigo, que se estrena directamente en Filmin el próximo viernes 29 de enero, es un thriller psicológico que juega con inteligencia con el espectador (hoy en día esto de entrada ya es muy valorable) invitándole a asistir a una absorbente partida entre Jeremiasz Angust, un arquitecto de éxito, y Texel Textor, una misteriosa joven que se las apaña para poner patas arriba el rutinario viaje de regreso del arquitecto. Ambos coincidirán una y otra vez y ambos establecerán una relación confesional, sincera y desnuda, que desenterrará recuerdos, emociones y pulsiones en un diálogo corrosivo dotado de oscuros recovecos, evocaciones y pistas. La culpa, la envidia, la falta de afecto, el egoísmo, el narcisismo, la posesión sexual… los motores de la acción son todo un abanico de oscuras facetas que viven en nuestro interior y luchan constantemente por liberarse de su represión mientras luchamos por integrarnos con nuestra mejor cara en nuestra sociedad y frenar nuestros deseos más oscuros con la razón. Un paseo por la historia de la filosofía, desde Aristóteles hasta Freud con ecos de Descartes, Hegel y Spinoza. Y una máxima de Antoine de Saint-Exupéry imprescindible para entenderlo todo: “La perfección se consigue, no cuando no haya más que añadir, sino cuando no hay nada más por quitar”.

Pero la gran baza de Cosmética del enemigo reside en la fabulosa dirección de Kike Maíllo, que en apenas 88 minutos arma un ágil relato que discurre en gran parte en una fría terminal de aeropuerto, en el que los espacios modelan también en cierta manera la narrativa, cincelados con la potente fotografía de Rita Noriega, responsable también de la cinematografía de Orígenes secretos o la reciente El incoveniente. Porque si bien el juego que propone el realizador no es ni mucho menos nuevo, sí resulta tremendamente entretenido y cautivador gracias al tempo con el que Kike Maíllo hace avanzar la trama y todos los detalles que enfila hacia un punto de fuga que solo comienza a asomar en los últimos momentos de la película, en los que la destreza de Kike Maíllo se encarga de coronar la película apuntalando con presteza todo el relato y dejando un gratificante sabor de boca al espectador.

Todo en apenas 88 minutos, un metraje muy ajustado que se revela como un formidable aliado para que todo funcione a las mil maravillas.

Cosmética del enemigo

ELLOS Y ELLAS

Como no podía ser de otra manera, Tomasz Kot y Athena Strates son las grandes vigas maestras de la función. Su trabajo y su composición de los personajes resulta esencial, tanto en el antagonismo de sus personalidades como en los momentos en los que una extraña (e insana) química les envuelve sumando puntos a la atmósfera que necesita el largometraje. Junto a ellos, Marta Nieto en un discreto rol que suma enteros a su proyección internacional, avalada por el León de Oro que ganó en Venecia en 2019 por su interpretación en Madre.

LA SORPRESA

Lo bien que funciona la película, pese a las licencias narrativas respecto a la obra que adapta.

LA SECUENCIA / EL MOMENTO 

Todo su acto final resulta bastante portentoso, con la difícil tarea de no flaquear resuelta con muy buena nota.

TE GUSTARÁ SI… 

Te gusta el cine que vive lejos de la factorización tan habitual en estos tiempos y en particular los thrillers psicológicos en los que nada es lo que parece.

LO MEJOR

  • La dirección de Kike Maíllo y su puesta en escena.
  • El control de los tiempos del relato.
  • La película mantiene el tipo hasta el final

LO PEOR

  • Habrá lectores de Amélie Nothomb que acusarán los cambios

Alfonso Caro

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Alfonso Caro Sánchez (Mánager) Enamorado del cine y de la comunicación. Devorador de cine y firme defensor de este como vehículo de transmisión cultural, paraíso para la introspección e instrumento inmejorable para evadirse de la realidad. Poniendo un poco de orden en este tinglado.