El Palomitrón

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CINE CRÍTICAS REDACTORES

A LA VUELTA DE LA ESQUINA

Pareja crítica A la vuelta de la esquina - El Palomitrón

LOS ANTECEDENTES

Nos llega desde Alemania la nueva obra del director Thomas Stuber, que ya contaba con dos largometrajes a sus espaldas: Angustia adolescente y Herbert. En esta ocasión, nos relata una historia sencilla, que pretende profundizar en las relaciones humanas que se forjan dentro de las empresas, en cómo el trabajo acaba definiendo al individuo y cómo acaba convirtiéndose en el mayor apoyo vital que guía su día a día.

La protagoniza Franz Rogowski, en la piel de Christian Gruvert, el chico nuevo que se incorpora a la plantilla para reponer el stock de la tienda. Pudimos ver a este actor en Victoria, (junto con Laia Costa) y En Tránsito, del 2018. Le acompañará Bruno (Peter Kurth), con quien compartirá una amistad, a priori, secundaria, que terminará transformándose en algo muy especial para él. En este caso, Peter Kurth ya trabajó con el director en Herbert. Por último, también podremos ver a Sandra Hüller como el interés romántico de Christian, que nos sonará por su papel principal en Toni Erdmann del 2016.

LA PELÍCULA

A la vuelta de la esquina trata de un joven aprendiz de carretillero que entra como novato en los almacenes de un supermercado. Es un hombre reservado y de pocas palabras que, sin embargo, se va ganando el cariño y respeto de sus compañeros de profesión. Poco a poco esa relación laboral se irá convirtiendo en algo más íntimo y esencial de lo que, en un primer momento, se hubiera podido imaginar. Al mismo tiempo, este nuevo trabajo, será una nueva oportunidad para olvidarse de un oscuro pasado que trata de dejar atrás.

La película ahonda en las crisis existenciales que surgen cuando lo laboral determina y limita la rutina diaria. Creándose así una monotonía que se extiende a los demás ámbitos de la vida, pero que, sin embargo, es importante para el protagonista para poder empezar de cero y redefinirse. Nos habla también de las amistades surgidas dentro del trabajo, donde la soledad de cada uno se acaba compartiendo grupalmente, solapándose y complementándose mutuamente, haciéndose más llevadera. Gracias a ello el protagonista descubrirá que puede cambiar su turbio pasado, llegando a sentirse útil y comprendido en un nuevo grupo social. Porque la amistad y el amor se pueden encontrar compartiendo una simple taza de café o enseñando a colocar cajas, y de ahí traspasar los muros de cualquier trastienda. La tediosa rutina seguirá gobernando su apática vida, pero también le dará una razón de ser. Sin eso, sabe que no es nada allí afuera, y que lo que le espera puede ser peor que amontonar productos en el almacén. Tan solo tiene que descifrar lo fantástico dentro de lo mundano. Porque un solo momento de duda puede resultar fatídico, y acaba siendo mejor no preguntarse demasiado, simplemente disfrutar de las pequeñas cosas con las que le pagan su tiempo.

En cuanto al ritmo, da la impresión de que la película no acaba de arrancar en ningún momento, ralentizándose la trama cada vez más. Siempre estás a la espera de ver qué es aquello que hay a la vuelta de la esquina, pero nunca llega. Esto es sencillamente porque la película no tiene intención de enseñarlo. El film se queda detenido en el reflejo de la cotidianidad, limitado a las paredes de un supermercado, mientras se aventura en desvelar de forma muy sutil las complejidades ocultas en las vidas de algunos de sus personajes. Y es ahí donde la película apuesta sus mejores cartas, en las relaciones entre ellos y en cómo aprenden unos de otros. Pero a pesar de focalizarse más en esa parte, no consigue profundizar ni desarrollar hábilmente ni la subtrama romántica ni la de amistad, quedándose un poco coja y sin despegar del todo en ese sentido. Tampoco ayudan sus 125 minutos de duración, los cuales acaban pesando en la butaca, empatizando cada vez más con el protagonista, pero en cuanto a la indiferencia que nos produce lo que nos están mostrando.

Peter Kurth crítica A la vuelta de la esquina - El Palomitrón

ELLOS Y ELLAS

Franz Rogowski dota a su personaje, Christian, de una calma y desgana muy adecuada para la personalidad que trata de transmitir. Durante 2 horas proyecta todo tipo de emociones sin apenas soltar más de dos frases seguidas en cada conversación que mantiene (o ni eso). Es capaz de crear a un protagonista atormentado, pasivo y desinteresado ante lo que le ocurre a su alrededor. Y, sin embargo, en los momentos más emotivos, consigue emitir la alegría o tristeza necesaria sin necesidad de palabras.

En cuanto a sus secundarios. Los más destacables son Bruno (Peter Kurth) y Marion (Sandra Hüller). El primero, acaba siendo el apoyo más importante de Christian, con quien se acabará sintiendo identificado y le enseñará todo lo necesario para que se desenvuelva en los aburridos pasillos del almacén en donde trabajan. Es un personaje muy entrañable con una capa de cinismo que, sin embargo, enmascara a una persona mucho más bondadosa de lo que pueden pensar de él en un primer momento. Marion, es una mujer agradable y divertida con un doloroso secreto que no quiere compartir con Christian, el cual es su vía de escape mientras están en el trabajo. Juntos compartirán una relación muy especial, que no evolucionará demasiado a causa de los problemas con los que debe cargar cada uno.

LA SORPRESA

Es interesante observar la manera en la que transmiten esa cotidianidad laboral que todos hemos sentido trabajando, reviviendo las mismas pautas una y otra vez, con compañeros que pasan de un segundo a un primer plano y sintiendo que siempre seremos el nuevo de la plantilla.

Pareja crítica A la vuelta de la esquina - El Palomitrón

LA SECUENCIA / EL MOMENTO

La escena final deja un poso agridulce, tan cargado de optimismo como de temor por las duras reflexiones que hacen replantearse sobre cómo cada uno se toma la vida, las ambiciones frustradas y la irremediable conformidad de un trabajo banal.

TE GUSTARÁ SI…

Te gustan dramas pausados sobre personajes rotos que tratan de recomponerse y volver a alzar una vida que llevaba estancada desde hace tiempo.

LO MEJOR

    • El mensaje que deja y cómo transmite esa sensación de monotonía laboral diaria
  • La química entre los trabajadores del supermercado

LO PEOR

    • Un ritmo muy monótono y pausado que se acaba haciendo demasiado cuesta arriba
  • Ni la historia ni los personajes tienen demasiado que ofrecer para las 2 horas de duración que tiene

Iván Rodríguez

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