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CRÍTICA: 1976

Historias para no contar

ANTECEDENTES

Manuela Martelli, actriz, destaca en la dirección con su ópera prima 1976 ejecutando una crónica sobre los años oscuros de la dictadura en Chile, en la ciudad de Santiago. La cinta ha sido seleccionada en el Festival de Cannes en la Sección Quincena de Realizadores y ha sido premiada en el BFI London Film Festival como Mejor ópera prima este año. 1976 está protagonizada por una excelente Aline Küppenheim, célebre actriz chilena de teatro y televisión, conocida por producciones como Machuca (2004) de Andrés Wood, en la que coincidió en reparto con Manuela Martelli, o la galardonada Una mujer fantástica (2017) de Sebastián Lelio. Aline también ha trabajado en la serie para HBO Prófugos, con Pablo Larraín, uno de los grandes directores del cine chileno que ya realizó su alegato respecto a la dictadura de Pinochet con su película No (2012).

LA PELÍCULA

1976 nos muestra la realidad de Carmen (Aline Küppenheim), una mujer que vive una vida acomodada durante el Chile de la dictadura. Su esposo es médico, tiene hijos y varios nietos y acude a su casa de la playa a pasar las vacaciones de invierno. Es entonces cuando el sacerdote de la familia y amigo de Carmen, le pide que en secreto ayude a un joven herido llamado Elías (Nicolás Sepúlveda). Sin hacer preguntas la protagonista acepta movida por un sentimiento humanitario. Elías resultará ser un detractor de la dictadura en busca y captura, que generará una situación que colocará a Carmen en una posición en la que tendrá que debatirse entre actuar guiada por su corazón, o hacer caso a la razón y mantenerse al margen.

Nuestra protagonista vive desconectada de la realidad, y la presencia de este chico en su hogar le obligará a quitarse la venda y a ponerse en contacto con el Chile más desfavorecido. Se armará de valor para proteger a Elías, poniendo en peligro su seguridad y la de toda su familia.

El punto de vista de la película no es desde el sufridor tal como estamos acostumbrados. La película huye del morbo y del escándalo, no hay golpes ni torturas. Acudimos a una historia de un personaje que intenta hacer como si no pasara nada, pero que inevitablemente los problemas acaban salpicándole. No hay héroes, sólo un análisis sobre las capaz de la sociedad chilena de la época, llena de gente que lucha por sobrevivir. Lo que siempre prima es el miedo. La información se va dando a cuenta gotas y es un ejemplo de una realidad que podría extrapolarse a cualquier otro país latinoamericano en régimen dictatorial.

El film es lento y tranquilo, pero no por ello menos peligroso. Durante toda la película se respira un ambiente de terror y tensión constantes, potenciado por el diseño sonoro, en el que abundan los silencios incómodos que se rompen de manera abrupta.

1976 cuenta con un diseño de fotografía de Soledad Rodríguez, minimalista con encuadres centrados y movimientos lentos. Una paleta de colores sobria, desteñida, como si fuera propia de una época pasada y triste, y está formada a partir de tonos azules y rojizos (los mismos colores de la bandera chilena). La película se centra en retratar los atardeceres, buscando ser genuinamente pictórica, con un tratamiento naturalista que augura el final de una época oscura.

ELLOS Y ELLAS

La interpretación de Aline Küppenheim en el papel protagonista le ha valido hasta la fecha el galardón a mejor actriz en el Festival de cine de Tokio. La actriz, que no deja de ocupar la pantalla durante un momento, es capaz de dotar al personaje de un magnetismo y una serie de matices que mantienen en tensión al espectador y que potencian la empatía en un inicio, que va yendo hacia una obsesión. Las interpretaciones de los secundarios son elogiables y más que necesarias, y contribuyen a generar esa atmósfera incómoda que hace que la película fluya.

LA SORPRESA

La manera en el que la película, a través de la fotografía y el diseño de sonido logra transmitir la apatía del entorno en el que los personajes se introducen.

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

Lo más interesante de la película son aquellos momentos que se omiten, que precisamente se saltan porque son los más morbosos. Pero si nos tuviéramos que quedar con una secuencia sería con la de apertura, en la que la protagonista busca el color perfecto para su nueva casa en una tienda de pintura. Pura narrativa visual.

TE GUSTARÁ SI…

Buscas un retrato de la dictadura chilena desde otro punto de vista

LO MEJOR

  • La interpretación de Aline Küppenheim
  • El diseño de fotografía

LO PEOR

  • Puede tener un ritmo algo denso para el gran público

Pablo Sánchez

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