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Tierra Firme - El Palomitrón

Quiero ser la voz de mi generación o, al menos, alguna voz de alguna generación. El mantra de Hanna Horvath, el personaje creado e interpretado por Lena Dunham en Girls, nos representaba solo en parte por la evidente distancia geográfica y socioeconómica que había entre ella y nosotros. Al otro lado del charco, la mayoría de los nacidos en la primera mitad de los 80 (algo así como los protomillennials) seguimos tratando de adaptarnos a una realidad distinta a la que nos vendieron durante la adolescencia. Los lofts que habitaban los protagonistas de Al salir de clase solo se ven en las revistas, nuestra más preciada propiedad (y con suerte) es una televisión de 30 pulgadas y el Gobierno nos vende la emigración como un ejercicio de espíritu aventurero. A la última generación que creció sin teléfonos móviles pertenece Carlos Marqués-Marcet (1983), que con su segundo filme, Tierra firme, se reafirma como una de nuestras voces.

Si parte de 10 000 KM se desarrollaba en Los Ángeles, ahora el barcelonés se marcha hasta Londres para contar la historia de una pareja de mujeres que comienzan a plantearse la posibilidad de ser madres. Eva (Oona Chaplin) lleva tiempo queriendo tener un hijo, pero su novia Kat (Natalia Tena) no quiere que la llegada de un bebé altere su existencia. La visita de su amigo Roger (David Verdaguer) supondrá un punto de inflexión para los tres y el empujón definitivo para que Eva convenza a Kat de iniciar el proceso de maternidad.

Tras coquetear con la comedia en su primera película, en Tierra firme el director se adentra de lleno en el género. El humor, a diferencia de las cintas taquilleras de nuestro cine, funciona de forma orgánica, surgiendo espontáneamente de los personajes y sin buscar el chiste. La comedia fluye a través de los diálogos, naturales y muy bien construidos, en boca de tres intérpretes en estado de gracia.

El Palomitrón - Tierra Firme

Los protagonistas tienen trabajos precarios, viven peor que sus padres (al menos Oona Chaplin, cuya madre es interpretada por su madre real Geraldine Chaplin) y el recién llegado a Londres tiene inglés nivel medio y un fuerte acento español. Fuman, beben, follan y no tienen planes a largo plazo. Criar a un bebé es la única forma que encuentran para salir de su espiral de juventud eterna.

Tierra firme, recién estrenada en el Festival de Sevilla, es también una defensa de los valores de una generación de supervivientes que no han vivido un Mayo del 68 ni han corrido delante de los grises, pero saben que muchos de los que presumen de haberlo hecho son tan o menos revolucionarios que un activista de Twitter, y tratan de salir adelante en un sistema viciado al que ellos no han elegido pertenecer.

Marqués-Marcet continúa explorando las formas de relacionarse en el siglo XXI. De los noviazgos por Skype a los nuevos modelos de familia, al cineasta le interesa representar las relaciones de pareja de sus coetáneos, que dejan su país ante la falta de oportunidades o dependen de terceros para tener hijos. Historias sencillas, pequeños universos personales que no necesitan de aderezos ni melodramas añadidos. Cumpliendo la máxima de que se escribe mejor sobre lo que se conoce. Siendo la voz de tu generación. O, al menos, alguna voz de alguna generación.

Tierra firme se estrena en cines el 24 de noviembre.

Fon López

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