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Clay Jensen en Por trece razones - El Palomitrón

Nos habrá gustado más o nos habrá gustado menos, pero a estas alturas es innegable que Por trece razones, una de las producciones originales de Netflix estrenadas este año, es la serie revelación de la temporada. Si hace unos meses estábamos todos hablando de las luces de Navidad de Winona Ryder en Stranger Things, hoy lo hacemos de las cintas de Hannah Baker.

Gran parte de culpa de esto la tiene Jay Asher, quien en 2007, y tras vivir de cerca un intento de suicidio adolescente motivado por un cúmulo de situaciones del instituto, decidió tratar en su novela Por trece razones (Nube de Tinta) este nada visible tema por aquel entonces (y, siendo sinceros, también actualmente) de una manera rompedora, ideada para llamar directamente la atención al target al que va dedicado, los jóvenes. Y nosotros no podemos estar más conformes con el resultado obtenido.

Por si a estas alturas todavía queda alguien sin saberlo, Por trece razones nos pone en la piel de Clay Jensen, un joven que recibe en su casa una caja repleta de cintas de cassette en las que Hannah Baker, una compañera del instituto que se suicidó los días anteriores, cuenta los motivos que la llevaron a tomar esa decisión… y, si Clay ha recibido las cintas, significa que él ha sido una de esas trece razones.

En pos de atrapar la atención del principal (que no único) público al que se dirige la novela, Jay Asher se enfrasca en una narración ágil y distendida que, dividida en capítulos según las distintas caras de las cintas grabadas por Hannah, intercala lo que la adolescente nos quiere contar en sus cintas con los comentarios y reacciones del verdadero narrador en primera persona de la novela, Clay (con unos toques de humor muy espontáneos a la par que agradecidos, todo sea dicho), que además de ponernos en situación en muchos de los hechos que cuenta Hannah, muchas veces van reflejando a la perfección lo que piensa el lector conforme se va adentrando en lo que ocurre en los pasillos del Liberty High.

La incertidumbre de Clay por conocer qué le llevó a Hannah a hacer lo que hizo va tan in crescendo como la del lector (y la del propio Clay) por saber por qué el protagonista, al que podemos definir como “un trozo de pan”, está presente en una de las cintas de Hannah. Y esto es lo que consigue que la novela sea presa fácil para devorar en un visto y no visto y haga que, sin que nos demos cuenta, nos pongamos en la piel de Clay y el mensaje nos cale tanto como le está calando a él.

Clay y Hannah en Por trece razones- El Palomitrón

Como en todas las adaptaciones que se realizan de libros, ya sea para cine o para televisión, la novela de Jay Asher difiere, quizá más de lo que habríamos esperado, de lo que hemos podido ver en la serie de Netflix. El hilo conductivo es el mismo, así como la original manera de presentarnos el relato, pero sí es cierto que hay variaciones en las historias que cuenta la Hannah del libro con respecto a la Hannah de la serie. Diríamos, de hecho, que estas últimas son incluso más duras que las que podemos ver en la versión escrita de Por trece razones.

Ahora bien, ¿significa eso que estamos ante una mala adaptación? Nada más lejos de la realidad: probablemente para que la serie (pensando en todos aquellos que no se han leído el libro antes de verla, que habrá sido la gran mayoría) cumpla su cometido último (llegar a concienciar a la sociedad de los verdaderos problemas que entrañan el bullying y el resto de temas que se tratan) tiene que lograr captar la atención de una manera tan impactante como realista para que el espectador no solo se sumerja en la acción, sino que se identifique con lo que está viendo. Que se identifique como “víctima” o como “verdugo”, pero que, sea como sea, algo se remueva dentro de él.

Hannah Baker en Por trece razones - El PalomitrónNo nos extraña que Por trece razones se convirtiera en un best seller y no nos extraña que su serie de televisión haya sido de lo más comentado en lo que llevamos de año. Libro y serie son dos productos hoy en día necesarios para que todos los públicos logremos comprender muchas de las cosas por las que los adolescentes pasan cada día en sus aulas y que, generalmente, solemos pasar por alto.

Este es uno de los casos en los que no importa haber visto la serie y después devorar el libro: ambos formatos tienen algo que contarnos que nos va a calar tan hondo como la historia de Hannah penetra en la mente y en el corazón de Clay.

Silvia Martínez

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