Compartir

En 2011, 4 años después de la publicación de la ganadora de la medalla Caldecott La invención de Hugo Cabret, salió a la venta la esperada nueva novela del escritor e ilustrador Brian Selznick: Wonderstruck. El año siguiente llegaba a España gracias a Ediciones SM con tapa dura y con un diseño de portada bastante parecido al original (aunque un poco más serio) bajo el título Maravillas. Su segunda edición salió al mercado el octubre de 2017 aprovechando el foco mediático sobre la obra otorgado por su adaptación al cine de la mano de Todd Haynes y del mismo Brian SelznickWonderstruck: El museo de las maravillas, que sigue la tradición española de alargar innecesariamente los títulos de las películas haciéndolos imposibles de recordar, fue recibida tibiamente y no consiguió emular el éxito comercial del libro.

Ahora hagamos un pequeño retroceso en el tiempo hasta la concepción de la idea detrás de Maravillas: Brian Selznick estaba viendo un documental de la PBS titulado Through Deaf Eyes sobre la cultura sorda en Estados Unidos en los últimos 200 años cuando descubrió que la gente sorda está muy sintonizada con el mundo visual. De aquí emergió el planteamiento de que la mitad de la historia de Maravillas, la que narra la vida de Rose, debía ser contada solamente con imágenes para intentar que la gente que lee viva la historia de Rose tal y como ella capta el mundo.

Por eso es imprescindible hablar de las ilustraciones que narran la vida de Rose, puesto que son probablemente el principal atractivo del libro. De las 627 páginas que conforman la novela, 460 contienen dibujos que ocupan toda su extensión. No obstante, Maravillas no es una novela gráfica, sino un libro con capítulos narrados mediante la escritura y otros visualmente. La razón por la que la mayoría de páginas son dibujadas es que narrar al ritmo de una ilustración por página requiere muchas hojas para contar una acción que puede ser resumida en tres frases. Lo que pierde en densidad de información por página lo gana en emoción, pues difícilmente podrías conseguir proyectar el estado anímico de un personaje con palabras con la lucidez de la viñeta que mostramos a continuación (como demuestra la comparación con la parte escrita del libro). El blanco y negro y el uso de lápiz sirven como indicadores de, respectivamente, la época en la que transcurre la trama (los años 20) y la mirada infantil de Rose. Aparte de estos argumentos más lógicos, también hay motivos sensoriales para esta elección visual: el gris le da un aire trágico y angustioso a la historia.

La otra mitad de la historia, aunque no tan imaginativa e impactante, es esencial para el funcionamiento dramático de Maravillas: En 1977, Ben, un niño de Gunflint Lake (Minnessota) que recientemente ha perdido a su madre, decide emprender un viaje hacia Nueva York en busca de su padre. Obviamente, lo conoceremos mucho más que a Rose, lo cual mantiene el misterio alrededor del personaje de ella y cómo encaja en la historia de Ben. Todo esto se resuelve en un bellísimo tercer acto que conecta de forma magnífica y muy satisfactoria ambas historias.

Maravillas es un libro precioso que deleitará a personas de un rango de edades muy amplio. Posee un trasfondo trágico, pero al acabarlo la sensación que te invade es de felicidad y asombro. Además, es de aquellos libros por los que merece la pena invertir 20 euros, ya que cada vez que lo veas en la estantería te enviará conceptualmente a la maravillosa experiencia que tuviste leyéndolo. Por eso es de aquellas novelas que hay que leer en un momento reposado, lejos de la intensidad agotadora de los días laborales.

Pau Jané

No hay comentarios

Dejar una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.