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And Then We Danced
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AND THEN WE DANCED

LOS ANTECEDENTES

Antes de rodar And then we danced, el director sueco de ascendencia georgiana Levan Akin se dio a conocer internacionalmente con El círculo (2015), una película basada en el best seller de Mats Strandberg y Sara Bergmark Elfgren. Anteriormente, ya contaba con una larga carrera en series de televisión suecas y con los filmes Kantika Kalas (2011) y Real humans (2012).

El germen de And then we danced surge en los sucesos del Orgullo LGTB+ de Tiflis (Georgia) en 2013. Ese año, hubo graves enfrentamientos en el desfile promovidos por la iglesia ortodoxa. Por ello, en 2016, tras el éxito de El Círculo, el director pudo ir a Georgia e investigar, encontrándose con grandes dificultades. Las escuelas de danza tradicional georgiana se negaron a ayudarle y se avisaron entre ellas para boicotearla. Tampoco pudo encontrar bailarines de danza tradicional georgiana que quisieran protagonizar la película y la persona que les ayudó (los protagonistas son en realidad bailarines de danza contemporánea) se mantiene aún hoy en el anonimato.

LA PELÍCULA

La película cuenta la historia de Merab (Levan Gelbakhiani), un bailarín de danza tradicional georgiana que descubre su homosexualidad tras la llegada de Irakli, un nuevo compañero a la Compañía Nacional de Danza. Con la apertura de una nueva plaza en el elenco principal, la rivalidad con Irakli terminará convertida en otra cosa. Mientras, Merab tiene que sacar adelante a su familia, antiguos bailarines en condiciones precarias, continuar su relación con su novia Mary y, buscar su sitio en un mundo en el que la masculinidad tóxica impregna cada rincón.

And then we danced muestra con brillantez como se enfrentan dos generaciones en un género de danza en el que todo lo que importa es la tradición y seguir unos cánones establecidos. La danza georgiana funciona como símbolo de dos maneras de ver la vida, del conservadurismo y de la cerrazón de los mayores, mientras que lo queer se establece como sinónimo de libertad.

Una libertad que la película deja bien claro que no tiene espacio en Georgia. El hermano de Merab, un delincuente de poca monta, se lo dice antes de que termine el filme: solo podrás ser feliz yéndote de aquí.

Irakli y Mareb en la escuela de danza

ELLOS Y ELLAS

Levan Gelbakhiani  lleva todo el peso de la película sobre sus hombros. Su fantástica interpretación le ha llevado a ganar el premio a mejor actor en la Seminci de Valladolid y acaba de ser nominado a los Premios del Cine Europeo.

Su química con su novia, Mary (Ana Javakishvili) e Irakli (Bachi Valishvili), logra trasmitir una verdad indispensable en una película como esta. Llama la atención porque ninguno son actores profesionales, sino bailarines de danza contemporánea. Sin embargo, se nota que la maestría en la dirección que hace que cada mirada y cada gesto te siga contando una historia. También la química de Merab con el personaje de su abuela traspasa la frontera.

LA SORPRESA

En uno de los momentos más dramáticos de la cinta, el director nos lleva a conocer una noche por el ambiente de Tiflis. Con la información conseguida durante su investigación en la capital georgiana, Akin logra trasmitir cómo son esos pequeños espacios de libertad clandestinos para el colectivo LGTBI. También se acuerda de las terribles condiciones de la comunidad transgénero, siempre con un acercamiento positivo y empoderador.

Mary y Mareb en And Then We Danced

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

Llegó la audición que estabamos esperando. Merab tiene que bailar para conseguir su papel en el elenco principal de la Compañía Nacional de Baile. Seguir los pasos de sus padres y su abuela, que han bailado en los principales teatros de todo el mundo, ha sido siempre su objetivo. Sin embargo, el bailarín hace algo que sorprenderá a todos.

TE GUSTARÁ SÍ…

Si te gustan las películas de baile o los romances LGTB+ como Tierra de Dios o Call Me by Your Name.

LO MEJOR

  • Las escenas de baile tradicional georgiano
  • La química entre los protagonistas
  • El contenido social del filme

LO PEOR

  • El final puede parecer demasiado edulcorado

Pablo Herrera

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He crecido viendo a Pamela Anderson correr a cámara lenta por la arena de California, a una Carmen Maura transexual pidiendo que le rieguen en mitad de la calle, a Raquel Meroño haciendo de adolescente con 30 años, a Divine comiendo excrementos y a las gemelas Olsen como icono de adorabilidad. Mezcla este combo de referencias culturales en una coctelera y te harás una idea de por qué estoy aquí. O todo lo contrario.