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LOS PRIMEROS PASOS DE ARECHI MANGA: GUERRA, MAGIA Y ARTE

Poco más de un mes antes de que 2020 se torciera de manera estrepitosa y que nuestras vidas cambiaran drásticamente, la editorial de cómic Yermo Ediciones anunciaba un nuevo sello editorial bajo esta frase: «Una aventura es una experiencia compuesta de eventos inesperados». Tras siete años de trayectoria publicando cómic europeo de género histórico, ciencia-ficción o fantasía, la editorial expandía sus fronteras apuntando directamente al país nipón. Bajo el sello Arechi Manga, la editorial señalaba el interés de apostar por licencias de manga y novelas de origen japonés. Ahora, casi un año después del anuncio oficial, ya podemos hablar de Arechi Manga con propiedad. Tras la publicación de la novela Candy Candy (Keiko Nagita) y su increíble éxito comercial, Arechi ha engrosado poco a poco su nueva línea con Reineta, otra novela de Keiko Nagita, y los primeros números de Baltzar: el arte de la guerra y Magical Girl Holy Shit, dos de las tres primeras licencias manga de la editorial. A falta de la publicación del primer volumen de Arte en enero, la licencia restante, este artículo tiene como intención recoger la opinión de los tres primeros títulos manga de Arechi, así como hablar de la calidad de su edición. 

Baltzar: El arte de la guerra (Nakajima Michitsune)

El crecimiento de los últimos años de nuestro mercado —aunque no tanto en cantidad de lectores como en variedad temática— ha servido para que la publicación de algunos títulos, impensable antaño, sea hoy una realidad como cualquier otra. Es el caso de Baltzar: el arte de la guerra (Gunka no Baltzar), una obra de corte histórico que hace del componente bélico su principal razón de ser. Aunque su espíritu histórico hay que cogerlo con pinzas, pues su autora, Nakajima Michitsune, sitúa los hechos en una ficticia Europa del siglo XIX, concretamente en un contexto geopolítico reminiscente al extinto Estado de Prusia. El título de marras sigue los pasos del mayor Bernd Baltzar, un condecorado soldado del país de Weißen cuyos méritos, conocimientos y personalidad le llevan a ejercer como instructor militar en Baselland, país vecino y, ahora también, aliado político. Bernd Baltzar tendrá que lidiar con la mentalidad de un pueblo que ha prosperado —aunque lentamente— ajeno a la guerra, instruyendo a los cadetes más jóvenes de una academia militar que parece más un lugar turístico que una institución de aprendizaje militar, e inmiscuyéndose de pleno en una tensa relación de odio y poder entre los príncipes de la familia real de Baselland

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Aprendices de artificieros que jamás han disparado un cañón, soldados de infantería sometidos a un aprendizaje arcaico con armamento todavía más arcaico y donde el error se paga con la moneda de la violencia, o una unidad de caballería moldeada únicamente como muestra de exhibición de cara al pueblo. Éstos y otros escenarios son lo que conforman un contexto en el que Bernd Baltzar se eleva como agente del caos, alguien dispuesto a terminar con según qué tradiciones, métodos de aprendizaje y estrategias militares. Su coraje, voluntad y espontaneidad son las armas que esgrime incluso contra la propia nobleza si así lo requiere la situación, aunque siempre intentando salvaguardar la relación entre países. Y es que al final, el mayor Baltzar no es más que un peón dispuesto en terreno de arenas movedizas; alguien a quien le han encomendado la titánica función de promover el cambio. Nakajima abraza el componente bélico para construir una narrativa que, al menos en sus comienzos, muestra una mayor preocupación en la fragua de la relación entre Bernd y los principales cadetes, en la exposición de una serie de ideas y enseñanzas alrededor de la guerra y sus derivados, y en la construcción de los cimientos de la que será una trama política y de intrigas palaciegas con trazas de conspiración y revolución

Pese a que, a fin de cuentas, la guerra es el esqueleto sobre el que se vertebra la narrativa de Baltzar: el arte de la guerra, Nakajima Michitsune no parece tener especial interés en el retrato más explícito de la misma; tampoco elude su existencia, pues hay distintas escenas donde la sangre y la muerte copan las páginas, pero el interés creativo apunta más a aquello que se teje entre bambalinas, así como a la orgánica creación y fortificación de vínculos entre el factor humano de la obra. Así, la autora hace uso de su pluma para, a través de un arte pulcro y excelso en detalles, deleitar visualmente al público y hacer que entre en su juego narrativo gracias a las cuidadas líneas que dibujan los rostros y expresiones de los personajes, así como los trazos que definen a la perfección un escenario que, a pesar de no ceñirse al rigor histórico real, recrea con sumo interés y esfuerzo el contexto que emula. En cuanto a la edición, Arechi Manga irrumpe en el mercado del manga con una primera obra que, salvo algún que otro error de rotulación, ofrece unos acabados y una calidad sobresalientes, superiores a los de muchas publicaciones de editoriales ya consolidadas. La edición cuenta con un formato B6, rústica con sobrecubierta en mate y reserva UVI, además de la inclusión de varias páginas a color. Sus dos primeros volúmenes —en Japón la serie sigue abierta con 13 entregas publicadas— ya están a la venta, a un precio de 9,00 € el tomo y bajo una cadencia de publicación bimestral.

Magical Girl Holy Shit: Una crítica vacía (Souryuu)

Pretender hacer uso de demografías y subgéneros para encasillar una crítica nunca ha sido la mejor de las opciones. Como mínimo, hablamos de algo arriesgado. Hacerlo con el subgénero magical girl como enfoque comporta ciertos problemas adicionales, ya que hablamos de un núcleo con una marcada evolución y un largo historial detrás que no siempre queda enmarcado en los confines de su nacimiento y concepto y que rara vez hay que entender como tal. Magical Girl Holy Shit es, precisamente, la encarnación de ese ideal, propuesto como “una historia para chicas que ya hayan superado esa fase”. Un disparo al aire que se esgrime como una crítica extremadamente bizarra —no por nada se autodenomina como «la hija bastarda de One Punch Man y Sailor Moon»— contra algunos de esos conceptos clásicos que llevaban consigo las series de los ochenta y los noventa pero que no forman parte de un imaginario que se ha renovado con el paso del tiempo.

Magical Girl Holy Shit es, en esencia, una crítica desbocada en clave de parodia y llevada al extremo para remarcar así su condición de sátira. Una obra que arremete contra todo lo que puede suponer el subgénero magical girl y que no teme en esbozar referencias a diferentes obras o dibujar conceptos tan conocidos como los objetos mágicos, los familiares o las clásicas secuencias de transformación. Lo hace con la idea de ofrecer el poder a la chica errónea, presentando a Kayo, su protagonista, como una delincuente escolar, dibujada en prácticamente la totalidad de sus escenas con un cigarro en la boca y prestando todo un abanico gesticulativo como acompañamiento a la colección de escenas obscenas que presenta la obra bajo la misión, como necesidad, de acabar con los demonios que asolan la tierra — una misión que, en referencia a los tropos del género, puede cumplir sin necesidad de utilizar dicho poder mágico; se basta de su fuerza. Un espacio que puede resultar interesante, marcando la distancia con los inicios del género y su particular estallido en la década de los noventa pero que acaba cayendo en saco roto presentando una crítica vacía, que siente antes la necesidad de ser escandalosa antes que crítica como tal. Su primer volumen casi puede resumirse en una escena tras otra de Kayo repartiendo golpes mortales, ya sea contra sus enemigos, vándalos adolescentes o Myu, su propia interpretación del familiar que ofrece el contrato.

Su propia idea de arremeter contra todo lo que, en su concepción, propone el subgénero, le hace pasar por esos mismos espacios que se insta a criticar. Se entiende la crítica al sexismo nacida de la necesidad de proponer diseños pensados para atraer al público masculino, pero no solo Kayo participa en ese mismo juego, sino que enseña la ropa interior en prácticamente cada golpe que lanza, haciendo que toda la carga que conlleva quede perdida en sus propios confines. Mientras tanto, el resto de críticas quedan reducidas a esa lluvia de brutalidades y obscenidades constantes que, sin embargo, destacan sobremanera el arte de su mangaka y la capacidad para unir ambas corrientes a través de su estilo. No falta el cuidado y el detalle tan asociado al subgénero y al diseño de los correspondientes vestidos de sus protagonistas, pero Souryuu también destaca en la soberbia violencia a la que hace referencia en toda su obra, dando a nacer una curiosa mezcla que va entre lo cuqui y lo extremo sin que su autore se despeine lo más mínimo, en una impresionante muestra de sus capacidades.

Magical Girl Holy Shit no es una obra que pueda entenderse como producto para aquellas chicas que han crecido de una supuesta etapa infantil. El género magical girl ha influido en gran medida en el medio, atravesando cualquier muro o intención demográfica y su intento de ofrecer una versión más “adulta” del mismo cae en saco roto al considerarse, simplemente, como una transformación bizarra de la misma. Puella Magi Madoka Magica o Yuki Yuna is a Hero, incluso con sus errores, muestran cómo el género puede presentarse bajo nuevas tonalidades sin necesidad de despegarse de sus raíces, buscando ese punto —de nuevo, bajo comillas— “adulto”, que a veces el medio siente la necesidad de enmarcar pero que consigue justificar con sus esquemas. Magical Girl Holy Shit, sin embargo, es una obra que puede gustar, por supuesto, pero no por sus referencias, sino por su muestra de humor absurdo y total brutalidad que, en conjunción con un estilo único que apunta, precisamente, a otro tipo de público.

Edu Allepuz y Óscar Martínez

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1 COMENTARIO

  1. Gracias por la reseña. Candy Candy la historia definitiva y Reineta han sido un gran regalo para todas nosotras las fans de Keiko Nagita. Arechi Manga cumplió nuestro sueño, con ediciones de lujo de estas dos novelas. Me parece muy interesante el corte histórico, asi que felicitaciones por la historia de Baltzar, y sobre todo me encantan las historias que rompen los cánones, por lo que Magical girl está en mi lista también, al igual que Arte. ¡Suerte Arechi Manga! y gracias de nuevo por alegrarnos este 2020 con hermosos libros.

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Intento de muchas cosas y una de las piezas que hacen funcionar la sección manganime. Ávido lector de manga, enamorado de la tinta y de la tragedia de Sui Ishida. Firme defensor de la industria como arte y la abolición de estúpidas etiquetas.