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LOS ANTECEDENTES

De pequeña, Violeta Barca-Fontana quería ser corresponsal de guerra. Pero cuando hubo que decidir, cuando a una edad llena de dudas nos obligan a tomar un camino, apostó por la dirección de cine. Una decisión que puede parecer arriesgada, pues, por desgracia, como nos recordaron en la inauguración del 27 Festival de Cine de Madrid, el año pasado tan solo se estrenaron un 7 % de películas dirigidas por mujeres. Y por ello, este año el festival lleva el lema “Yo también ruedo” para lanzar un grito bien claro al aire: las cineastas tienen mucho que decir. Y Violeta lo demostró con su carta de amor a la ciudad que la acogió durante mucho tiempo. Estamos hablando de la ciudad más famosa del cine, y del más que recomendable documental Pieces of New York.

LA PELÍCULA

El inicio de Pieces of New York es toda una declaración de intenciones. Sus primeros minutos se componen por una serie de imágenes hermosas de la ciudad, acompasado por una música de jazz que retumba entre taxis, transeúntes y el característico humo de las alcantarillas. Y de repente, la voz de Violeta surge planteando una cuestión. ¿Es esta la película que quiere hacer? ¿Puede hacer una carta de amor a la ciudad sin mostrarse a sí misma? Es fácil escribir una carta sin remitente, pero pierde encanto.

Y así es como la directora vuelve atrás en el tiempo, dejando de lado Nueva York para llevarnos hasta el salón de su casa cuando jugaba de pequeña. Nos habla de su carácter, de su juventud y, sobre todo, nos habla de su abuelo. Porque él también hacía películas, o, como poco, se mantenía siempre con la cámara en la mano. A partir de ese momento, la película empieza a mezclar imágenes de abuelo y nieta, con distintos formatos y de épocas distintas. Con una Nueva York a la que el tiempo ha cambiado mucho, y no solo en el aspecto visual (el vacío de las Torres Gemelas siempre impacta), también en el social. Violeta combina con ingenio ambas grabaciones, como si quisiera dirigir la película a medias con su abuelo, y dota a las imágenes de un poderío de lo más interesante.

Pero por mucho que nos llame la atención, todo eso ya lo hemos visto antes. Conocemos bien Nueva York, aunque no hayamos ido nunca. Y la película lo sabe; por eso, acaba dejando de lado la ciudad para centrarse en algo más llamativo: su gente. Violeta filma a sus amigos, los artistas que le han impulsado durante sus años en la ciudad, los que le dijeron que tenía que mostrarse a sí misma en su obra. Y así es como la película reflexiona sobre el proceso creativo, algo que ya tocó Violeta en obras anteriores, dando lugar a reflexiones con las que cualquier artista se sentirá relacionado. Finalmente, Violeta lo consigue. Acaba abriéndose ante la cámara, dejando claro cómo es su mirada. Y las vistas no podrían ser mejores.

LA SORPRESA

El aspecto sonoro, uno de los puntos fuertes del documental. Se mezclan músicas, sonidos y voces con mucha inteligencia, dotando al montaje de sonido de una gran capacidad expresiva.

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

Los últimos 10 minutos, cuando Violeta comprende que quizá la carta de amor no era para la ciudad, sino para los suyos.

TE GUSTARÁ SI…

Eres de los que adoran ver los vídeos de las vacaciones de los demás. O si eres artista, de la clase que sea.

LO MEJOR

  • Sus acertadísimas reflexiones sobre el proceso creativo.
  • Violeta nos muestra ciertos personajes fascinantes.
  • El sonido y las músicas.
  • La mezcla de la Nueva York actual con la de hace unas décadas.

LO PEOR

  • Cierto tramo central se hace un poco largo.

 

Ignasi Muñoz

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