El Palomitrón

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CINE CINE 5 ESTRELLAS CRÍTICAS

1917

ANTECEDENTES

Llama la atención el escaso número de producciones que se ambientan en la I Guerra Mundial si lo comparamos con las que se rodaron sobre la II Guerra Mundial (el cine estaba en aquel entonces dando sus primeros pasos), e igualmente resulta muy curioso la cantidad de títulos rodados sobre esta primera gran guerra, en porcentaje, cuya naturaleza es claramente antibelicista (el cine como herramienta propagandística aún no había sido descubierto). Lo cierto es que esta primera contienda mundial supuso un punto y aparte a todo lo visto en los campos de batalla con anterioridad. Nunca antes se habían movilizado tantas tropas, y nunca antes un conflicto había sido tan salvaje como lo fue esta guerra, tan enorme que su epílogo también fue el prólogo de la II Guerra Mundial.

El ocaso de las unidades de caballería, durante tantos siglos la gran apisonadora en en el campo de batalla, frente a las ametralladoras y los tanques, y el nacimiento de la guerra en el aire son dos de las grandes novedades del conflicto. La tercera fue la guerra en trincheras, la lucha metro a metro por el territorio en frentes kilométricos que exigían un consumo de recursos y un sacrificio de vidas humanas totalmente desmesurados. Y ahí, en ese mundo de barro y tierra, vive y arranca 1917.

 

LA PELÍCULA

La orden para los soldados Schofield y Blake es clara: entregar un mensaje en la primera línea de combate en una lucha contra el reloj para evitar que mueran 1.600 soldados que están a punto de caer en un trampa alemana. Con esta premisa tan simple Sam Mendes construye una obra maestra de compleja planificación que desde el minuto uno de metraje rapta al espectador para sumergirle durante dos horas en una historia real que perturba, contagia sentimientos y agarrota en muchos momentos para culminar en uno de los sprints más eléctricos y emocionantes de la historia del cine.

Senderos de gloria y sus trincheras, Sin novedad en el frente y el desazón de los soldados cuando llegan al frente y se enfrentan con la realidad o la inevitable Gallipoli y su carnicería en el frente otomano planean de manera constante en 1917, que en sus primeros minutos se muestra imponente, vertiendo una catarata de información que obligará a más de un espectador a tomarse unos minutos para habituarse a la mirada panorámica que propone Mendes, que coloca la cámara literalmente donde la da la gana. Y todo rodado con un escrupuloso y ambicioso plan de rodaje que descansa sobre el plano secuencia como recurso maestro para contarnos esta maravilla que es 1917. Con tres cortes diferenciados (aunque se habla de cortes cada 7 minutos), la película aguantará varios visionados para el goce definitvo del ojo del espectador, porque todo está milimétricamente calculado para que la experiencia sea irrepetible, desde los ángulos de cámara hasta las decenas de localizaciones que atraviesan sus protagonistas, o la fotografía (de Oscar y de todo lo que venga) de Roger Deakins, habitual de Denis Villeneuve (Sicario o Blade Runner 2049) y también del propio Sam Mendes (Skyfall o Revolutionary Road), y quizá junto a Emanuelle Lubezki el mejor director de fotografía del cine actual. Deakins es el responsable de sacar el máximo partido a la luz y vuelve a plantear un juego de luces y contrastes nocturnos arrebatador (ya hizo lo propio en el último tramo de Skyfall) en uno de los pasajes más tenebrosos de la cinta.

Y por el camino, el tour por las trincheras, las que están en primera línea de batalla y las de retaguardia, enfrentamientos aéreos y cadáveres de equinos que ratifican nuevos tiempos para la guerra (ya lo plasmaba Steven Spielberg en Caballo de batalla, un título que mejora a cada visionado), ciudades arrasadas, francotiradores, ratas, y esperanza, la bendita esperanza que mueve montañas y que nos empuja a perseguir y conseguir los logros más imposibles. Humanidad en medio de la desolación y la crueldad de la guerra. Compañerismo, amistad y compromiso para no rendirnos, para no acabar desahuciados como seres humanos, peones de la ambición y el orgullo de los altos mandos, que condenan vidas humanas desde sus cómodos despachos en busca de una victoria que desde el primer día de guerra ya es imposible de saborear.

Con menos de una decena de títulos dedicados en las últimas cuatro décadas, 1917 está llamada a convertirse en el Salvar al soldado Ryan que esta contienda necesitaba, y también en el filme de cabecera sobre el conflicto para la audiencia de nuestros días. 

ELLOS Y ELLAS

Sin duda el trabajo de George Mackay y Dean-Charles Chapman no solo es el más importante de la película sino que también resulta ser el más complicado. La elección del plano secuencia como único vehículo de la narración les obliga a dar su mejor versión, ya que el plano contiene tanta información que en los primeros minutos su trabajo se ve ensombrecido por la puesta en escena de Sam Mendes. Si necesitáis unos minutos para empezar a digerir el estilo y fijaros en el trabajo actoral no os alarméis, es casi un proceso natural. A su presencia en pantalla se le van sumando la de  Mark Strong, Benedict Cumberbatch o Colin Firth, entre otros pesos pesados del cine inglés, pero no esperéis disfrutarles mucho en pantalla, que hablamos prácticamente de cameos. 

LA SORPRESA

Su ambición visual está respaldada por un resultado casi inmaculado, sobresaliente. 1917 es un proeza técnica disfrutable una y otra vez. 

LA SECUENCIA / EL MOMENTO

Sin duda el sprint final. Un colofón de sensaciones que levanta al espectador del asiento, corazón en el puño. Magnífica.

TE GUSTARÁ SI…

Lo complicado es que no te guste, pero si eres de cine bélico, de las historias de compañerismo y superación, del cine puro y duro de aventuras o de los que disfrutan escrutando cada plano, vas a salir del cine con una sonrisa de oreja a oreja. 

LO MEJOR

  • La concepción de la película, su virtuosismo técnico
  • La fotografía de Roger Deakins
  • Que se haga justicia a la I Guerra Mundial con una obra maestra de este calibre

 

LO PEOR

  • Que los que no sean muy amigos de acercarse al cine bélico se pierdan esta película
  • Que estos proyectos sean cada vez más insólitos dentro del gran cine comercial

 

Alfonso Caro

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Alfonso Caro Sánchez (Mánager) Enamorado del cine y de la comunicación. Devorador de cine y firme defensor de este como vehículo de transmisión cultural, paraíso para la introspección e instrumento inmejorable para evadirse de la realidad. Poniendo un poco de orden en este tinglado.