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warcraftResulta muy llamativo comprobar cómo Hollywood se muestra incapaz de sacar partido en condiciones del fantástico arsenal que supone el mercado de los videojuegos. Una tras otra, todas las adaptaciones que se han cocinado en la meca del cine han fracasado a la hora de cumplir las expectativas de los estudios y, en casi todos los casos, así lo han hecho también ante la vara de medir del espectador. Y resulta llamativo porque es un subgénero que debería gozar de mucha más atención, mimo y cuidado por parte de las productoras, ya que el grueso de su público objetivo es, sin duda, el que más dinero se deja en la taquilla y el principal responsable de que hoy en día esta industria aún siga en pie.

Que con tantos medios, humanos y materiales, se acaben poniendo en circulación productos tan anodinos debería preocuparnos; pero tampoco es el caso, porque da la sensación de que hasta el público se ha acostumbrado a estos niveles, en una pérdida colectiva de fe (y de conciencia) que nos hace desfilar a las salas casi más para comprobar si una película es realmente tan mala como se escucha o se lee que otra cosa. Un piloto automático muy peligroso que pone en jaque la capacidad de este arte de sorprender más allá de los circuitos (mal llamados) independientes.

war1Warcraft llega a nuestras carteleras vapuleada por la crítica internacional, su distribuidora organiza el pase de prensa apenas 24 horas antes del estreno (una maniobra que casi siempre funciona de maravilla como advertencia de lo que llega) y juega en la liga de las adaptaciones de videojuegos (os recomendamos leer nuestro reciente especial sobre este dolor de cabeza). Prácticamente llega condenada. Y quizá su única carta sobre la mesa, la dirección de Duncan Jones, ha resultado ser un tres de bastos, y no ese as que los más optimistas esperaban. Porque cuesta creer que el director de Moon o Código fuente se haya comprometido con un proyecto tan alejado de su estilo, de su visión, de su manera de entender el cine. ¿Un encargo? ¿Una condición para financiar un proyecto mucho más personal del director? No lo sabemos, pero rezamos para que Hollywood y su maquinaria más comercial no conviertan de nuevo un futurible talento en otra promesa más que naufraga (ojo que por el mismo camino viene Alex Proyas y su Dioses de Egipto…).

Diez años de desarrollo dan mucho de sí para el baile de directores, guionistas y responsables ejecutivos que ha sufrido el proyecto, pero poco más. Muy poco más. No hay nada en Warcraft que vaya a sobrevivir al paso del tiempo. Y no es que sea un desastre absoluto (se ven cosas mucho peores demasiadas veces al año); el problema es que es más de lo mismo. Warcraft destila la misma dejadez en su planteamiento, desarrollo y desenlace que cientos de películas, y aunque puede resultar entretenida en muchos de sus tramos por lo vistoso de sus efectos especiales y el universo que aborda, la cinta carece de personalidad y la declaración de intenciones que promulgó el director en su momento de, atención, filmar una especie de cruce entre Juego de tronos y Avatar, sonroja al espectador más optimista a los diez minutos de visionado.

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Pero es que aunque uno renuncie a aspectos de guion o profundidad en su trama y se predisponga a ver la película solo por la espectacularidad de las batallas o el diseño de producción que nos promete el tráiler, puede salir escaldado, porque sus escenas de masas son contaditas y sirven, sobre todo, para que echemos de menos, y de qué manera, la trilogía de Jackson, que tras 16 años de siglo XXI aún sigue sin ser superada en ninguno de sus apartados si hablamos de este género de fantasía heroica.

En cualquier caso, Warcraft será disfrutada por los espectadores menos exigentes, o quizá los más conscientes y sensatos, aquellos que acudan a las salas sabiendo muy bien que van a volver lo mismo, que van a volver a disfrutar del mismo caramelo industrializado, vestido para esta ocasión con un envoltorio fantástico muy visual.

 

LO MEJOR:

  • Los Orcos.
  • Optar por limitarse a disfrutar las bondades técnicas de la película.

LO PEOR:

  • No hacer caso a los constantes avisos e insistir en ir al cine en busca de ser sorprendidos.

 

Alfonso Caro

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