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Toni Erdmann El PalomitrónExiste un tópico bastante manido que afirma que los franceses hacen la tortilla sin patatas y las comedias sin humor. Esta afirmación podría ampliarse añadiendo que los alemanes, cuando quieren hacer reír, acaban generando de rebote una crisis existencial. Y precisamente esto es lo que Maren Ade (The Forest for the Trees, Everyone Else) ha conseguido con su último largo, a caballo entre la sátira grotesca y el relato de amor paternofilial y en el que comenzó a trabajar en 2012.

En Toni Erdmann, ganadora del Premio FIPRESCI en el último Festival de Cannes, la realizadora germana nos traslada a ese contraste de rascacielos y chabolas llamado Bucarest, ciudad que resume a la perfección las contradicciones e hipocresías generadas por la entrada en el mercado común de un país hundido en la miseria social. Allí, Ines, una workaholic que trabaja para una de las muchas multinacionales alemanas externalizadas en la capital rumana, recibe la visita de Winfried, su padre, un estrafalario profesor de piano obcecado en hacer ver a su hija los sinsentidos del mundo en que se mueve y generar en ella una catarsis a través de la creación de un alter ego: Toni Erdmann, una suerte de caricatura de gurú empresarial.

Sandra Hüller El Palomitrón

Así pues, el filme nos presenta el inmenso choque que se produce entre el universo cínico, despiadado y hortera de los ejecutivos de alto standing en el que la hija se desenvuelve y la visión naíf e idealista de su padre, tan propia de la generación de la posguerra, empeñada en no repetir los errores del pasado. La cinta, de extenso metraje (162 minutos, que no se antojan para nada excesivos) está más cerca del drama cómico que de la comedia dramática, y basa su fórmula en un continuo cambio de registros y situaciones llevadas al límite que, ahora sí, pueden en ciertos momentos rozar el exceso.

Las muy destacables interpretaciones de Sandra Hüller (Above Us Only Sky, Requiem) y el austriaco Peter Simonischek (Ruby Red), ambos premiados en los Premios del Cine Europeo, dotan de verosimilitud a un relato que muestra hábilmente el cambio en el concepto de familia que los nuevos tiempos han traído consigo y el modo en que las potencias mundiales devoran a las economías emergentes.

Tony Erdmann en El Palomitrón

Porque Maren Ade escribe y dirige una cinta irreverente y grotesca, con un sentido del humor punzante y totalmente despiadada con el mundo empresarial moderno, aquel que se lleva el pan y también las migas o esconde despidos bajo eufemismos como “plan de reestructuración”, en un ejercicio narrativo con claros ecos del no future houellebecquiano. Toni Erdmann es una pequeña joya, a ratos incómoda, a ratos delirante, que le peleará a Paul Verhoeven el Oscar a la Mejor película de habla no inglesa hasta el último minuto, pero, parafraseando a su protagonista, ¿qué importa eso?

LO MEJOR:

  • Las dos actuaciones protagonistas.
  • Su transversal crítica política, social y filosófica.
  • Su habilidad para ser despiadada y entrañable.

LO PEOR:

  • Ciertas situaciones, de modo inevitable, están demasiado llevadas al límite.

 

Tomás Ruibal

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