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El New Hollywood en El Palomitrón

El inicio del New Hollywood: Bonnie y Clyde y El Graduado.

En 1967 se dio el pistoletazo de salida hacia las nuevas formas cinematográficas en Hollywood, con el estreno de Bonnie and Clyde de Arthur Penn, una película que narra las peripecias de una parejas de gánsteres de los años 30 y que hace una clara crítica contra el stablisment establecido, sirvió como impulso hacia esa oleada de películas innovadoras y provocativas que inundarían las salas de cine en los años posteriores.

Por otro lado Mike Nichols cambio todos los roles establecidos con su genial película El Graduado donde el joven Benjamin Braddock recién graduado y con una apacible vida burguesa sustentada por sus padres, se plantea todos los conceptos del mundo que le rodea mientras es víctima de la seducción de la señora Robinson, la esposa de un íntimo amigo de su padre que en una primera estancia había decidido emparejarle con su adorable hija Elaine. Un giro de tuerca a todo lo anteriormente establecido con un guion provocador y políticamente incorrecto que ha hecho de esta película un clásico de la historia del cine. Nadie podrá olvidar jamás la frase Señora Robinson «¡Esta usted intentado seducirme!», esa forma de tratar los tabúes sexuales tan fresca y descarada conectó de lleno con el espíritu de su tiempo.

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Otro título que también fue imprescindible es Easy Rider de Dennis Hooper, donde, a través de las vivencias de una pareja de amigos, se reflejan los valores del movimiento hippie así como una descarnada crítica a la Norteamérica más conservadora, puritana y racista.

El estilo único de Woody Allen y Stanley Kubrick

Cabe decir que Woody Allen puede ser uno de los cineastas estadounidenses más personales que existen.  A finales de los 60, Allen comenzó a forjar la figura del antihéroe, ya que no nos encontrábamos ante esos caballeros que tenían todo bajo control y una apariencia impecable, o ante ese rebelde retraído de increíble belleza; estábamos ante la figura de un neurótico, inseguro y con un aspecto muy alejado del término “apuesto”.

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Sus cavilaciones sobre el sentido de las relaciones de pareja, la diferencia de pensar entre hombres y mujeres, las neurosis sexuales o las auto reflexiones sobre las crisis existenciales, le valieron a Allen, gran cómico y dramaturgo, un puesto de honor entre los cineastas del New Hollywood. Con su particular forma de abordar con exquisito humor e ironía los dramas más personales de los seres humanos, elaboró el sustituto perfecto de la alta comedia de los años dorados.

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Por otro lado, Stanley Kubrick con su estilo único y su dominio impecable de la técnica, revolucionó las posibilidades del genero de ciencia ficción con su famosa 2001, una odisea en el espacio. Posteriormente Kubrick volvería a demostrar que él era un verdadero outsider, ya que desvinculado por completo de cualquier movimiento social, hizo títulos tan dispares y brillantes como La naranja mecánica o Barry Lyndon . Realmente no se podría englobar a Kubrick como uno de los cineastas del new Hollywood, sin embargo por su estilo novedoso y propio creo que merecía una leve mención.

La relación entre el director y la musa; John Cassavetes

Un elemento característico del cine de los años 60 y 70 es la relación que comienza a establecerse entre los directores y sus denominadas musas. Casos como el de Ingmar Bergman y Liv Ullman, Godard y Anna Karina o Woody Allen y Diane Keaton han confirmado los curiosos binomios que se establecieron en esa época.

No obstante en mi opinión uno de los tándem más fascinantes fue el formado por John Cassavetes y Gena Rowlands. Sin lugar a dudas Cassavetes es un claro ejemplo del director estadounidense incomprendido que debe buscar en el viejo continente la atención que su país le niega.

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Con su primera película Shadows (1959) tuvo que guerrear sin éxito con varias distribuidoras para conseguir financiación, finalmente fue en Europa donde recibió el reconocimiento esperado en el festival de Venecia. Dicha recompensa le permitió que los distribuidores europeos mostrasen su obra en estados unidos presentándola como un producto de importación.

Pese a sus disputas con las distribuidoras de su país, Cassavetes consiguió llamar la atención de los estudios de Hollywood . Películas como A child is waiting (1963) o A woman under the influence trataban damas intrínsecos en las relaciones interpersonales, escarbaban en el interior del alma humana y mostraban con asombrosa naturalidad situaciones en las que el espectador podía verse reflejado.

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Uno de los rasgos más  particulares del cine de Cassavetes y en el que se aprecia el estilo europeo  es su capacidad para dejar que los actores pudiesen nadar libremente en su expresividad artística. El director comprendía la importancia del trabajo de actor ya que el mismo ejerció como tal, por lo que sabia que era imprescindible escuchar lo que tenían que decir para alcanzar mayor perfección con los personajes que interpretaban. Su manera desenfadada y anti academicista de manejar la cámara le otorgaron un estilo característico en su forma de hacer cine.

Italoamericanos en Hollywood: Coppola, de Palma y Scorsese

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Dicen que si te das un paseo por Little Italy puedes viajar a Italia sin necesidad de salir de los Estados Unidos. La inmigración italiana a principios de siglo XX y las generaciones que posteriormente continuaron asentadas en ciudades como Nueva York, propiciaron una amalgama de diversidad y mezcla cultural que se pudo reflejar de forma magistral en el cine de los años 70.

La influencia de la mafia en el periodo de la ley seca o las extrañas y bien sabidas amistados de Sinatra y su Rat Pack con los más importantes peces gordos de la camorra italiana fueron una afluencia de inspiración para esos italoamericanos de tercera generación que habían estudiado cine y no olvidaban sus orígenes.

Uno de los hombres más influyentes fue Francis Ford Coppola, quien sin olvidar sus orígenes y sintiéndose agradecido de las oportunidades que le brindaba el país que le vio nacer decidió expresar sus sentimientos más profundos como italianoamericano.

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Pese a que destacan muchos títulos en su filmografía, probablemente la obra más destacada es su trilogía de El padrino, una adaptación de la novela de Mario Puzo con la que se mostró reacio en sus inicios debido a sus dudas con el proyecto, además de la falta de confianza que había mostrado la Paramount al confiarle la dirección de la película debido a que, pese a su existo por co-escribir el guion de Patton, las pocas películas que había dirigido habían sido un fracaso de taquilla. Sin embargo, a petición del propio Puzo, la adaptación de su novela debía ser dirigida por un italoamericano.

Probablemente El padrino fue una de las producciones más polémicas de Hollywood. Tras recibir numeras quejas e incluso amenazas si el proyecto finalmente veía la luz, la obra dirigida por Coppola es sin lugar a dudas un fiel reflejo de la familia mafiosa italiana. Una imagen descarnada, fidedigna e incluso costumbrista de los valores y códigos propios que la mafia tenía entre sus parientes. El dominio de la técnica, unidos al guion y la interpretación de sus actores, han convertido esta trilogía en un clásico. Cabe destacar que, pese a ser completamente una tergiversación de la realidad, el propio Orson Welles en su autobiografía afirmaba que la película de Coppola era en realidad un retrato de todos esos magnates que explotaban y monopolizaban la industria cinematográfica en sus inicios. Probablemente estas declaraciones de Welles solo sirven para afirmar que la falta de escrúpulos no tiene nada que ver con las raíces ni la cultura de un país; en Estados Unidos ya estaban servidos.

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Otro director que se merece una reseña es Brian de Palma.  Fue el primero en empezar a dirigir de los tres directores, en sus inicios su visión se centró más en la guerra de Vietnam y  los acontecimientos que sacudieron a la izquierda norteamericana en la década anterior, todo ello cargado de un estilo satírico y contracultural. No obstante, y por desgracia, el estilo de Palma fue transformándose mediante se iba adentrando de lleno en el cine comercial.

Ese cambio se puede comenzar a apreciar en Hermanas (1973) donde muestra su clara inspiración en el cine de Alfred Hitchcock (algunos más que inspiración dirían plagio) que ha mantenido en sus películas posteriores, además de un marcado estilo voyeurista también característico de su cine.

El antihéroe americano; Martin Scorsese y Taxi Driver

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Dejando a un lado mis preferencias personales, seguramente muchos coincidirán en que si alguien ha sabido expresar de forma magistral el espíritu italoamericano en el cine de Hollywood ese ha sido sin duda alguna Martin Scorsese.

Con títulos tan destacados como Uno de los nuestros, Toro Salvaje o Casino, quizá una de las películas que mejor refleja el espíritu contracultural del New Hollywood es Taxi Driver.

Scorsese crea el personaje de Travis Bickle y con él al antihéroe americano. Y digo antihéroe porque Travis no tiene nada bajo control, de hecho es incapaz de controlarse a sí mismo. En la figura de ese hombre aquejado de insomnio que transita las calles de Nueva York en su taxi mientras observa con desencanto y una profunda amargura  la lacra que baña su ciudad durante la noche, Scorsese recrea perfectamente la realidad que se esconde tras el sueño americano. Podríamos decir que es una película que a tientas puede servir como un documental sobre la situación en las grandes ciudades de los años 70.  El racismo, la inseguridad, las drogas y la prostitución salen a relucir cuando cae el crepúsculo y hacen un paralelismo escéptico con esas ilusiones políticas que se esconden tras las campañas de los senadores a plena luz del día. Dos caras de una misma moneda que Travis observa silencioso desde su taxi.

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Con Taxi Driver se innovó no solo en guion sino también en narrativa audiovisual. La escena de Travis repitiendo su discurso ensayado frente al espejo, el tiroteó en el prostíbulo o el travelling aéreo en una de las escenas finales, muestran una visión diferente e innovadora en la forma de manejar la cámara. Los planos detalles de los ojos en el retrovisor y el seguimiento que Martin Scorsese hace de Robert De Niro unidos a las reflexiones de su personaje, que lleva en solitario todo el peso de la película, mostraron una forma diferente de hacer cine. Una innovación que resultaba necesaria en el Hollywood de aquellos años.

Mirando hacia los 80; el inicio del cine comercial

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El new Hollywood llegaba a su fin, pero me atrevería a decir que el acontecimiento que propicio su extinción fue el estreno en 1977 de una de las sagas más famosas de la historia, que tenía un único responsable, su nombre; George Lucas.

En 1977 se estrenaba Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza el primero episodio de una de las sagas más famosas de la historia del cine. Con una genial historia donde refleja la guerra civil en una galaxia galáctica, George Lucas (que se inspiró principalmente en la obra de Akira Kurosawa y el escritor Joseph Campbell, padre del conocido concepto narrativo El viaje del héroecreó un universo que no solo revoluciono el género de ciencia ficción si no que cambio, por suerte o desgracia, la forma de hacer cine.

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Tras su estreno y debido al poco apoyo que recibió para la promoción de la película por parte de la 20th Century Fox, la productora Lucasfilm contrató como director de marketing a Charles Lippincott; el resto es historia.

Las grandes productoras vieron como niños de todo el país querían tener todos los productos de la película, esa forma de merchandising nunca antes vista en Hollywood iluminó una bombilla en la mente de los productores que vieron en ese tipo de películas una forma de hacer dinero mucho más fructífera que el cine contracultural que habían financiado a los nuevos realizadores.

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El director Steven spielberg, tras el éxito obtenido con Tiburón y Encuentros en la tercera fase, vio en el éxito de la película de George Lucas la oportunidad de poder desarrollar una historia inspirada en los relatos de aventuras de los años 20 y 30. Con la ayuda de Lucas, gran amigo del director, escribió el guion sobre las peripecias de un profesor de aqueología. Por recomendación de George Lucas, Spielberg eligió para el papel protagonista a Harrison Ford; había nacido el personaje de Indiana Jones.

Tras el éxito de Indiana Jones: En busca del arca perdida Spielberg volvió a cosechar fortuna en taquilla con el estreno en 1982 de la mítica E.T, el extraterrestre, durante el trascurso de la década repetiría la fórmula anterior produciendo títulos tan famosos como Regreso al futuro o Los Goonies.

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Los años 70 habían llegado a su fin y con el éxito de Tiburón en 1975 el cine revolucionario encargado de criticar los problemas sociales en contraposición con el entretenimiento se vio gravemente afectado. Posteriormente recibió la estacada de muerte con el enorme éxito de Star Wars y los sucesivos fracasos de La puerta del cielo (1980) de Michael Cimino  ­y Corazonada (1982)  de Francis Ford Coppola.

Los intentos de crear un estilo más satírico y social habían sido mermados ante esa avalancha comercial cosechadas por las superproducciones. El público acogió de forma positiva el entretenimiento en contraposición de la crítica social, el estado de bienestar de norteamericana se había asentado definitivamente y las campañas publicitarias ejercían una influencia más salvaje que nunca en las masas. El propósito de realizar un cine para ejercitar las mentes había muerto y ahora los ejecutivos de las productoras y distribuidoras miraban hacia la nueva década de forma esperanzadora, estaban ante el inicio del cine familiar de los 80.

 

Claudia BM

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