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El cine tiene un objetivo que a veces cumple y otras veces no, y es el de dejar huella en el espectador. Esto sucede cuando la persona, tras haber visto la película, se queda pensativa y comenta lo que acaba de ver, lo reflexiona. Todo esto es lo que nos ha sucedido con el largometraje del que vamos a hablar ahora, que anticipamos desde ya que es una maravilla que pudimos descubrir en el 50 aniversario del Festival de Sitges bajo el nombre de A Ghost Story, un cuento de fantasmas que nos dejó perplejos. Aviso a navegantes: no es una película muy común, ya que aquí los fantasmas vagan despacio, no para asustar, sino más bien para llorar…

Érase una vez un fantasma que se sentía solo, muy solo, y no sabía muy bien adónde ir. De eso trata el último filme de David Lowery (Peter y el dragón), porque siempre vemos cómo se queda una persona en vida tras la pérdida de un ser querido, pero nunca nos ponemos en el lado opuesto, en el lado del que se va. Y pensarás, ¿esto qué es? ¿Un programa de Iker Jiménez? Pues no, es lo que plantea Lowery e, independientemente de que creas o no en fantasmas, este planteamiento se te puede pasar por la cabeza cualquier momento.

Debemos reconocer que a primera instancia no esperábamos nada de esta película, pero salimos anonadados, con la piel de gallina y los ojos llorosos. ¿Qué hiciste con nosotros, querido Lowery? Ni más ni menos que tocarnos el corazón con la historia de una pareja que es separada por un terrible accidente, una situación muy común en otros largometrajes que aquí Lowery trata de otra manera. Tras esto, el fantasma del hombre se queda vagando en lo que fue su casa, siguiendo los pasos y la vida de su esposa.

Nos encontramos ante una de las mejores películas del año y no, no es un mito, ni lo típico que se dice por el puro marketing. Eso sí, hay que decir que quizá no tenga un punto intermedio y al público exigente al que le guste el ritmo dinámico y veloz no le convenza nada, pero los que sean de todo lo contrario, la llegarán a amar. A Ghost Story es de un ritmo lento, pero a la par diferente y especial, y eso es lo que nos enganchó desde su primera secuencia. Sin embargo, a medida que va avanzando, nos presentan a los dos personajes, y la narración, que se vuelve más ágil, la lleva el fantasma. Este es el punto principal de la interesante trama del filme de bajo presupuesto (aquí lo que importa es la historia, y no los efectos especiales), del viaje por el que nos guiará en el espacio-tiempo el fantasma por su casa, por su hogar.

La soledad, el amor, el limbo entre la vida y la muerte… En definitiva, temas de la vida misma son los que rodean los 92 minutos de metraje. Cada plano, cada secuencia, tiene un grado alto de cuidado, sensibilidad y valentía. ¿Quién se atrevería a hacer un plano de alrededor de 5 minutos de una chica comiéndose de principio a fin (sin cortar escena) una tarta? Lowery lo hace. Esta escena refleja a la perfección la soledad, la impotencia y el ansia pura. Otro elemento que podría resultar absurdo es la vestimenta del fantasma: visualmente, el espíritu es el típico fantasma que todos imaginamos con una sábana blanca, pero es tan sutil, tan sentimental y tan elegante durante toda la película que lo absurdo lo convierte en sensato.

Los encargados y valientes de dar vida a esta historia son Rooney Mara (Lion) y Casey Affleck (Manchester frente al mar). Ellos consiguen sin apenas diálogos emocionar al público y tocar con sus silencios hasta el alma del espectador, haciéndoles vivir un duelo como el que viven ambos personajes. La trama pone encima de la mesa planteamientos filosóficos, destacando así la escena en la que en la casa del fantasma se está en plena fiesta y el personaje que interpreta el cantautor Will Oldham protagoniza un monólogo que podría ser el resumen de todos los temas que se tratan en la película. Un momento que nos llegará a poner el corazón en un puño, acompañado de una preciosa banda sonora que ayuda a crear aún más la atmósfera y el tono melancólico de la película. Una película que, a fin de cuentas, narra la historia de un fantasma: una historia de un fantasma muy simple y, a la vez, muy compleja.

A Ghost Story es una película de fantasmas romántica, poética y con frases que dicen mucho de cada personaje, y que dejarán huella, como la siguiente:

Cuando yo era pequeña, nos mudábamos todo el tiempo. Escribía estas notas, y las doblaba muy pequeñas… y las escondía, en diferentes lugares; así que, si alguna vez quería volver, allí estaría un pedazo de mí esperando.

Y precisamente más de un pedazo de esta historia es lo que ha quedado y quedará ya por siempre en nosotros. Muchas gracias, David Lowery, por hacernos ver que en lo distinto está lo especial.

 LO MEJOR:

  • Una película diferente.
  • La escena de la tarta.
  • Los protagonistas y su interpretación gestual, silenciosa.
  • Emocionante historia y reflexiva.

LO PEOR:

  • No terminar de verla.
  • No valorarla.

María Páez

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