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Entramos en la última semana de la Feria del Libro de Madrid y aprovechamos para haceros algunas recomendaciones interesantes, tanto desde el punto de vista literario como cinematográfico.

En esta ocasión vamos a referirnos a la reedición de Anagrama de la novela de JEAN-PATRICK MANCHETTE, CAZA AL ASESINO, cuya adaptación al cine ha sido recientemente estrenada (ver crítica aquí). Vaya por delante decir que vamos a hablar de una literatura contestataria que en los años ochenta comienza a impregnarse frustración. Son los penúltimos coletazos de una generación de soñadores que gritaba en las calles de mayo del 68 “seamos realistas, pidamos lo imposible”. Pero pedir no fue suficiente. El desencanto y la impotencia aguzan la creatividad. De la misma manera que los escritores franceses del 45 habían reinterpretado la novela negra americana rescatándola de su marginalidad (gracias a la editorial Galimard con la serie que se llamaría polar, por la palabra policier), en los setenta se retoma el género para impregnarlo de connotaciones políticas y de denuncia social: el neo-polar. Es curioso que sea en la novela negra, igual que hará el cine negro, aparentemente basada en la acción y la intriga, donde encontremos las críticas más ácidas y letales de los problemas de la sociedad. Su éxito radica en que nos lo cuenta desde dentro, sin necesidad de excusas ni explicaciones. Un submundo que se contempla a sí mismo como complemento necesario de una sociedad enferma que necesita esconder sus desechos. Y el efecto es tan estimulante como implacable: las máscaras no sirven en este lado. La crítica se revierte y aniquila las tranquilizadoras creencias maniqueas. Ya no existe el bien y el mal. Lo que existe es una realidad compleja que genera mundos contradictorios con valores contradictorios. Los antiguos héroes son antihéroes y nuestra admiración se incrementará de forma proporcional a su patetismo.

 

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Éste será el inmejorable caldo de cultivo para el desahogo del desengaño sufrido por una generación llena de ideales que se dieron de bruces con la realidad (algo así refleja la última película de CANTET, REGRESO A ÍTACA). Pero MANCHETTE no se va a quedar en la crítica fácil a la sociedad capitalista y los monstruos que genera, se va a extender a la misma izquierda que él representa, incapaz de cumplir el imposible sueño revolucionario. De este modo el autor se ha quedado sin refugio, no critica desde una postura, critica desde el vacío, la desesperanza, el existencialismo más destructor. Para superar este desamparo vital recurre al humor negro, el cinismo, al exceso… pero sobre todo recurre a la estética.

 

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El conductismo, como reacción al psicologismo de la literatura más intelectual, será la técnica perfecta para el lenguaje literario de MANCHETTE. Se trata de un estilo descriptivo que se limita a recrear en nuestra mente las imágenes que el autor quiere que veamos. Una técnica casi cinematográfica en la que cada adjetivo, cada gesto, el orden en que se producen los movimientos, los sonidos… nos da una información indispensable para entender la escena en toda su plenitud. La apariencia fácil y directa de su literatura es engañosa. Debemos estar atentos a cada detalle para comprender exactamente qué es lo que está ocurriendo. Respiramos con los protagonistas porque, como en la vida, sólo contamos con la información de lo que vemos a través de las palabras del escritor. En las imágenes que proyecta en nuestra mente está todo. La deducción se convierte en un estímulo adictivo.

 

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SEAN PENN y JAVIER BARDEM en una escena de la película CAZA AL ASESINO

En esta ocasión la crítica política se centrará en el contexto de la Guerra Fría. Martin Terrier es un asesino profesional que trabaja para una organización secreta que se dedica a eliminar individuos molesto (bajo las directrices de las políticas democráticas occidentales, o sea, las que no son soviéticas o de su círculo de influencia). Gracias a alguna analepsis sabremos que los intereses de Martin son exclusivamente económicos y que tienen plazo de caducidad. Tras diez años ha reunido dinero suficiente para retirarse y cumplir una promesa que ha convertido en el credo de su existencia. Sin embargo, los alimentos del alma son confusos. Ni sus antiguos jefes están dispuestos a dejarle marchar, ni la fe convierte los credos en ciertos. Aparentemente se trata de una historia convencional, pero MANCHETTE la salpica de elementos desconcertantes, ridículos (absurdos en ocasiones) y de una violencia extrema, que tan pronto nos remiten a la alegoría más simbólica, como a la burla más cruel y cínica.

CAZA AL ASESINO, también conocida con el sugerente título de “Cuerpo a tierra”, publicada en 1981, es la última novela de MANCHETTE. En una entrevista posterior se explicaba: “hemos entrado en los sucios ochenta y yo ya no podía escribir más”. Sin embargo ellos mismos los habían anticipado. Si la frustración dio lugar a una estética del desprecio, de la burla y la irreverencia, éticamente justificable, los ochenta se quedaron sólo con la segunda parte, una estética carente de cualquier ética. La suciedad más ostensible que lo iba devorando todo al servicio del consumidor. Otro triunfo del capitalismo cuya capacidad camaleónica y fagocitaria supera cualquier logro de la evolución. Triste resulta ver hasta qué extremos se ha llevado esta tendencia en nuestros tiempos.

 

Marina Calvo

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