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El Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF 2016) abrió ayer su decimotercera edición con una gala inaugural presentada por el periodista Javier Gallego (Carne Cruda) en la que se entregó el Giraldillo de Honor al actor Vincent Lindon y que contó con la presencia de numerosos rostros del cine europeo. La película que el equipo de José Luis Cienfuegos ha seleccionado para abrir el festival es Une vie, una apuesta valiente que se aleja de la tradición de inaugurar festivales con películas comerciales de mayor renombre.

Une vie

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(Por Fon López)

La cinta de Stéphane Brizé adapta la primera novela de Guy de Maupassant, que nos sitúa en la Normandía de principios del siglo XIX. Rodada en formato 4:3, recorre justamente (y entre muchas acertadas elipsis) una vida, la de Jeanne. La joven regresa a su casa tras estudiar en un convento para encontrar un marido y enfrentarse a la vida adulta y sometida de las mujeres de su época.

Sin apenas ningún poder de decisión sobre su destino, en las dos horas de película asistimos a los infortunios de una mujer que solo quiere vivir en paz con los suyos. Encarnada magistralmente por Judith Chemla, la protagonista encadena tragedias que son consecuencia directa de su entorno aristocrático y patriarcal, con unos padres que la empujan a un matrimonio con un marido autoritario e infiel, un hijo que toma constantemente malas decisiones e incluso un sacerdote que le muestra las terribles consecuencias de mantenerse firme en sus convicciones.

A ratos pudiera parecer que una vida se nos pasa viendo la película debido a su ritmo lento y pausado, pero esta refleja con acierto las tediosas costumbres cotidianas de la aristocracia rural francesa, lejos del ornato de las películas habituales sobre burgueses.

Brizé sorprende en su séptimo largometraje con una dirección centrada en los pequeños detalles y muy alejada de los grandes excesos dramáticos tan comunes en el género. Sustituye la pomposidad por un realismo tan sobrio como certero.

The Student

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(Por Pablo Herrera)

Mal titulada como The Student, la última película del cineasta ruso Kirill Serebrennikov era una de las propuestas más esperadas de la noche inaugural. El discípulo, como se traduciría literalmente del ruso, narra una historia universal sobre el dogmatismo y el poder de la religión en la educación de muchos países.

Tras ganar el Premio François Chalais en Cannes y el Premio del Público en el Biografilm Europa, el filme se estrena en Sevilla en la sección Las Nuevas Olas, donde se encuadran las nuevas tendencias emergentes del continente, siendo habitualmente películas más minoritarias que la Sección Oficial.

The Student, sin embargo, lo tiene todo para haber subido de categoría. Su protagonista, Pyotr Skvortsov, encarna a un adolescente que comienza a interpretar la Biblia literalmente. Lo que parece una pataleta adolescente para evitar las clases de natación se va convirtiendo en un problema mucho mayor, dispuesto a sacudir las creencias y enseñanzas de su instituto.

Frente a la figura de este nuevo Mesías, dispuesto a martirizarse por su dios, emerge su profesora de biología, Viktoriya Isakova, psicóloga del centro y pedagoga, dispuesta a plantarle cara mientras su familia y compañeros deciden claudicar.

La película hace especial hincapié en la situación de la Rusia contemporánea, donde la religión ha comenzado a asumir el papel que quedó libre tras la caída del comunismo, y la homofobia y la xenofobia campan a sus anchas refugiándose en el respeto a los sentimientos religiosos.

El mensaje, aunque sea una radiografía certera de la Rusia actual, también es completamente universal. Las citas de la Biblia que su protagonista se sabe de memoria y recita en cada momento son las mismas que se dicen en España desde los púlpitos y en los mítines políticos. Y es que el libro sagrado, por mucho que su profesora se encargue de rebatirlo científicamente, sigue siendo la palabra de Dios para un gran número de personas. También para aquellos que por inercia, como su madre, o por algún otro motivo oculto, como el personaje de Aleksandr Gorchilin, terminan apropiándosela.

Se trata de una historia contada con mucho ritmo en dos horas que se pasan volando, con una fotografía espectacular en el que la luz y el color dejan de lado los paisajes bucólicos invernales que llenan el imaginario colectivo cuando hablamos de Rusia.

Una apuesta que ha debido ser polémica en su país y que no deja títere con cabeza. También una película con posibilidades de llevarse el máximo galardón de Las Nuevas Olas, con un cine comprometido y entretenido, que te hace pensar, te divierte y te aterra a la vez.

A falta de ver (mucho) más cine estos días en Sevilla, Une vie y The Student nos parecen propuestas muy acertadas para esta jornada inaugural. De momento, ya tenemos actriz y director candidatos a protagonizar el palmarés.

Fon López y Pablo Herrera

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