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Yona, Princesa del Amanecer (Akatsuki no Yona) lleva ya casi diez años cosechando méritos con su obra original. Gran parte de su éxito se debe a su adaptación al anime, que consiguió llegar a todo el público occidental que aún se escapaba a sus encantos. Hablamos de una obra de tintes románticos que ve más allá de los propios límites de su género y se siente capaz de añadir nuevos elementos a su fórmula para hacerla transmitir.

¡Sigue el viaje de Yona y sus compañeros junto a nosotros!

Mizuho Kusanagi se presenta como la autora de la obra, tanto de su narrativa como de su ilustración. La misma debutaba con Yona el año 2009 en en la revista Hana to Yume (una revista shōjo que ha visto nacer obras del calibre de Fruits Basket o Karekano) en agosto de 2009. Tras esto la obra ha conseguido publicar ya más de 25 tomos, siguiendo abierta y sin arco final anunciado por el momento. Gracias a su éxito, Akatsuki no Yona consiguió trascender al papel y llegó a la televisión japonesa de manos de Pierrot. Dirigida por Kazuhiro Yoneda (Code Geass) y escrita por Shinichi Inotsume (Gangsta., Persona 5 the Animation) su anime contó con 24 episodios. Además de esto se lanzó una OVA de tres episodios tras su finalización.

Yona, Princesa del Amanecer destacó entre los lanzamientos presentados por Norma Editorial durante el pasado XXIII Salón del Manga de Barcelona, siendo uno de los mangas más pedidos por el público. Una vez superada esta primera toma de contacto con el universo creado por Mizuho Kusanagi, comenzamos la reseña de Yona, Princesa del Amanecer #1. Un análisis donde no destriparemos detalles sustanciales de su argumento e intentaremos ir más allá de lo que vemos a primera vista.

Reseña de Yona, Princesa del Amanecer #1, de Mizuho Kusanagi cartel reseña - el palomitron

Yona, Princesa del Amanecer es un shōjo con tintes fantásticos y una ambientación histórica con una cierta reminiscencia a La Heroica Leyenda de Arslan. Sus páginas se encuentran repletas de sentimientos, donde predomina la fuerza ante la adversidad, el amor y las peores facetas que este puede traer consigo mismo: el dolor, la traición y la venganza.

Su historia nos pone en la piel de la joven Yona, princesa única del Reino de Kouka e hija de emperador más afable y diplomático de su  historia. Gracias a esto Yona consigue crecer en un ambiente de lujo, rodeada de las mejores prendas, comidas y joyas. Y no solo eso, el amor de su padre y el cariño de su primo Soo-won, de la que está profundamente enamorada. No obstante, ni la propia princesa está a salvo de la desgracia.

La verdadera historia de Yona da comienzo cuando esta es traicionada por una de sus personas más cercanas. Este suceso le llevará a abandonar sus comodidades y lujos, teniendo que dejar su castillo y posición, enfrentándose a una cruda realidad que la chica aún no había descubierto. Pese a guardar cierta similitud con La Heroica Leyenda de Arslan, Yona se desmarca en su exilio al mostrar a una chica rota y abandonada por su propia fuerza. Una chica real, incapaz de aceptar las invisibles agujas que atraviesan su corazón  y hacen añicos su mirada al verse atrapada en una realidad alternativa, impensable y, mucho menos, esperada.

Es algo con lo que su autora juega de forma sutil. Presentando ambas caras de la misma moneda —la feliz y sonriente Yona de palacio frente a la abatida chica sin hogar al que volver— en un mismo tono, pero tratándolo siempre todo con un punto de esperanza, de optimismo, que siempre recae en Hak, guardaespaldas y amigo de la infancia de la protagonista. Lo hace ya desde un primer momento, abriendo la obra con una cita capaz de enmarcar todo su trasfondo, “no sabía que podría hacer tanto frío fuera del castillo”.

Lo que encontrará Yona fuera de su lugar es desconocido. No solo para ella, sino también para el lector, especialmente aquel que no se haya aventurado en su adaptación hasta ahora. Aunque este primer tomo no deja de ser una toma de contacto para conocer a sus personajes y plantear el esqueleto de su argumento, ya deja entrever un largo, y duro, desarrollo de personajes. Yona ha pasado de lo más alto a lo más bajo y si quiere sobrevivir deberá aventurarse en empresas con las que, seguramente, no habría soñado jamás. Y aquí es donde recae el peso de su trama, en ver como la chica supera las adversidades y sale adelante. Especialmente mientras nosotros lo hacemos junto a ella.

El ritmo de este primer tomo de la serie presenta unas pausas muy marcadas. Algo que no será del gusto de todos, especialmente de aquellos que busquen acción y aventura, pero que hace un gran trabajo a la hora de presentar a todos sus actores y actrices. Tocará esperar ver como continúan los siguientes pero es fácil denotar que nos encontramos ante la primera piedra, el pilar más básico sobre el que se sostiene la obra. Uno que no destaca quizás, pero uno necesario y tan importante como el que más. Despacio y buena letra, dice el maestro en la escuela y, amaestrando el refrán, Mizuho Kusanagi nos deja claro que sabe como tratar los espacios.

A nivel artístico Yona, Princesa del Amanecer se adapta a su historia, como si bailasen cogidos de la mano. Refuerza ese llamamiento, muchas veces ignorado, sobre el género shoho, recordando que no es un género exclusivamente romántico, sino enfocado a un público joven femenino. Simplifica los escenarios con la intención de enfocarse en sus personajes, a los que brinda un gran nivel de detalle, enalteciendo sus figuras, especialmente la de Yona. Brilla en el entramado, con un uso constante de este recurso para reforzar todos los detalles de sus personajes, logrando un resultado impecable.

No duda tampoco en romper sus encuadres cuando necesita presentar a sus personajes por encima de la propia escena. Un recurso que utiliza constantemente con la figura de Yona, especialmente en los momentos más dramáticos, cuando es necesario ahondar en la inmersión del lector. Con todo, y aunque este primer volumen tiene pocas oportunidades de mostrar acción entre sus páginas, Kusanagi demuestra ser capaz de plasmarla sin problemas. Con planos amplios, dejando espacio suficiente para magnificar los movimientos y llevarlos a ese nivel, exagerado pero increíblemente resultón, que suele darse en las obras de fantasía.

Reseña de Yona, Princesa del Amanecer #1, de Mizuho Kusanagi cartel edicion - el palomitron

Norma Editorial anunció, durante el pasado XXIII Salón del Manga de Barcelona, a las puertas de cerrar el año, la llegada de Yona, Princesa del Amanecer a nuestro país. Su salida oficial se produjo el pasado 23 de febrero. Los siguientes cuatro tomos se lanzarán entre el mes de marzo y principios de abril, finalizando en su quinto tomo, a partir del cual tendrán una periodicidad mensual. Su diseño y nivel de detalle son, como ya es costumbre en su línea editorial, de un cuidado impecable. Para más inri en Norma Editorial en decidido realizar algunos cambios en su formato para mantener la obra a un nivel de calidad, si es posible, superior a la original. El primero se refiere a su portada, ya que en su edición japonesa esta se ve alterada a partir del doceavo tomo, algo que no pasará en la versión nacional, a favor de su coherencia visual. Otro cambio que comporta la edición es el de su sobrecubierta, que toma la ilustración recortada del reverso del tomo original para utilizarla en su sobrecubierta.

Yona, Princesa del Amanecer #1 está compuesto por 192 páginas, con ilustraciones en blanco y negro, siguiendo el clásico formato tankoubon con una edición rústica con sobrecubierta y una dimensión de 11,5×17,5 cm. Para celebrar su llegada Norma Editorial ha lanzado sus dos primeros tomos de forma simultánea y a un precio reducido durante toda su primera edición. Su siguiente tomo tampoco vendrá solo, y es que lo acompañará (de regalo) un posavasos magnético, de diseño exclusivo para la edición española.

Óscar Martínez

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