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BIBLIOTECA: HISTORIAS DE AMOR #1

El instituto es una de las etapas más complicadas de nuestra vida. La romantizamos en la ficción y le quitamos peso cuando nos encontramos lejos de su posición. Pero sigue siendo una etapa complicada. Celos, mentiras, secretos. El despertar de la adolescencia que, muchas de las veces acaba por tornarse en un aspecto mucho más oscuro del que la sociedad querrá jamás reconocer.

El bullying y los ataques no toman solo forma de acoso. También de miedo. El miedo a ser descubierto, a ser enfocado, a que cualquier acto pueda ponerte en medio de un escenario que amenaza con desestabilizar tu vida entera. En un entorno pasivo-agresivo donde el miedo juega una parte importante del día a día para muchos de los chicos y chicas que atraviesan esos pasillos, cualquier secreto es un peso inamovible. Historias de Amor, de Norma Editorial, es una obra que se mueve sobre estas líneas para contar, de forma más amable, como se supone el peso de ocultar tu propia existencia en la secundaria.

Reseña de Historias de Amor #1


«Es solo que el corazón nunca se me acelera con ninguna chica».

Historias de Amor parte de la premisa más simple e inocente que puede concebir el género. Yamato Yoshinaga es homosexual. Una identidad sexual que mantiene en secreto de sus compañeros y amigos por el miedo a que su relación se desestabilice y caiga bajo la idea de que su amigo sea “diferente”. Una historia compartida por muchos y muchas que Tohru Tagura contempla a través de un prisma propio, donde la historia de Yoshinaga forma parte del conjunto y no se supone como la total protagonista de la obra, sino una de sus actrices.

Y es que el comienzo de la obra viene definido, no por Yoshinaga, sino por Yuiji Hasegawa, quien acaba por descubrir el secreto que Yoshinaga no se atreve a contar a sus compañeros y que, tras mantener una relación de recelos —estructurada entorno a la idea de que Yoshinaga se encuentre enamorado del mejor amigo de Hasegawa— acaba por descubrir que el chico no solo no es diferente, sino que es todo lo agradable que podría esperarse de una persona.

Con este ideal Tagura juega con el género sin necesidad de entrar en deconstrucciones, fomentando una relación de amistad entre ambos chicos, siendo la identidad sexual de Yoshinaga un punto en común pero, de nuevo, nunca la protagonista. Es, en esencia, un punto a través del que conectan inicialmente los personajes y que sirve como punto de corte para mostrar las nulas diferencias que se suponen entre ellos, fomentando una tierna relación de amistad a través de la cual Yoshinaga consigue una fuente para explotar los sentimientos que lo atenazan y, mientras, Hasegawa encuentra una forma de entender las formas del amor.

«Después de todo, uno no elige de quien enamorarse».

Así, Historias de Amor se convierte en una narración principalmente dividida entre los pensamientos de uno y del otro, que acaban por conectar en forma de entendimiento mútuo a medida que los chicos van construyendo su relación. Un Boy’s Love que no pretende construir historias románticas desde el inicio, sino que trabaja con una lenta evolución que crea un entorno mucho más orgánico y real pero que, a su vez, también disuelve su carga emocional en un amplio abanico de escenas casuales que emborronan su principal objetivo.

Una combinación que convierte a la obra en un lienzo basado en esta etapa de la vida, pintada con los recuerdos de la autora y oxigenada por un plantel de personajes conscientes y sintientes, que abren la veda a una narración más centrada en la reflexión y los pensamientos propios que no a las conversaciones y la interacción. Hablamos, de nuevo, de una obra especialmente lenta, contemplativa en lo sentimental y que va saltando de relaciones interpersonales a los problemas y pensamientos de sus personajes.

Un punto en el que también se enfoca, particularmente, en el peso social de sus escenas. Algo que, si bien no centraliza el poder narrativo de la misma, asoma en repetidas ocasiones para hablar de ese factor tan presente en la vida de los estudiantes. En el miedo y el “qué dirán”. En las afiladas bromas de pupitre que repiten una y otra vez la necesidad de adaptarse a la corriente. A la normalidad. «Pero… ¿qué narices es normal?».

Y es que mientras Tagura nos habla de relaciones entre personajes, de amistades y la fortaleza de los sentimientos masculinos en este sentido, también destaca el miedo de Yoshinaga a quedarse solo. La tierna y adorable confusión de Hasegawa al no saber cómo empatizar con su compañero o ayudarle o la igual de romántica promesa de “hacerle la vida más fácil”. Porque, al menos en este primer volumen, Historias de Amor parece querer ir un punto más allá de las bases del género al no suponer una relación intrínsecamente romántica, sino que se mueve a través del recíproco sentimiento de amistad que une, inicialmente, a sus dos protagonistas.

Con todo, resulta evidente el cambio de formato para su autora, que construye con esta su primera serie, abandonando su anterior trabajo en tomos únicos. Y es que, pese a todas sus virtudes, Historias de Amor #1 parece perderse en su propia narrativa en momentos puntuales, con una evolución marcada que avanza a pequeños trompicones y parece destacar una suave falta de experiencia que, si bien ayuda a enmarcar el tono de ternura de la entrega, también juega en su contra a través de un desarrollo a veces difícil de entender. Todo lo contrario ocurre con el estilo de la misma, que plasma sobre el papel trazos suaves y personajes tan diferenciados como totalmente expresivos.

Cómo es la edición de Historias de Amor #1


Historias de Amor se convierte en uno de los primeros Boy’s Love que llegan a Norma Editorial en la actualidad. Precedido por Color Recipe, marca un importante regreso a un género con un amplio y creciente público en nuestro país con un notable cambio de ritmos y enfoques tras la obra de Harada, apostando, por lo tanto, por un espectro mucho más amplio dentro del mismo género.

Un volumen que aporta una gran dosis del talento de Tohru Tagura a través de una portada tan simple como notable, que efectúa una clara declaración de intenciones a través de su trasfondo, definiendo su marco slice of life y presentando a Yoshinaga y Hasegawa, sus protagonistas, de una forma desenfadada, que hace hincapié en la misma relación de amistad que la autora explora a lo largo de todo el primer volumen de la obra.

Su formato se establece bajo el clásico formato de encuadernación rústica con sobrecubiertas, acompañada de 184 páginas en blanco y negro a las que se suman un total de seis a color. Añadir que el volumen está perfectamente localizado a nuestro idioma gracias al trabajo de Marta E. Gallego, por parte de Daruma Serveis Lingüístics.

Óscar Martínez

Banner Norma Editorial marzo 2020 - El Palomitrón

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Escribo más que duermo. Ávido lector de manga y entusiasta de la animación japonesa. Hablo sobre ello en mi tiempo libre.