Compartir

Dungeon ni Deai o Motomeru no wa Machigatteiru Darō ka, más conocida por su común abreviación, Danmachi, fue uno de los animes mejor valorados del pasado año 2015. Sin embargo sus orígenes se remontan a la obra de Fujino Ōmori, una novela ligera ilustrada por Suzuhito Yasuda (Durarara!! y Shin Megami Tensei) que logró ganar el premio a mejor novela de los Sugoi Japan Awards de 2016.

Si toda esta parafernalia es importante —más allá del respeto hacia sus autores y la publicación original— es porque esos premios determinan cuales son las obras que se lanzarán de forma internacional. Y es así como, de manos de Norma Editorial, nos llega una obra de tintes clásicos pero con una personalidad única que repasaremos a lo largo de la reseña de Danmachi #1. Un análisis donde no destriparemos detalles sustanciales de su argumento e intentaremos ir más allá de lo que vemos a primera vista. ¿Nos acompañáis en él?

Danmachi es una declaración de intenciones ya en primera instancia. Casi como si lo gritase a los cuatro vientos, y eso es algo muy valorable. «¿Que tiene de malo intentar ligar en una mazmorra?». Su subtitulo —una traducción del título original japonés— define la obra de forma simple y concisa. Sin rodeos ni divagaciones; Danmachi es natural.

Su historia puede resultar familiar, y es que tiene los tintes místicos iniciales de otras obras como Made in Abyss. La ciudad de Orario, construida sobre un enorme laberinto subterráneo, vive por y para los aventureros, personas repletas de coraje y capaces de arriesgar su propia vida para explorar los misterios que oculta el lugar. Sin embargo, lejos de adaptar los tonos oscuros de Akihito Tsukushi, la obra de Omori apuesta por una historia más vivaz, donde la fantasía brilla, pero no consigue igualar a sus personajes.

Y es algo que se ve en su primera escena, porque Bell Cranell, un aventurero novato que consigue llegar al quinto piso del subterráneo acaba siendo salvado por una misteriosa chica a la que apodan como “La Princesa de la espada”. Así da comienzo una obra que ya desde sus primeros inicios pone la vista en sus personajes —sin desmerecer su mundo— e insiste en un interesante y necesario giro, un cambio de roles, en el que es el chico quien debe mejorar para estar a la altura de su amor platónico.

Así entran en juego el resto de elementos diferenciadores, porque Danmachi tiene mucho de Hack, de Sword Art Online, de Log Horizon. De todas estas obras que nos ponen en la piel de jugadores que han quedado atrapados en un videojuego de rol o que, por lo menos, sientan sus bases en estos. Sin embargo, Danmachi traza un acercamiento a Hai to Gensou no Grimgar, a un punto de vista más natural, aunque también más positivo y menos apostado en el drama.

Porque en el mundo ideado por Omori los aventureros sirven a dioses que han descendido de sus dominios para relacionarse con los humanos —sus hijos— y formar pactos. Así los aventureros al servicio de dioses y diosas se convierten en sus familiares y mediante el “estado” los humanos pueden subir de nivel, aumentar sus características y aprender nuevas habilidades. Un planteamiento que, aunque familiar, resulta innovador y le aplica a la obra una capa de originalidad que le dota de innegable personalidad.

Y es que, sin bien, es innegable que Danmachi se puede enmarcar dentro dentro de la demografía shonen más estandarizada, sus tintes, sus cambios e incluso su humor innato la elevan por encima de lo que puede parecer en primera instancia. Insisto, es una obra vivaz, con un argumento absorbente a la par que ligero y acompañado siempre de su característico humor. Uno de esos mangas a los que recurrir siempre que se necesita un pequeño empujón con el que animarse.

Su primer tomo puede resultar algo lento, pero se ve antes como un punto positivo que no como uno negativo. Porque, de nuevo, facilita mucho su lectura. Es cotidiano —incluso dentro de sus límites de fantasía—, atrayente y simple. Pero además, esos compases sirven para sentar unas bases a partir de las cuales seguir construyendo lo que apunta a ser una gran obra.

Esto es algo que se ve acompañado siempre por su diseño artístico. Aunque mantiene los originales de Suzuhito Yasuda —un punto a tener en cuenta, ya que ofrece una gran cohesión con su novela—, Kunieda consigue pintar cada una de las palabras con las que Omori narra la novela.

Su estilo es uno de trazos finos, precisos y muy limpios. Una forma apropiada de adaptar la obra original, optando por un diseño que no necesita de varias miradas, sino que entra de forma directa y le informa al lector de todo lo que es necesario, viñeta por viñeta. Algo que resalta especialmente bien durante los combates.

Porque Kunieda demuestra saber adaptarlos. El autor opta por planos amplios donde pueda resumir la acción con acierto sin dejar de lado esa simplicidad de la que hace gala. No teme en utilizar dos páginas enteras para ilustrar como Bell se prepara y luego se lanza con un único corte vertical. Y aunque pueda resultar exagerado dota de una fuerza innata a los movimientos, uno de sus mejores puntos. Porque Danmachi es una obra dinámica, que nunca para quieta. Y no solo lo demuestra en sus escenas de acción. Incluso las más cotidianas cuentan con esa dedicación en los movimientos y en los detalles. Todo por ilustrar un mundo que resulte coherente y accesible para el lector.

¿Que tiene de malo intentar ligar en una mazmorra? Esa es la pregunta que nos lanza Danmachi. La respuesta variará de los ojos que la vean, por supuesto, pero su primer tomo formula una respuesta rápida y concisa. Porque Danmachi #1 es una obra repleta de sentimientos. Una apuesta original y divertida que no deja nunca de lado un argumento que promete crecer y complicarse a cada nueva entrega. Una historia que solo nos pide una cosa: que acompañemos a Bell en su periplo por el laberinto. Que nos hagamos más fuertes junto a él.

Norma Editorial nos presentaba la licencia de Danmachi a finales del pasado año de forma bastante inesperada. Una sorpresa que cumple con el deseo de todas aquellas personas que querían poder seguir las aventuras de Bell y Hestia a través de las obras originales, especialmente después del éxito de su versión animada.

#Danmachi 1 cuenta con siete capítulos, divididos en 176 páginas a blanco y negro y cuatro introductorias realizadas en color, para causar la mejor impresión posible con su bienvenida. La calidad de sus materiales es indiscutible, contando con un importante gramaje del papel en su interior y una delicada portada que hará las delicias de sus seguidores.

La misma cuenta con un diseño completamente idéntico al original japonés. Atractivo, visual y con un uso de colores que resaltan el estilo de Kunieda y lo convierten en un imprescindible en la estantería. Resulta notable, además, como la editorial ha cuidado hasta los más pequeños detalles incluyendo pequeñas “guías para aventureros” en los espacios entre cada capítulo.

Su publicación, el clásico tankobon, cuenta con unas medidas de 13 x 18,2 cm y un formato rústica con sobrecubierta. El mismo nos llega a un precio de 8,00€, el precio estándar actual.

Danmachi #1 llegó a nuestras estanterías como novedad del mes de julio y seguirá haciéndolo en formato bimestral hasta alcanzar la edición japonesa, que se encuentra aún abierta tras lanzar su noveno tomo. Por último, la localización a nuestro idioma está perfectamente lograda gracias a la labor de Jesús Espí.

Óscar Martínez

¿Te gusta nuestro contenido? Apóyanos en nuestro Patreon y ayúdanos a seguir creciendo.


Banner de Patreon para las entradas - el palomitron

No hay comentarios

Dejar una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.