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Obras maestras dialogan en el centro de Londres, en concreto, en el National Gallery, museo principal de arte de la ciudad situado en la zona norte de Trafalgar Square. Muy cercano a él las vistas se deleitan con el Big Ben y el Parlamento. Unos leones aguardan sus puertas en mitad de la plaza. Todos estos cuadros, alrededor de 2.300 obras, se encuentran tras las paredes esperando a sus invitados. Una visita muy especial es la que han recibido en el último año, es ni más ni menos que la de FREDERICK WISEMAN (LA DANZA, LEGISLATURA DEL ESTADO, EL JARDÍN). El director ha enfocado su nuevo proyecto de cine documental allí, en el NATIONAL GALLERY, nombre además de éste, su reciente filme. El estadounidense sigue demostrando tras su proyecto de AR BERKELEY (2013) que aún tiene buenas historias que contar, curiosas, observadoras, con la sensibilidad que le caracteriza y su Direct Cinema, es decir, la captación de la verdad de forma directa a través del séptimo arte.

NATIONAL GALLERY es un paseo por uno de los lugares más relevantes de la cultura artística, el museo de Londres. Este documental muestra lo que habitualmente podemos ver si vamos a este museo y lo que no, sus entresijos. Un recorrido por la institución que va desde la pintura occidental de la Edad Media hasta la del siglo XIX.

 

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Un cuadro dentro de otro cuadro es como se podría definir este largometraje lleno de puntos fuertes y es que a través de su guión realizado por el mismo director, WISEMAN, te permite ver como si por un agujerillo de la pared se tratase el despertar de esas salas silenciosas, la limpieza de éstas  su preparación hasta la apertura al visitante (el cuidado de las plantas en su sala principal, la ronda del aspirador…), su funcionamiento interno y su cierre cuando cae la noche. Un reflejo de la realidad con un rodaje de ficción que utiliza el propio sonido ambiente (las voces de los niños que visitan el museo, las pisadas, los guías que explican a los turistas las historias que se encuentran en los cuadros, las pinceladas de los restauradores, el tallaje de la madera con un formón para la creación de marcos, los lápices de dibujantes que calcan las obras). Todo ello sin diálogos, ni voz en off, ni rótulos, ni entrevistas realizadas; aspectos de los que siempre prescinde este director. Una vez más refleja tal cual la minuciosa observación y se la transmite al espectador a través del Direct Cinema, Recurso donde la base de todo es no hacer entrevistas en sus filmes, sino coger trozos de realidades (reuniones de los comisarios del museo, de los trabajadores, la sala de restauración, secuencias de entrevistas realizadas por una televisión a personalidades de la pinacoteca, asistentes que escuchan y participan en la intervención de sus guías, las cifras de los presupuestos de los administradores del centro …). Es lo que se llamaría la relación directa entre la realidad y el cine. Esto WISEMAN lo consigue grabando todo lo que ocurre allí y escogiendo lo que él quiere, lo que él sintió entre esas paredes.

 

National Gallery

 

Todo ello a través de un guión estructurado que abarca el arco diario de apertura del museo hasta que su cierre, pasando por conocimientos e historias de cuadros de pintores como Tiziano (Diana y Calisto), Van Gogh (Los Girasoles), Rubens (Sansón y Dalia), Velázquez (Cristo en casa de Marta y María), Leonardo Da Vinci y una de sus obras más importantes: La Virgen de las Rocas (una de sus dos versiones)… Todas ellas son solo algunas de las obras clásicas de la pinacoteca que son analizadas al milímetro en el largometraje a través de sus asistentes, restauradores y empleados del museo. Retratos que no se quedan en la simpleza del cuadro, sino que reflejan la realidad del ser humano. Una mirada a través de la cámara que combina la objetividad y subjetividad de la mirada de su director. Estos son los personajes (el elenco en una película convencional), los protagonistas de la historia y el trabajo que hay detrás de cada cuadro.

 

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Fabulosa su fotografía, como es evidente, al ser arte en su pura esencia, y fabuloso el trabajo de JOHN DAVEY, que a través de sus planos y una puesta en escena milimétrica (como las mismas obras que aparecen en escena) logra la conexión entre los protagonistas de los cuadros como si se mirasen los unos a los otros y se comunicasen con quienes les visitan y el propio espectador.

Una pena que aquellas personas no interesadas en el arte ni en el cine minoritario, alejado a miles de milímetros de fotogramas de las películas comerciales, no se atrevan a dar un paseo a través de la gran pantalla por este museo. Este rasgo junto a su escasa publicidad y larga duración de tres horas de filme son los aspectos débiles que no permiten el alcance de NATIONAL GALLEY a todo tipo de personas. Nunca es tarde para dar la oportunidad a esta clase de películas que son puro conocimiento, observación minuciosa y que generarán al espectador ganas de visitar (o revisitar) en persona el National Galley.

Un cara a cara entre el cine y la pintura en el que ambos salen vencedores dando un grito a la cultura. Una ocasión para poder experimentar el arte dentro del arte, el cine dentro de la pintura, la pintura dentro del cine. Ambas disciplinas se convierten en NATIONAL GALLERY en una pareja impecable, que no puede perderse.

 

 

LO MEJOR:

  • La fusión del cine y la pintura.
  • El carácter didáctico de la cinta.
  • Los planos directos, detallados, interesantes y muy comunicativos.

LO PEOR:

  • Que su temática eche para atrás a más de uno.
  • Su duración.

 

 

María Páez

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