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LOS ANTECEDENTES

La cineasta argentina Julia Solomonoff lleva casi dos décadas viviendo en Nueva York. No obstante, sus dos primeras producciones, Hermanas El último verano de la Boyita, están fuertemente arraigadas a su país natal. En su tercera película, por el contrario, ha cambiado el colorido porteño por los rascacielos de la Gran Manzana. Allí ha rodado casi íntegramente su tercera película, Nadie nos mira, un filme para el que ha puesto al servicio sus propias vivencias.

LA PELÍCULA

Solomonoff proyecta en Nicolás, un actor argentino que marcha a Estados Unidos en busca y captura de no sabe bien qué, lo que ella misma sintió y vivió cuando aterrizó en Nueva York. Algo que le beneficia por completo a la película y a su contexto. En un tema candente, pero explotado en los últimos tiempos en la gran pantalla, la cineasta afronta el reto de salirse de la fórmula del drama sobredimensionado y el porno emocional, aportando una visión en la que tiene cabida tanto los logros como las miserias.

En este sentido, el guion se resuelve sin escatimar en autenticidad y sensibilidad y consigue capturar, a base de la delicadeza y perspicacia, una mirada agridulce sobre la emigración alejada de los estereotipos.

Así, la producción transmite de la misma forma la sensación de desarraigo, añoranza y soledad del protagonista, a la vez que sus esperanzas, y su tenacidad para seguir buscando su lugar en el mundo. Aunque, además del guion, para crear con tan buena mano la atmósfera de angustia reposada constante en la que vive Nico, es especialmente meritoria la extraordinaria belleza de la fotografía, que, aunque pueda sorprender, no se apoya apenas en la espectacularidad de los escenarios neoyorkinos.

Eso sí, más allá de las circunstancias especialmente difíciles que acompañan a cualquier historia de emigración, en el fondo el quid de Nadie nos mira es mucho más identificable para cualquier persona, ya viva a 10.000 kilómetros de casa o no se haya movido nunca del lado de sus seres queridos. El saber quién quiere ser y a dónde quiere llegar en la vida.

ELLOS Y ELLAS

En una película tan personal, elegir al protagonista idóneo para el papel de Nicolás era vital. Dicho y hecho. Guillermo Pfening, el protagonista, es otro de los motores que impulsan el filme hacia arriba. Galardonado recientemente con el premio a mejor actor en el Festival de Cine de Tribeca, Pfening transmite con su interpretación los no poco matices de un personaje complejo que es capaz de decirlo todo con una mirada.

Junto a él, completan el reparto otros actores argentinos como Cristina Morrison, Elena Roger, Paola Baldion o Rafael Baldion.

LA SORPRESA

En plena era Trump, cualquier relato de la crudeza, la desesperanza y la indignación del emigrante en Estados Unidos es una necesidad. Por no hablar de la vergüenza de los refugiados en pleno corazón de Europa. El cine social en estos tiempos debe servir de arma contra de uno de los atentados contra el ser humano más graves vigentes hoy en día Occidente. Sin embargo, en Nadie nos mira toma un camino más universal y, aunque la huida lejos de casa y el desarraigo condicionen la historia de Nicolás, al final, la base de su angustia brota de la incapacidad para saber que camino tomar.

LA SECUENCIA / EL MOMENTO

El casting. Unos minutos que tiran por tierra cualquier visión idealizada del sueño americano.

TE GUSTARÁ SI…

Te gusta replantearte de vez en cuando qué haces con tu vida.

LO MEJOR

  • La forma tan auténtica de abordar un tema tan estereotipado como la emigración.
  • La notable fotografía
  • El buen hacer del absoluto protagonista, Guillermo Pfening.
  • Sentirse identificado con lo que narra es tan sencillo como sentarse a verla.

LO PEOR

  • Cierto abuso del recuso de los primeros planos para transmitir la deriva existencial del protagonista.
  • Que esa deriva existencial, con toda la angustia que conlleva, sea un lugar común para casi cualquier ser humano.

María Robert

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