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Emir Kusturica, habitual del Festival de Cannes y ganador de la Palma de Oro en dos ocasiones (en 1985 por Papá está en viaje de negocios y en 1995 por Underground) presentó en Venecia 2016 su nuevo largometraje de ficción que ahora llega a nuestras pantallas después de años de sequía por parte del cineasta.

La película que nos ocupa parte de un corto que el propio Kusturica dirigió para Palabras de dioses, un proyecto a cuatro bandas con trasfondo religioso. La aportación del director serbio fue la que ahora constituye la última secuencia de su nueva cinta. A partir de ese final, erigió todo el resto de En la vía láctea. Además, el propio Kusturica fue quien protagonizó el corto, por lo que también (y muy a su pesar) es la cabeza de cartel, junto a Monica Bellucci, de su trabajo ampliado.

Pese a la traducción del título que se ha hecho en España, En la vía láctea no puede tener menos que ver con el cosmos, ni ser más literal semánticamente hablando. Kosta (Emir Kusturica) es un lechero que cada día recorre en burro (y con la sola protección de un paraguas y un halcón al hombro) el camino que une su pueblo con las trincheras para llevar leche a los soldados que se juegan la vida en el baile de balas diario. Milena (Sloboda Micálovic) vive en el mismo pueblo, soñando con casarse con Kosta en una boda doble junto a su hermano y su futura mujer, interpretada por Monica Bellucci. Esta última es simplemente conocida como “la novia”, y llega a la aldea escapando de un pasado turbulento. Al conocerla, Kosta queda prendado de ella y viceversa, lo cual desbaratará los planes previamente establecidos.

Como constante en el cine de Kusturica, la guerra de los Balcanes oficia de telón de fondo también en esta película, aunque siempre en un segundo plano que sirve someramente de contextualización. Lo que cobra importancia en En la vía láctea es la fuga y la ponderación del amor de los protagonistas por encima de todo lo demás. Si unimos el vestido de novia a la ecuación, el planteamiento recuerda ligeramente a Bodas de sangre, solo que esta no es una tragedia (no tácita al menos). Toda la cinta es un festival de personajes extravagantes, situaciones de comicidad absurda y ese toque de magia e inverosimilitud tan kusturiquiano.

Crítica En la vía láctea en El Palomitrón

En la vía láctea es fundamentalmente un cuento de hadas nada convencional con algo de fábula. Porque en lo nuevo de Kusturica, casi tanta importancia como a los protagonistas se les da a un halcón protector, a una serpiente que bebe leche o a una gallina que se pasa el día saltando contra su reflejo en el espejo. Suena desconcertante, y lo cierto es que lo es. Sin embargo, estas secuencias, junto con la inicial (que como alegoría resulta la más clara e interesante), funcionan muy bien con la ambientación del paisaje rural serbobosnio.

Como banda sonora nos encontramos con la composición de Stribor Kusturica, hijo del director. Se trata de una sucesión de temas en la línea de la tradición musical balcánica, que por su carácter alegre y descontrolado, a ratos desubican más que satirizan el relato.

Todo en En la vía láctea es de un carácter sumamente personal y desconcertante, y ese es posiblemente su mayor problema. Lo que nos cuenta la película, y sobre todo la forma en que lo hace, es muy fácil que escape de la órbita de quienes no estén familiarizados con el estilo como narrador de Emir Kusturica. Encontrarte con un reloj de péndulo gigante con más peligro que los gremlins en el aquapark, o pasar de la levitación a la evisceración en cuestión de escenas, es tan apabullante como surrealista. La peor parte para el espectador es que, en el intento por dar un sentido a todo lo que acaba de ver, es demasiado fácil quedarse con la sensación de que En la vía láctea se esconden recursos metafóricos que se le escapan a cualquiera que no esté dentro de la cabeza de su director.

En definitiva, En la vía láctea es una película visualmente interesante, pero sobre todo muy peculiar. No posee un argumento o un desarrollo que respondan a las películas al uso, pero quien disfrute especialmente de este tipo de cine tiene asegurado que Kusturica ha vuelto en forma.

LO MEJOR:

  • Ellas: la desbordada y desbordante Sloboda Micálovic y Monica Bellucci, “la fiamma”, le echen lo que le echen.
  • El baño de los gansos en la secuencia inicial.
  • El reloj, que proporciona una de las escenas más hilarantes de la película.

LO PEOR:

  • Habría sido de agradecer que el director se hubiese tomado algo de tiempo en hacernos entender la guerra que está teniendo lugar.
  • La duración. Dejarla en hora y media en lugar de las dos horas que dura no habría perjudicado a la acción, sino que probablemente habría beneficiado al resultado final.

Aitziber Polo

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