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Foxtrot El PalomitrónCuarenta años después de uno de los episodios más negros de la condición humana, Claude Lanzmann ya vaticinaba en su monumental Shoah una conducta para con el pueblo judío que parece haberse dilatado en el tiempo: ¿Se han olvidado las nuevas generaciones del Holocausto?

La respuesta a esta pregunta es simple. No. No lo han olvidado porque jamás lo han recordado. La mayoría de quienes lo vivieron están muertos y sus hijos o nietos no podrán ni siquiera imaginar el horror que supuso tanto para las víctimas como para los supervivientes. Como dice Art Spiegelman en MAUS: “Tal vez necesiten un Holocausto aún mayor”. A lo mejor la humanidad es como un foxtrot: da igual dónde vayas, siempre acabarás en el mismo sitio.

Esta simple pero lapidaria sentencia es la idea controladora de la última película de Samuel Maoz: una atrevida, escalofriante y sorprendente disección de la sociedad pos-Holocausto.

Foxtrot parece a simple vista un pretencioso ejercicio de emular la puesta en escena característica de Yorgos Lanthimos, pero a medida que el filme avanza, nos vamos enfrentando a una historia mucho más compleja, y lo que parece ser un pastiche que toma elementos de un director de moral cuestionable se convierte en un trabajo cuidadísimo, rodeado de símbolos y de personajes tridimensionales. Ni blancos ni negros. Grises. Aderezada con unas interpretaciones que subrayan el carácter caótico a priori de las intenciones del director, la película comienza zarandeando al espectador por los hombros y llevándolo por donde quiere hasta que recobra el aliento… y vuelve a zarandearlo…

Michael y su mujer reciben una mañana la noticia de que su hijo mayor ha muerto durante el servicio militar. En las horas que siguen a semejante calvario hasta su primer punto de giro, nos adentramos de lleno en la psicología de Michael: un hombre taciturno, triste y atormentado. Incapaz de aceptar las condolencias de sus allegados y sufridor de la condescendencia de su madre enferma, superviviente de Auschwitz.

FoxtrotDespués de que la burocracia militar le proporcionase el mayor ataque de rabia de su vida, nos despedimos para seguir a su hijo Johann a lo largo de todo el segundo acto. Esta arriesgada decisión de dejar al personaje principal fuera durante tiempo podría haber resultado en un paréntesis tedioso. Sin embargo, surte el efecto contrario al acentuar el tema principal de la película e incluso sirve como ventana al espectador del modo de vida de Johann, pilar fundamental directo e indirecto del estado de ánimo y la psicología de Michael.

La culpa, el miedo a repetir errores pasados y el patetismo inherente a saber que todo lo que sentimos y todo lo que vivimos se repite una y otra vez convergen en esta película que domina a la perfección una propuesta visual pictórica mezclada con un punto de vista cercano al documental.

Si hubiera que ponerle un fallo a Foxtrot es uno que se sucede a lo largo de toda la película, y es su tendencia a repetirse: entendiendo un concepto con un solo plano, aparecen cuatro más que explican lo que ya habíamos entendido con un solo encuadre.

Foxtrot es una película valiente. Con más de una capa de lectura, una llamada de atención a la sociedad contemporánea ante un horror del que nos hemos olvidado. Un puñetazo en la cara al espectador al que plantea cuestiones incómodas de forma incómoda, pero sin dejar de lado una sorprendente sensibilidad cuando esta lo requiere.

 

LO MEJOR:

  • El apartado visual y su uso del espacio pictórico, que llega a jugar con una animación reminiscente a Persépolis.

LO PEOR: 

  • Resulta difícil entrar en la película al principio debido a su aparente radicalidad y por la ambivalencia moral de sus protagonistas antes mencionada.

 

Álvaro Salas

Reseña Panorama
Nuestra valoración
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Soy ese tío que va solo al cine y aplaude cuando la peli termina. Cuando estoy triste me veo una peli de Bergman y, o se me pasa, o me pongo peor. Defiendo las precuelas de Star Wars (a excepción de El Ataque de los Clones) y El Consejero como la mejor película de Ridley Scott desde Thelma y Louise. Las pelis de Béla Tarr se me pasan volando. Si crees que ser guapo y tener un talento inconmensurable no van de la mano, piensa en Paul Thomas Anderson.

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