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Polonia, 1990. El país vive momentos de cambio con su apertura al capitalismo. Lech Walesa, activista por los derechos humanos y futuro premio nobel, es elegido presidente con un asombroso 74,25 % de los votos en la segunda vuelta. Varsovia camina con paso firme hacia un futuro prometedor y los primeros cambios ya se hacen notar. Pero, como sucede en estos casos, no toda la sociedad avanza al unísono, y los relegados, los que se quedan en la cola, aún arrastran las secuelas del viejo sistema. Porque mientras la sociedad busca adaptarse a los cambios, los castigados padecen los peores estigmas de la tradición. Entre ellos están, claro, las mujeres.

Estados Unidos del Amor es una película que habla de ellas, las mujeres de Polonia que en los primeros días de la esperada revolución fueron testigos de los cambios que se producían a su alrededor sin que su vida, por ello, sufriera mejoras sustanciales. Es la historia de Agata, Iza, Renata y Marzena, cuatro mujeres que en 1990 tenían que lidiar, entre otras cosas, con una fuerte represión sexual.

El director y guionista Tomasz Wasilewski rueda Estados Unidos del Amor con una elegancia contenida y una narración directa y sin ambages. Hay una impecable belleza en las formas, pero la tonalidad grisácea de la obra nos recuerda que no es esta una historia que uno podría considerar bonita. Es, por el contrario, el testimonio de cuatro mujeres que viven instaladas en el gris mientras, a su alrededor, el aeróbic y los discos de Whitney Houston parecen prometer el color que no llega.

Wasilewski se alzó con el galardón al Mejor guion en el Festival de Berlín gracias a una narración partida que nos muestra a sus protagonistas librando sus batallas cotidianas. Y es en el sexo donde el director encuentra el mejor reflejo de la posición que ocupaban las mujeres de esa época: es un sexo oculto, prohibido, en ocasiones violento, a menudo desagradable. Es su forma de contarnos la lucha por la libertad y los obstáculos que encontraban, como muros de hormigón que se alzaban ante ellas, a la hora de cumplir sus deseos y llevar una vida libre de opresión.

Estados unidos del amor en El Palomitrón

El sexo parece haberse convertido en una constante en la filmografía de Wasilewski, que ya en su debut, con la película de 2012 In a Bedroom, narró la historia de una mujer de cuarenta años sin hogar que se anuncia como prostituta para posteriormente drogar a sus clientes y robarles alimentos. Solo un año después, en 2013, estrenó Rascacielos flotantes, donde el director polaco se adentró en el tema de la homosexualidad para narrarnos la vida de un joven atleta que se debate entre la insatisfactoria vida que lleva junto a su novia y la vibrante nueva posibilidad que le ofrece otro joven. Por ello, a nadie ha de sorprenderle que Estados Unidos del Amor sea una película con un fuerte carácter sexual. Wasilewski ha encontrado en el sexo un motor narrativo que le permite explorar los conflictos e inseguridades de sus personajes. Porque, como el sexo, la vida puede ser triste, trepidante, dominante, sometida, alegre, errónea o, simplemente, carente de propósito.

Estados Unidos del Amor es el admirable esfuerzo de un director que, a sus 36 años, se ha convertido en uno de los autores polacos más relevantes y con mayor repercusión internacional. Destaca su compromiso por mantenerse apegado a la realidad al tiempo que filma escenas de una belleza que desarman, convirtiendo sus obras en maravillosos retratos sociales que consiguen acceder al espectador a través de su mirada y prender una mecha en su interior.

LO MEJOR:

  • El retrato, simultáneamente bello y descarnado, de la Polonia de los 90.
  • Las actrices, magníficas en personajes complejos.

LO PEOR:

  • Cuando las luces se encienden en la sala y te das cuenta de que no vas a saber más de esas mujeres.

 

Alex Merino Aspiazu

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