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EL BLUES DE BEALE STREET

LOS ANTECEDENTES

En 2017 el nombre de Barry Jenkins sonaba fuerte, tras varios cortometrajes y una primera película, el segundo largometraje del director se alzaba con el Oscar a la mejor película: Moonlight. Su siguiente propuesta es El Blues de Beale Street, una adaptación de la novela homónima de James Baldwin en la que una pareja se ve separada por la injusta encarcelación de uno de sus miembros en la América de los años 70.

LA PELÍCULA

Ingresan al novio en la cárcel acusado falazmente y no podemos hacer nada para demostrar que él no lo hizo. En medio del proceso descubrimos que su pareja está embarazada, y además le sumamos que la acusación ha sido por violación. A esto añadimos el contexto de la América de los años 70. Seamos sinceros, la premisa tiende al drama fácil, tenemos un bingo con los ingredientes para un relato lacrimógeno y exageradamente victimista. Esto dentro de su completa (y triste) verosimilitud. Un drama carcelario o un thriller de sobremesa.

Barry Jenkins orquesta una película que poco o nada tiene que ver con lo anterior, con una sensibilidad exquisita y una tristeza inherente, nos acerca un retrato sobre la experiencia vital de sus personajes. La celebración de una comunidad y la lucha ante una serie de sistemas e instituciones predispuestos a odiarla.

La odisea de los protagonistas durante la película es lo que importa, la sensación progresiva de melancolía que se apodera del espectador según avanza el metraje. En el momento en el que se normalizan las dificultades y los obstáculos es cuando entendemos que estos personajes están luchando por sobrevivir y no viviendo ante el racismo que sufren.

La película comienza a jugar sus cartas en el momento en el que parece articularse sobre la encarcelación en sí y la impotencia derivada, ésta no es el centro del relato, si no la excusa. El verdadero corazón de la película está formado por los vínculos afectivos de los personajes y toda la empatía que generan. La pareja central y sus respectivas familias. Es una película romántica muy sólida por el hecho de que no lo parece. Dejando las caricias más empalagosas, el amor que los protagonistas se profesan es sencillo y sutil. Lo estamos experimentando constantemente en las situaciones y diálogos. En contraste, el cristal que separa a los protagonistas es el que paradójicamente nos permite acercarnos a su situación. Vemos como la pareja se enamora y vemos como la pareja lucha por su amor, de manera alterna y a través del contraste que matiza la situación.

El montaje juega con la información de manera muy inteligente, si bien no transgrede del todo fórmulas tradicionales, consigue enfatizar y evocar sobre el relato que desordena. Las elipsis son orgánicas y se genera un ambiente de incertidumbre que motoriza la película con un lirismo visual muy cuidado, acompañado magistralmente por una de las mejores bandas sonoras de los últimos años. Una tristeza melancólica, siempre con un matiz esperanzador, paulatinamente se apodera del espectador. El resultado es un relato entrañable y con un tratamiento del drama envidiable. 

ELLOS Y ELLAS

Kiki Layne y Stephan James sostienen notablemente la relación romántica, eje principal del film. No obstante, durante la película encontramos personajes secundarios muy bien perfilados y que dan vida a la película desde la espontaneidad, complementando así a la pareja principal y consiguiendo una sensación coral que ayuda muchísimo a la narración. Entre otros destacan: Regina King, Dave Franco y Diego Luna.

LA SORPRESA

Las composiciones musicales que acompañan al film son preciosas, juegan con texturas variadas y generan un sonido atmosférico muy novedoso. La sorpresa lo es menos en el momento en el que vemos en los créditos el nombre de Nicholas Britell a cargo de  la banda sonora, compositor detrás también de las partituras de Moonlight.

EL MOMENTO/SECUENCIA

Genera mucha simpatía ver a la pareja protagonista fantasear con la distribución de los muebles en uno de los lofts de Nueva York que van a visitar durante su búsqueda de piso. A través de la mímica nuestros protagonistas cargarán una nevera imaginaria, llena de sueños, por supuesto.

TE GUSTARÁ SI…

Quieres ver una película con personalidad y que tiene claro a dónde se dirige.

LO MEJOR

  • El tono y el montaje son muy inusuales y acercan mucho a la historia. 
  • El tratamiento de los personajes y lo entrañables que resultan.
  • La fascinante banda sonoral y el sencillo lirismo visual.

LO PEOR

  • La lograda sensación constante de que nos gustaría que todo fuera más fácil para los protagonistas del relato, y esa empatía que genera.
  • Que (de manera razonable) en España se haya perdido la ironía del título original.

 

Juan Luis Martínez

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Espectador curioso y soñador inquieto. Narrador licenciado en Comunicación Audiovisual. Cuando vio por primera vez "Amèlie" tenía 12 años y se pasó un interminable verano tirando piedras al río tarareando, ahora está en una etapa más "Frances Ha" con un poquito más de costumbrismo.