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Ekhö, de Arleston y Barbucci destacada - El Palomitrón
ANIME / MANGA OPINIÓN REDACTORES

EKHÖ: UNA FANTASÍA A CABALLO ENTRE FRANCIA Y JAPÓN

Actualmente siguen existiendo muchas ideas preestablecidas frente a muchos ideales. Pero hay una que llevo bastante tiempo dándole vueltas e intentando entender el comportamiento de la gente frente a este aspecto. ¿Y qué aspecto es ese, os preguntaréis? Sencillo: la forma de concebir el cómic. No he querido pecar de sabia y me he documentado al respecto, y sí, los primeros cómics datan incluso de etapas como la Edad Media. Cosa no muy complicada si nos ceñimos a su definición y ejecución: una sucesión de dibujos que constituye un relato, con o sin texto. Por lo tanto, tomando esto como base y teniéndolo presente hasta nuestros días, todavía sigo sin entender muy bien porqué hay personas que “solo” leen cómic americano, otras cómic europeo y otras tantas cómic japonés. Parece que uno excluya al otro y viceversa, y para nada es así. Todo forma parte de un mismo concepto, de una misma idea. La única diferencia que hay entre todos ellos, además de su disposición, composición e incluso color, es su procedencia. 

Entonces, ¿por qué no contemplar todo como un uno? 

Hay muchas personas que han conseguido dar ese salto, e incluso saben adaptarse a cualquier modalidad si es su historia o dibujo quienes les han llevado hasta ahí, pero hay otro público que parece que no quiere salir de su zona de confort. De sus grapas o sus tomos C6. Por ello, por este motivo que en lo personal no tiene argumento alguno, me gustaría alzar una bandera en pos de unificar culturas y países a favor del cómic; independientemente de su procedencia. Al final todos tienen la misma función y a pesar de que el cómic japonés haya adquirido con los años otro nombre incluso —lo mismo ocurre con el europeo, por ejemplo, y su nomenclatura BD (bande dessinée)— todos acaban siendo lo mismo: cómics, o historietas gráficas; como más os guste. Dicho esto, la bandera que alzo en esta ocasión une dos territorios totalmente opuestos pero que son capaces de unirse para crear arte: hablo de Francia y Japón

Ekhö, de Arleston y Barbucci vuelo - El Palomitrón

Son muchos los cómics que llevo acumulando en mi biblioteca personal, pero recientemente he añadido uno nuevo que no he podido pasar por alto y considero que es un puente perfecto para ir de Francia hasta Japón, o viceversa. Una obra concebida en territorio belga pero que, ya sea por su narrativa o por el arte que posee, puede encandilar a multitud de persona. Una obra capaz de cruzar fronteras y hacer que aquellos acérrimos al cómic nipón ofrezcan un espacio al francés, o al contrario. Hablo de Ekhö, la obra escrita por Christophe Arleston (Simbad) y dibujada por el excelente Alessandro Barbucci (Sky Doll). Dos artistas únicos que unen fuerzas para crear una de las series más revolucionarias de nuestro mercado por ser capaz de unir aspectos tales como el misterio, el humor y la fantasía más pura. Una obra que te entra por los ojos —su dibujo y color son particularmente sensacionales— pero que te hará quedarte por su guion y desarrollo. 

Un título que sin duda merece una oportunidad si te gustan los aspectos citados y que, además, actualmente puedes disfrutar en dos formatos en nuestro mercado. Gracias a la labor de Norma Editorial no solo contamos con los tomos o volúmenes independientes de Ekhö —actualmente cuentan con 9 a nuestra entera disposición—, sino que desde el año pasado también podemos hacernos con los dos integrales editados hasta el momento; conteniendo cada uno de ellos tres volúmenes de la obra principal. Así, ya quieras probar poco a poco, o darle una oportunidad a gran escala, Norma Editorial pone a nuestra disposición dos ediciones realmente exquisitas que lucen tanto por diseño como por composición. Dos ediciones que salen bastante de aquellos C6, B6 o incluso A5 de algunos mangas para alzar nuestra visión al formato más grande del cómic concebido en Francia y que se caracteriza, sobre todo, por ensalzar el arte que contiene dentro de él. Un arte que necesita un tamaño especial y una mirada muy necesaria.

Ekhö, de Arleston y Barbucci avión - El Palomitrón

Pero… ¿y la historia? ¿Qué voy a encontrarme en Ekhö?

Sinceramente, creo que cualquier persona que coja el primer tomo de Ekhö puede quedar fácilmente fascinada. Estamos ante una historia muy sencilla que puede encandilar a todo aquel amante de la fantasía y la ilusión, una historia que además añade elementos de lo más variopintos para llegar incluso a más público. Ingredientes tales como el misterio, la existencia de un «mundo espejo» y la creación de una nueva raza de animales antropomórficos apodada «preshauns» que necesitan tomar una dosis de té diaria para no enloquecer —entre otras curiosidades—. 

De esta forma, nos encontramos ante la historia de Fourmille Gratule. Una joven que se encuentra en pleno vuelo de camino a Nueva York cuando, de repente, en el pasillo central aparece una extraña criatura, mitad ardilla mitad portavoz nobiliario, que se hace llamar Sigisbert de Motafi ume y que le anuncia que ha heredado ciertas propiedades de su difunta tía Odelalie. Sin tiempo para pestañear, Fourmille —y, por accidente, su compañero de asiento Yuri Podrov— aparecen en Ekhö, un mundo paralelo a la Tierra gobernado por los preshauns. La raza que comentaba anteriormente y que, entre otros elementos, forma parte de los protagonistas de la obra de Arleston y Barbucci.

Ekhö, de Arleston y Barbucci ciudad - El Palomitrón

Es cierto que no tenemos ante nosotros una obra que rompe con todo lo conocido, pero sí tenemos un título capaz de sorprendernos y embelesarnos a través de sus personajes, su carisma, su arte y, sobre todo, por la creación de los múltiples escenarios a través de «ese espejo» del que se hace eco Arleston constantemente para fraguar una historia que parece ser creada en nuestro mundo pero que, gracias al ingenio de este y el arte de Barbucci, nos presentan unas ciudades totalmente diferentes. Lugares que transitarán nuestros protagonistas —y nosotros con ellos— para así ir cerrando los diferentes encargos que se les encomienda e intentar solventar el misterio que encierra la herencia de la tía de Fourmille además de entender, poco a poco, un mundo gobernado por una raza diferente a la humana. ¿Hasta dónde serán capaces de llegar Fourmille y Yuri? ¿Podrán volver algún día a la vida normal? ¿Cuáles son los límites de Ekhö?

Todas estas preguntas, y muchas más, se irán respondiendo a lo largo de los volúmenes que componen Ekhö. Una obra que actualmente sigue abierta en Francia y que, sin duda, nos ofrece una visión totalmente diferente al cómic japonés. Una visión que, a pesar de ser distinta y expuesta de forma muy dispar a la ya conocida, conjuga perfectamente con lo que demanda el público de corte nipón. Quizá sea el color o el tamaño del propio cómic los elementos que más puedan romper con los moldes más asentados, pero su viaje es uno tan necesario que no solo nos hará descubrir a uno de los artistas más revolucionarios de la última década, sino que posiblemente nos abra los ojos a otras obras que, quizá, también puedan amoldarse a esos estándares tan prefijados y que, si vemos interés en ellas, rescataremos de nuestro fondo de armario para exponerlas y darlas a conocer entre otros vosotros. Pues no solo el cómic europeo es capaz de establecer puentes con Japón, en América, Europa o incluso en la propia Asia, hay muchos títulos que se sitúan a caballo entre unos gustos prefijados por el blanco y negro y la orientación inversa. Aun con todo, creo firmemente en que Ekhö, la ambiciosa y preciosista obra de Christophe Arleston y Alessandro Barbucci, es un título perfecto para dar ese salto, para cambiar de registro y, sobre todo, para entender al cómic como un todo. Un arte que no debería catalogarse por territorios y mucho menos por condición

Marisol Navarro

Banner inferior Norma Editorial diciembre 2020 - El Palomitrón

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Publicista aficionada de las películas, las series y el cómic en general. No tengo un género preferido, pero todo lo gore me apasiona. Adoro viajar, y si algún día consigo ir a Japón, sin duda para el trayecto tendré preparada toda la obra de Sui Ishida.