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Crítica de Mob Psycho 100 II destacada - el palomitron
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MOB PSYCHO 100 II: MÁS HUMANO QUE NUNCA

Crítica de Mob Psycho 100 II Reigen - el palomitron

No me tiembla el pulso al afirmar que ONE es, a día de hoy, uno de los mangakas más originales y “frescos” que puede encontrarse en el panorama del cómic nipón. Desde que comenzara la publicación del webmanga de One Punch Man en 2009, su repercusión y fama no ha parado de aumentar. Más teniendo en cuenta la dupla conformada con el talentoso Yusuke Murata, con quien ha colaborado en diversos pequeños trabajos y en el actual remake de One Punch Man. Contar con uno de los máximos exponentes en cuanto a calidad artística se refiere es una gran fortaleza, no cabe duda, pero si ONE también ha logrado el éxito con Mob Psycho 100 es porque su arte, lejos de cumplir con cualquier estándar establecido, encaja a la perfección con el tono y las características de su historia. Puede que cause cierto rechazo en lo que apartado visual se refiere, pero es innegable el esfuerzo y empeño del autor en su labor. En derribar trabas y sobreponerse; porque si un mensaje o una historia es de calidad, puede que el resto se vea relegado a otro plano.     

Que uno de los estudios de animación con más proyección y calidad del momento como BONES lleve al formato televisivo —y de tal forma— una serie como Mob Psycho 100 solo puede traducirse en éxito. Bajo una dirección y una animación soberbias, los poderes psíquicos del joven y emocionalmente inestable Shigeo Kageyama (apodado como Mob) no podrían haber tenido un mejor escenario posible donde lucirse. Pero no nos equivoquemos, Mob Psycho 100 puede brillar en los momentos donde el frenesí copa la pantalla y los límites se rebasan, pero deslumbra en cuanto a personajes se refiere. Porque ONE diseña un protagonista con un poder capaz de hacer temblar el mundo. Pero, al mismo tiempo, esto es algo superfluo para él. Solamente busca sentirse aceptado, llamar la atención de la chica por la que suspira o cualquier otra cavilación de adolescente. Su inestabilidad emocional y temores le humanizan, le acercan al espectador. Lo único que busca es ser alguien normal. Y en ese proceso de búsqueda no está solo, claro. Durante la primera temporada vimos cómo se las gastaba Arataka Reigen, amigo y “mentor” de Mob. Cómo Teruki Hanazawa se redimía gracias a Mob, o cómo Ritsu Kageyama derrumbaba celos e inseguridades ofreciendo una historia de redención con todas las de la ley. Un cuarteto de variopintas personalidades que se vieron arrastradas inexorablemente a un conflicto a gran escala.

Crítica de Mob Psycho 100 II Mob - el palomitron

Tras algo más de dos años desde el estreno de Mob Psycho 100, el entusiasmo y las expectativas puestas en su segunda temporada eran, cuanto menos, elevadas. Por lo que la pregunta es inevitable, ¿cumple Mob Psycho 100 II con lo prometido? La respuesta es un rotundo sí. A pesar de llevar solamente un cuarto de la producción, Yuzuru Tachikawa y compañía confeccionan una producción que difiere en cierta medida en tono respecto su antecesora. El equilibrio entre drama, humor y acción tan prolífico de la ficción se disipa en estos primeros compases. La cuota de humor es innegociable, pero la acción queda relegada a un plano más lejano para profundizar más en el personaje de Shigeo. En su faceta más humana y personal. El regreso de Mob Psycho 100 es uno que se preocupa por entender y darle espacio a su protagonista para evolucionar. Toda una declaración de intenciones.

Tras los acontecimientos finales de la primera temporada relativos a la organización criminal de psíquicos Garra, la cotidianidad regresa a la vida de los protagonistas. Pero, al fin y al cabo, lo cotidiano para Mob no deja de ser una continua interacción con las fuerzas o entes espirituales del mundo. Desde cosechas o campos malditos, hasta figuras fantasmagóricas provenientes de las habladurías y leyendas urbanas. Pocos minutos hacen falta para que el espectador recuerde el estudio que hay detrás y su habilidad para gestionar y recrear en pantalla la acción más psíquica. Tras ello, se opta por bajar el ritmo para hablar de Shigeo y su relación con los demás. En cómo sus decisiones y actuaciones son continuamente fruto de deseos ajenos. Motivo por el que su crecimiento personal y emocional no termina de suceder y que hacen de su estrés una olla a presión dispuesta a estallar de un momento a otro. Reigen se preocupa por él, siente aprecio por su amigo y joven “pupilo”, pero no deja de ser otro de tantos que se aprovecha de él. Como Mezato, quien le anima a presentarse a presidente del consejo estudiantil con un final tan desastroso como previsible.

Crítica de Mob Psycho 100 II Mob 2 - el palomitron

La dirección no titubea a la hora de dejar a un lado algunas de las características intrínsecas de la serie en favor de enfatizar sobre otras. En ocasiones el amor va ligado al engaño, y el joven Kageyama lo experimenta a través del personaje de Emi; quien simplemente por una apuesta con sus amigas decide pasar tiempo a solas con él. El semblante y la actitud del joven psíquico cambian por completo debido al afloramiento de nuevos sentimientos. Podría decirse que, en cierto modo, le hacen ser mejor persona, ver las cosas de otra manera. Por eso, cuando la verdad es desvelada, cualquiera pensaría que la asfixiante oscuridad se posaría sobre su juicio. Que su nivel de estrés se dispararía sobremanera. Pero no, Shigeo actúa con la firmeza de aquel que no necesita órdenes ni consentimientos ajenos. Actúa con voluntad propia, mostrándole sus poderes a Emi y dando una auténtica lección de humildad. Un enorme paso en cuanto aceptación y crecimiento se refiere.

Y es que, como mencionaba, parece que Mob Psycho 100 II va a seguir esta hoja de ruta a lo largo de la producción. Todo ello sin perder la esencia de la serie. Y cuando Reigen tiene protagonismo, esa esencia está con él. Yuzuru Tachikawa escala entre drama y acción, entre momentos de índole más reflexiva y otros más espectaculares en lo visual. Incluso se nutre del miedo y la aprensión de las leyendas urbanas para acercarse al thriller de terror y no temer por sus costuras. Se sirve de su característico humor para ilustrar algunos de estos mitos, pero en la figura de la Kuchisake-onna encuentra el medio perfecto para copar de dinamismo y acción volátil varios minutos del metraje. Para recordar, de nuevo, la pasmosa facilidad que tiene el estudio de brillar en este ámbito, además de ofrecer otra dimensión a la existencia de estos mitos. Se recurre a la sátira, pero también se menciona el poder y la influencia que ejercemos sobre los mismos. El ser humano crea y alimenta por medio de las palabras y el miedo infinidad de historias, unas más creíbles que otras. El alcance que puede alcanzarse hoy en día a través de la tecnología es infinito, y así es como termina dominándole su propio maquiavelismo. Para deshacerse del miedo, para ser inmune, no es necesario estar en posesión de un poder espiritual sobrehumano; simple y llanamente ser ajeno a ello, estar en una posición “privilegiada” de neutralidad e indiferencia. Como es el caso de Mob.

Crítica de Mob Psycho 100 II Shigeo - el palomitron

Pero esta postura apática, pasiva y neutral es la que lleva a Shigeo a ser como es. A tener los problemas que tiene. Y a diferencia de cualquier otro chaval normal de su edad, él no lo tiene tan fácil para cambiar. Es un baluarte situado entre dos mundos. Mob Psycho 100 II busca profundizar en su protagonista, hacerle crecer. Pero a veces es necesario que el cambio también se produzca en sus más allegados, como Reigen. Adulador y fanfarrón, pero de noble corazón, también debe crecer en ciertos aspectos. Ser plenamente consciente de la estima que le tiene Mob y de lo que está dispuesto a hacer por él. Los primeros compases de la temporada son efectivos en cuanto a esto; y es que un simple caso más de la agencia espiritual se torna en una fatal encrucijada para su aprendiz. La orden de exorcizar a una familia de espíritus que no supone ninguna amenaza por el simple capricho de unos clientes ejerce como punto de inflexión. Tanto para el maestro como para el aprendiz. Mob comienza a tener serias dudas sobre la moralidad de sus actos, sobre qué es correcto y qué no. Mientras que Reigen reflexiona sobre su rol y cómo ha ejercido como juez todo este tiempo sobre alguien que está conectado por los dos planos. Empatiza con su dolor y parece entender su peliaguda situación.

El esperado regreso de Mob Psycho 100 es uno donde poder extraer más de una lectura, pero que teje como objetivo el crecimiento de su protagonista a nivel personal. La secuela sigue manteniendo intacto el sello distintivo y de calidad de su antecesora, pero incide en el plano más introspectivo de su protagonista. Busca crecer con él de la mano. El brillante equilibrio entre humor, drama y acción se ve menguado en estos primeros compases, alternando variedad temática entre sus episodios y ofreciendo una calidad a nivel técnico y de dirección sobresalientes. Mob Psycho 100 II tiene la oportunidad de hacer explotar a su plantel de protagonistas desde una perspectiva mucho más humana y sin perder una pizca de encanto. Ilustrar a un Mob más comprometido que nunca con el poder que posee y las consecuencias de sus actos. Verle caminar sobre la delgada línea de la moralidad y decidir por sí mismo su destino. 

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Edu Allepuz

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3 COMENTARIOS

  1. Déjeme decirle que no he encontrado una mejor reseña en lo que se refiere a la nueva temporada de mob psycho. Me impacta como logra compactar y explicar todos las diferencias y matices que tiene esta temporada.
    Maravillosa critica.

    • Me alegro que te haya gustado mi opinión sobre la temporada, muchísimas gracias por tus palabras. La verdad es que resulta hasta sencillo tratar y hablar sobre estos temas por lo bien que lo está haciendo la adaptación y ese tan necesario componente de introspección y crecimiento sobre su protagonista. Espero que sigas disfrutando de textos como éste y como otros tantos que componen la sección 🙂

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Intento de muchas cosas y una de las piezas que hacen funcionar la sección manganime. Ávido lector de manga, enamorado de la tinta y de la tragedia de Sui Ishida. Firme defensor de la industria como arte y la abolición de estúpidas etiquetas.