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Crítica de Nanatsu no Taizai segunda temporada capítulos 1-5 pecados capitales - el palomitron

Los cinco primeros episodios de Nanatsu no Taizai: Imashime no Fukkatsu dieron para mucho. Muy lejos de tener un arranque lento, esta segunda temporada del anime de A-1 Pictures optó por meter un par de marchas de más y, bajo un frenético ritmo que no entiende de largas pausas, plantear y desarrollar diversas tramas de forma paralela. La marcha de Ban y King, el misterioso origen de Gowther, el despertar de los Diez Mandamientos o la puesta en escena de varios Tesoros Sagrados coparon gran parte del protagonismo de estos primeros derroteros de la trama. Pero no todo el protagonismo recae única y exclusivamente sobre los Siete Pecados Capitales, en el quinto episodio somos testigos de un inesperado reencuentro.

Repasa con nosotros la segunda temporada de Nanatsu no Taizai

Hendrickson, aparentemente absuelto de cualquier influencia demoníaca, se encuentra con el trío compuesto por Gilthunder, Howzer y Griamore. Tras terminar con la plaga de demonios inferiores liberados por los Diez Mandamientos con el fin de recolectar almas humanas para aumentar su poder, el ex villano de la primera temporada se convierte en el narrador de una de las primeras grandes revelaciones de la temporada.

Tal y como relata, años atrás acudió junto a su fiel amigo Dreyfus a los restos del devastado Reino de Danafor. En tal lugar se encontraron con un aura demoníaca emanada por Fraudrin, un demonio mayor que tiempo atrás perteneció a los Diez Mandamientos. Para vengarse de Meliodas —quien terminó con él y el reino fruto de la ira al ver cómo asesinaban a su amada Liz— y romper el sello que contenía a los Mandamientos, se apodera del cuerpo de Dreyfus y manipula a Hendrickson. El espectador comienza a conocer algo más sobre el origen del pecado de Meliodas y se le muestra en pantalla a un Hendrickson dispuesto a expiar sus pecados y aceptar sus consecuencias.

Crítica de Nanatsu no Taizai segunda temporada capítulos 6-10 hendrickson - el palomitron

Reencuentros frustrados y pinceladas de un fragmentado pasado

Tras caer estrepitosamente frente a Galand, el grupo de los Pecados Capitales sobrevive gracias al poder de Gowther. Ya sabemos que el Pecado de la Lujuria tiene la habilidad de manipular los recuerdos y gracias a ello consigue jugar con los del Mandamiento de la Verdad, haciéndole creer que dio muerte a la mayoría de ellos. Una vez recuperados y alejados del peligro, el mermado grupo de los Pecados decide que es el momento de cambiar las tornas.

Deben encontrar a Escanor (el último Pecado Capital) y amplificar su poder para hacer frente al nuevo terror que amenaza con invadir Britannia. Tras esta declaración de intenciones King reaparece con el objetivo de confesarle a Diane los sentimientos que tiene hacia ella, sin embargo la giganta parece estar perdiendo la memoria progresivamente. Los recuerdos vividos con el grupo protagonista se convierten en los fragmentos de un espejo roto, fragmentos que poco a poco se van disolviendo y que provocan la marcha de Diane hacia su tierra natal.

Crítica de Nanatsu no Taizai segunda temporada capítulos 6-10 Diane - el palomitron

El “borrado” de memoria de Diane es el recurso empleado por el autor de la obra para indagar en su pasado. Y, a pesar de que en el manga le dedica su merecido espacio para llegar a empatizar con los personajes y sucesos, en el anime esta parte se siente demasiado apresurada. El espectador conoce a Matrona —la líder guerrera de su clan— y a Mercedes, una joven de la edad de Diane con la que compartía la esperanza de una vida alejada del fragor de la batalla. La serie ilustra los valores de los gigantes y su filosofía de vida (una muy similar a la vikinga) de forma muy clara, pero cuando los dos pilares en la vida de Diane se derrumban es difícil empatizar debido a la velocidad de los hechos. La muerte de Matrona supone el fin y el comienzo de una nueva vida para Diane, quien tras esto pasa a formar parte de las tropas de Meliodas.

Tras conocer rápidamente parte del pasado del Pecado de la Envidia, Nanatsu no Taizai vuelve a situar al espectador en el presente. Camino a su tierra natal, Diane se topa con dos de los Mandamientos, Galand y Monspeet. La Verdad y la Reticencia increpan a la Envidia a batirse en un duelo mortal del que difícilmente puede salir airosa debido a la enorme diferencia en la escala de poder. Sin embargo, la repentina y sorprendente aparición de Matrona —o, al menos, alguien demasiado similar a ella— cambia por completo las tornas con el rescate de Diane y su consiguiente retirada de manera fugaz.

Controlar y… ¿olvidar?

Crítica de Nanatsu no Taizai segunda temporada capítulos 6-10 meliodas - el palomitron

El grupo de Meliodas y compañía sigue los pasos de Diane que, tras ser rescatada por Matrona, desaparece sin dejar ningún tipo de rastro. Ante tal situación, Merlin apuesta por ajustarse al devenir de los acontecimientos y partir hacia la tierra sagrada de los Druidas, Istar. Allí reside el auténtico poder de Meliodas, un poder que Merlin le arrebató diez años atrás mientras escapaban del Reino de Liones para impedir que aconteciera la misma catástrofe que arrasó por completo el ya extinto Reino de Danafor. Tras una serie de breves presentaciones asistimos a uno de los mejores momentos que nos ha brindado esta segunda temporada de la serie. Con el fin de recuperar su poder, Meliodas debe superar una prueba que, lejos de llevar al personaje a su límite físico, resulta ser un examen mucho más introspectivo y sentimental, porque no hay mayor dolor que el de un apaleado corazón.

El siempre alborozado capitán de los Pecados entra en un estado total de trance donde revive una y otra vez sus últimos recuerdos con Liz. El júbilo de un amor correspondido o el cálido sentimiento de un hogar preceden a esos últimos suspiros de vida de su amada, de todo lo que él amaba. Meliodas es partícipe de un eterno bucle donde el amor y la pérdida rebozan continuamente y la desbocada ira termina por engullirlo todo. Y, entonces, todo vuelve a empezar de cero; el particular infierno del Pecado vuelve a abrir su rojizo telón.

Aceptación y control, los dos “únicos” e indispensables requisitos para que su poder repose de nuevo en su interior y no regresen aquellos ecos del pasado. Como si se tratara de la Divina Comedia de Dante Alighieri, Meliodas recorre una y otra vez sus particular recorrido del anfiteatro del averno. Una marcha que toca su fin cuando, entre lágrimas, logra escapar del bucle. La aceptación y la superación dan como resultado una absoluta templanza y control. Capacidades que próximamente veremos en el devenir del hilo argumental.

Padre e hijo

Crítica de Nanatsu no Taizai segunda temporada capítulos 6-10 ban - el palomitron

Nanatsu no Taizai: Imashime no Fukkatsu es un recorrido en el pasado de algunos de sus protagonistas. Esta segunda temporada se ha propuesto profundizar en ciertos aspectos para buscar una mayor empatía por parte del espectador y colmar las lagunas con explicaciones de peso. Hemos conocido más acerca de Diane, Meliodas e incluso Gowther. Sin embargo, el Pecado de la Codicia llevaba demasiado tiempo sin hacer acto de presencia. Tras los sucesos del Bosque de las Hadas, Ban y Jericho terminan en Ravens, una infecta ciudad poblada por la peor calaña de la sociedad. Los rumores acerca del avistamiento de almas errantes de ultratumba caminar entre los vivos llevan a este pintoresco dúo a tal ponzoñosa ciudad, urbe que vio crecer a un joven Ban desprovisto de esperanza.

Su encuentro con un misterioso y moribundo hombre zorro es el hilo que conecta directamente con el pasado del carismático Pecado. Nanatsu no Taizai se esfuerza por ilustrar en pantalla a un Ban de edad temprana naufragar en la más miserable pobreza, incapaz de robar con éxito para sobrevivir y siendo objeto de violencia tanto física como verbal. Una vida repleta de miseria que recibe el cálido manto de la luz de la esperanza cuando conoce a Zhivago, un ladrón que en poco tiempo se convierte en la figura paternal que nunca tuvo.

Crítica de Nanatsu no Taizai segunda temporada capítulos 6-10 ban y zhivago - el palomitron

A pesar del elevado ritmo en la narración, el pasado de Ban no adolece de los errores del de Diane. En esta ocasión el vínculo forjado entre Zhivago y Ban es mucho más natural, más real. Por este mismo motivo cuando vemos la metamorfosis de Zhivago en hombre zorro (su verdadera forma) y su debate moral entre lágrimas sobre cuál de sus dos hijos debe salvar empatizamos, sentimos. Más todavía cuando observamos ese plano a contraluz de su figura sosteniendo el cadáver ensangrentado de su pequeño. El reencuentro entre padre e hijo se produce 30 años después, en la misma decrépita ciudad que les unió. Los remordimientos y la necesidad de expiación de Zhivago no tienen cabida en la moral de Ban, quien reconoce abiertamente que no le guarda ningún rencor a su padre por su decisión.

Edu Allepuz

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