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LOS ANTECEDENTES

El feminismo está constantemente en boca de todos, y eso nos da noticias buenas y malas: por un lado, se habla de ello porque se siguen consiguiendo avances; por otro, aún hay mucho camino por andar. Algunas obras del cine mudo ya dotaron de protagonismo al sufragio femenino, y a pesar de ello, un siglo después siguen haciéndose necesarias propuestas en esta misma línea: Clara Campoamor: la mujer olvidada, o la más reciente Sufragistas. El orden divino, de Petra Volpe, se une a esta estela de películas y nos cuenta un capítulo más en la lucha por los derechos de la mujer, por el que hasta ahora se había pasado de puntillas (o directamente omitido): la chocante e incomprensiblemente tardía implantación del sufragio femenino en Suiza.

LA PELÍCULA 

Antes de avanzar la sinopsis, vaya por delante que la película de Volpe se alzó con tres premios (entre ellos el del público) en la pasada edición del Festival de Tribeca, y que además de tomar parte en el Festival de Gijón y los Satellite Awards, fue la representante de Suiza en la preselección de los Oscar 2018 a Mejor película de habla no inglesa. Vamos con su historia.

Pongamos que tenemos a una mujer casada, madre de dos niños, ama de casa, que vive en un pequeño pueblo de Suiza en 1971. Los cantos de liberación de la mujer que en 1968 empezaron a entonarse en las grandes ciudades, no parecen haber llegado, y mucho menos calado, en las tradicionales gentes de ese y tantos otros pueblos aledaños. Pero un buen día, unos panfletos que reivindican el voto femenino caen en manos de Nora, quien recientemente acaba de ver como su sobrina es recluida por sus “conductas inadecuadas”, y que además se da de bruces con que su marido no le da permiso (porque la ley así lo exigía) para que se ponga a trabajar. Este cúmulo de ninguneos que sufre por ser mujer la lleva a romper las cadenas de su pasivo e inconsciente conformismo (adquirido a fuerza de costumbre), y junto con otras vecinas se une a la lucha por los derechos de igualdad entre sexos, empezando por el sufragio.

Todo lo hecho bien hecho está. El orden divino es una más que correcta película, bien rodada y con una interesante inclusión, de cuando en cuando, de diálogos y citas bíblicas de lo más machistas y carcas. Cuando aparecen, estas líneas remueven los adentros (en el peor sentido de la palabra). Sin embargo, al margen de esto, el mayor pecado de la propuesta es resultar en un producto excesivamente blanco y complaciente. Todo lo que vemos en pantalla está estupendo, pero se nos queda corto. No nos ofrece nada realmente transgresor, nada que no se haya visto antes.

ELLOS Y ELLAS

Marie Leuenberger eclipsa la cinta en el papel de Nora. Su personaje está escrito para destacar entre las mujeres que se unen a su cruzada, y la intérprete alemana lo dota de una naturalidad magnética que representa a la perfección la metamorfosis de cándida y obediente esposa a mujer fuerte y empoderada que despierta a la injusticia en la que ha vivido sumida toda su vida. Junto a ella, sin llegar a tener una presencia totalmente coral, cumplen con su papel Rachel Braunschweig como Therese, la madre doliente y apocada tras la sombra de su marido; Marta Zoffoli como Graziella, una italiana moderna, independiente y divorciada (probablemente el papel más estereotipado de la película); y Sibylle Brunner, la veterana y simpática Vroni.

Como contraparte masculino, Maximilian Simonischek interpreta al marido de Nora, Hans, un personaje bastante bien construido que, para grata sorpresa del espectador, se aleja de resoluciones melodramáticas cuando le toca lidiar con la rebelión de su mujer.

LA SORPRESA 

Lo más impactante de El orden divino lo encontramos justamente después del fundido a negro, cuando un par de rótulos precréditos nos informan de que el principio de igualdad entre hombres y mujeres no entró en la constitución suiza hasta 1981. Y concretamente, el Cantón de Appenzell Rodas Interiores (donde tiene lugar la acción) fue el último en introducir el sufragio femenino en 1990. Las fechas hablan por sí solas.

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

La escena más memorable de la película (o al menos la que más frescura transmite) ocurre de puertas para adentro, en la consulta de una gurú que abre los ojos a las protagonistas, invitándolas a explorar su sexualidad de modo que esta no sea otra herramienta opresora más en manos de los hombres.

TE GUSTARÁ SI…

Si te gustan las películas con base histórica pero no una excesiva trascendencia. Y sobre todo si eres mujer.

LO MEJOR

  • Marie Leuenberger.
  • Cuando Lesley Gore o Aretha Franklin se cuelan en la banda sonora para acompañar las escenas más simbólicas con You Don’t Own Me o Respect.
  • Trata un tema importante y necesario…

LO PEOR

  • …pero el desarrollo de este no aporta nada novedoso.
  • Su tono ligero se agradece, pero tal vez por el tema que trata esperábamos un guion más profundo.

 

Aitziber Polo

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