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Steins;Gate, la original, jugaba con el drama de una forma cíclica. Cada intento era una nueva puñalada en la vida de Okabe. Cada intento era una nueva pérdida. El intento del ser humano de desafiar a Dios y caer ante la fuerza divina.

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Steins;Gate 0 es diferente en ese sentido. En ella el humano sabe cual es su posición y cual es la de Dios. ¿Que sentido tiene hacer frente a un ente que te supera en todos los sentidos posibles? No hay esfuerzo, no hay intento, solo la desesperación que acompaña al fracaso.

Rompiendo una promesa

Tanto es así que su décimo noveno capítulo se lanza directamente a la mencionada desesperación. No hay pausas, no hay introducciones al tema a tratar. Solo hay fracaso. Un duro y terrible golpe que azota a sus personajes con la peor de las tragedias, la muerte indiscriminada de Mayuri y Suzuha. Una pérdida que se interpone en la misión de Okabe, que rompe con su promesa de proteger el legado de Kurisu.

Es casi una bomba de relojería. Porque toma todos los frentes abiertos y los hace explotar a la vez. Se intuye un nerviosismo, como si todo se fuese a la ruina y tu, espectador, estuvieses en medio de la escena, viendo como los cascotes caen a tu alrededor. Amenazantes, pero con un tono triste, sabiendo que todo se viene abajo.

No hay más que ver la brecha que se abre en los primeros compases. El como Okabe lucha por encontrar una solución desesperada, pisando a Hiyajo y recurriendo de nuevo a la metáfora de Mozart y Salieri — ahora más fría y dura que nunca. Su anterior capítulo aprovecharía el crescendo de su final para atacar con sus desgarradores violines. Pero esta vez su mismo inicio se ve presentado por ellos. Es un recordatorio de que todo esta perdido. Incluso si dan lo mejor de ellos, todo está perdido.

Un legado perdido, una misión que no se olvida

Pero cuando los violines dan paso al piano y se suma el sintetizador, se intuye un cambio. Es una victoria pírrica, quizás, pero ahí está. La determinación que Okabe ha tardado tanto en encontrar.

Zero y su original se abrazan para romper con la dicotomía de Okabe. Los hechos del futuro, la Tercera Guerra Mundial y todo el devenir que traería consigo sonaban distantes antes, pero ahora están tan presentes que sirven para crear una conexión, un arranque que lleva al científico a moverse. Y no solo a encontrar su camino, sino a guiar al resto de personajes en el suyo propio.

Es importante porque se denota un esfuerzo, una pequeña evolución en la que resuenan las palabras de Mayuri. No solo el hecho de que deberían encontrar la Steins Gate juntos sino el que el laboratorio había cambiado desde que no estaba él. Desde que no se reunían en él.

Pero no es solo Okabe. Incluso Kurisu se encuentra presente en el momento. «Tu eres la verdadera Amadeus». Las palabras de la chica no solo provienen de una inteligencia artificial, sino que es la propia Kurisu en si misma. Parece que Zero decide poner toda su fuerza emocional en un momento que recuerda tanto a su original que es imposible evitar los paralelismos.  Este es el verdadero legado de la chica.

Amadeus te llama de nuevo

«Makise Kurisu debió suponer mucho para ti». La forma en la que Hiyajo evoca los recuerdos de la chica en Okabe vuelve a rendirse a la determinación de él. Porque al final acepta todo lo que había estado evitando y lo hace todo por ella, por restaurar la promesa que hizo en su momento. Al final, Steins;Gate 0 es tan cíclico como su original. Volvemos al punto en el que Kurisu empuja a Okabe. Un nuevo intento. El momento en el que se atreve a llamar a Amadeus por su verdadero nombre, supone el regreso.

El regreso del hombre al infierno, ese mismo lugar cíclico que Dante Alighieri citaba en su obra, resulta ser mucho menos doloroso de lo que habíamos estado esperando. La obra ha jugado tanto con la idea de que Okabe vuelva a caer en esa espiral que ha hecho fuerte a su personaje. Hemos vuelto a Steins;Gate.

La conexión es tal que el propio escenario se permite sobreponerse al original. Okabe vestido de blanco corriendo antes, de negro ahora. Las escaleras del edificio de radio… Todo se repite. Pero a su vez, todo cambia. Porque Okabe no solo permite que cumplan la ‘Operation Arclight’ sino que le grita a Mayuri que la cumpla, como una miembro del laboratorio. Y por primera vez desde que dio comienzo Zero, sin necesidad de líneas alternativas, Okarin aparece en escena.

Su cierre no es inesperado. Hay un esfuerzo, desde luego, y la obra juega bien sus cartas. Pero no nos coge por sorpresa. Tampoco creo que sea el juego al que Zero quiere dedicarse. La misión fracasa y Suzuha y Mayuri mueren de nuevo. Y en este punto parece que todo vuelve a empezar. El edificio se desmorona de nuevo y nosotros, como espectadores, estamos en medio.

Pero esta vez Okabe se levanta y sigue. La decisión es firme. No importa las veces que se caiga, volverá a ponerse en pie. Esta vez nadie lo grita, pero todos lo sabemos, Okarin ha vuelto.

Óscar Martínez

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