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El director Alexandre Aja, el actor Robert Englund y el director de cine Jaume Balagueró (este último forma parte del jurado, junto con Javier Olivares y el responsable de Samsung, Miguel Ángel Ruiz) nos estuvieron mostrando en qué consiste la nueva forma de hacer y ver cine: la realidad virtual, una novedad cinematográfica donde el espectador puede introducirse aún más en la historia, ya que la visiona a través de unas gafas elaboradas por Samsung en 3D y 360 grados.

Este año la realidad virtual tiene su propia sección oficial en Samsung Sitges Cocoon con la participación de 27 relatos (que este año compiten en su propia sección) y la productora Future Lighthouse’s. Hemos podido visionar el primer capítulo de la ficción Campfire Creepers, totalmente interactivo: nos hemos sentido mirando todo lo que sucede como por un agujerito en el bosque creado por Aja, e incluso nos hemos sentido partícipes de lo que pasa (espectacular la escena en la arena).

El actor, el director y el responsable de Samsung en la presentación de la serie

Alexandre Aja ha trasladado un clásico del cine fantástico, como son las historias explicadas alrededor del fuego, a una nueva forma de hacer cine, siendo así la primera ficción de terror en realidad virtual. Una serie que consiste en chicos contando historias de miedo alrededor de una hoguera. En el primer episodio el director contó con la participación, como uno de los personajes principales, de Robert Englund. Este interpreta a un hombre ermitaño que tiene conocimientos de medicina, del cráneo humano, conocedor de la flora y la fauna (sobre todo de los insectos) y la soledad que le ha hecho llegar a una demencia sublime. El propio Englund ha aportado algo de la oscuridad que tiene de su bagaje interpretativo ¿Quizá del famoso Freddy Krueger?

Las dificultades del rodaje en realidad virtual

El rodaje, la dirección y el montaje son diferentes y más complicados que los de un rodaje convencional. La base ha sido buscar emociones muy profundas, puesto que la realidad virtual es la experiencia definitiva de inmersión que introduce al espectador en las escenas. Esto hace que el director tenga que esforzarse más y utilice resortes que disparen en el cerebro del espectador y sea una experiencia más intensa. Ante esto, Englund nos dice que siempre se suele decir que el director es Dios, o a veces el montador, pero en este caso todos estamos al servicio de la cámara.

La narrativa me interesa mucho, la implicación del espectador en primera persona… Esta experiencia lo intenté recrear en Rec, pero también el poder confeccionar una película con la cámara en cada posición que siga los 360 grados. Yo he explorado esta vía y me parece muy interesante, contaba Balagueró. Sería la hostia Rec en realidad virtual. Cuando Pablo está con la cámara, el espectador está decidiendo qué ver en cada momento, añadió el director.

En cuanto a la hora de interpretar, Englund afirmó que la diferencia principal es que entre cada toma hay un periodo de tiempo importante. Hay muchas lentes, y no es como el cine habitual, porque hay que mantener un tiempo entre secuencia y secuencia de alrededor de 45 minutos en los que no se puede perder la emoción de una escena a otra. Cada lente hay que limpiarla, reenfocarla… No se puede perder la energía, la emoción. Otro punto importante de la actuación es que cuando se dice “¡Acción!” todo el equipo desaparece, algo que puede favorecer positivamente a la interpretación, ya que en los 360 grados no puede haber nadie y hay que repetir los visionados en cada toma.

¿Y a dónde mira el espectador? Esto sale de manera natural, porque al final el espectador mirará hacia el lado donde el propio director le lleve a mirar, pues tiene más libertad para llevarle la mirada a un sitio o a otro. El problema es más técnico. En el caso de Campfire Creepers son solo 12 minutos, y hay que hacer 40 terabytes en solo 12 minutos. Imaginaos los que se necesitan para hacer un largometraje. La cantidad de información y de tiempo, y eso lo traslada a las gafas y los visores, porque necesitan estar cargados con mucho peso de información. Además, los departamentos tecnológicos deben investigar el modelo en el que podemos estar tanto tiempo. En un año o dos quizá se solvente, decía Alexandre Aja.

Otro punto complicado es el sonido, que no se puede separar el ambiente de los diálogos y que este sea envolvente. Los micrófonos van escondidos en los actores (otro desafío), se trabaja con sonido natural, la música es diferente también y hay que crear un tono específico al unirlo todo. Aja utiliza algún truco de los que se utilizan para hacer videojuegos en la actualidad. También hay que tener en cuenta la iluminación de la película. Aja admitió que puede ser algo frustrante porque todavía son los inicios de este tipo de rodaje, se utilizan cámaras muy pequeñas que no son de la misma calidad que las grandes cámaras de cine y no dan tantas facilidades a la hora de iluminar, así que queda mucho que mejorar.

Para que el público pueda hacerse una idea de cómo es rodar en exteriores con realidad virtual nos pusieron un ejemplo: es como si se fuera dando un paseo por el bosque y hay unas zonas más sombrías y otras más soleadas, unas más bonitas, otras menos… Pero al fin y al cabo lo que cuenta es una buena historia y un buen reparto: “Todo se basa en la capacidad de los actores que se eligen para que uno se adentre en la narración y pueda sentirse parte de ella. Fuimos muy afortunados al trabajar con los niños y con Robert; es un gran regalo trabajar con él, afirmó orgulloso Aja. Por su parte, Englund quiso decir que “con Alex iría al infierno de la realidad virtual”. Y nosotros estamos seguros que desde El Palomitrón seguiremos con los ojos cerrados allá donde vayáis.

María Páez

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