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Elio Dibujos Libro El Palomitrón

“Necesito contar un secreto. Dicen que la auténtica magia ha desaparecido, pero yo… yo no estoy de acuerdo”. 

Diego Arboleda y Raúl Sagospe, Elio. Una historia animatográfica

Si ahora mismo nos preguntasen qué es la magia, probablemente no sabríamos qué responder. Pero con total seguridad, si nos preguntasen dónde está la magia, contestaríamos que en el cine. Rodeados de esta aura, como si fuéramos los privilegiados que observaron las primeras películas de los Lumière, nos llega Elio. Una historia animatográfica, el nuevo libro de Diego Arboleda y Raúl Sagospe. El cuarto trabajo de estos dos autores para Anaya nos brinda una historia mágica, llena de curiosidades sobre el cine.

Elio Portada Libro El Palomitrón

Elio es un niño huérfano que vive en el Orfanato Triplántido, un lugar que parece diseñado para las novelas del mismísimo Charles Dickens. No solo es inhóspito y gris, sino que además está al cargo de un ser despreciable, Priorini. Pero el 16 de septiembre de 1890, Elio es finalmente adoptado por la familia Boj, que regenta una óptica al lado del Circo Price. Este circo conseguirá que Elio viva unas aventuras que jamás imaginó dentro de aquel triste orfanato, además de conocer bien de cerca un mundo que nacía por aquella época: el cine.

Este libro es una pieza magnífica para que los más pequeños sientan interés por el mundo del cine y no solo como una industria que proyecta fantasía en nuestras vidas, sino también el cine entendido como ciencia y tecnología, con la descripción de diversos aparatos previos al cinematógrafo como el kinetoscopio o la Linterna Mágica. La historia además inspira a creer en la magia que algunas personas traen consigo y cómo un invento como el cine puede potenciarla.

El trabajo de Arboleda y Sagospe es de nuevo brillante. Sus dibujos acompañan y completan la historia, llenando de color y de personajes las páginas en las que un texto ameno e interesante forma un libro como el que tenemos en las manos. Las descripciones de los lugares, las gentes, sus ropas y su manera de ser nos transporta de inmediato a finales del siglo XIX, lo que sirve para ambientar a los más jóvenes en una época previa a todos los avances tecnológicos que ellos tan bien conocen.

“El oftalmólogo se encogió de hombros, se levantó y se dirigió al mueble donde guardaba los artilugios ópticos. Pero en lugar de abrir uno de los cajones más grandes, abrió uno de los más pequeños. Volvió con una caja de madera y mostró su contenido. Dentro había unos cuantos círculos de cartón, con dibujos. Cada círculo tenía dos cordeles que colgaban a su lado.

-Se llama taumatropo. Fue inventado por John Ayrton en 1824 (…).

El taumaptropo tenía un dibujo en cada lado, pero los dibujos estaban incompletos. Cuando lo hacía girar con suficiente velocidad, los dos dibujos se mezclaban generando uno solo”.

Elio. Una historia animatográfica, págs. 75-76

El cine es el motor y la inspiración de muchas cosas desde su nacimiento, pero es necesario tener cierta maestría para contar historias como la de Elio. Que la historia sea interesante, que mezcle datos reales y, además, despierte el interés en los lectores sobre una industria que tiene más visibilidad en qué proyecta que en cómo lo proyecta. Se trata del regalo perfecto para aficionados al cine que deseen contagiar esta pasión a los más pequeños de su familia. Pero no se dejen engañar, si este libro llega a manos adultas también lo saborearán y les devolverá las ganas de conocer la magia del cine.

Lorena Rodríguez

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