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Hoy en la Berlinale hemos visto una selección muy variada de películas, y no hemos repetido país de producción (algunas eran una colaboración de varios). Si tuviéramos que buscar una conexión entre las cinco, podríamos apuntar a que todas tratan temas tabú o que no son presentados con suficiente regularidad en los medios de comunicación.

MY BROTHER’S NAME IS ROBERT AND HE IS AN IDIOT

My Brother's Name Is Robert and He Is an Idiot - El Palomitrón

En el tuit que hemos publicado poco tiempo después de salir de la sala del Friedrichstadt-Palast hemos sido bastante tajantes y abiertamente hostiles hacia la cinta. Probablemente es la reacción que buscaba el director Philip Gröning, y ha recogido lo que había sembrado: más de 40 personas han abandonado su butaca a media proyección. ¿Tiene toda esta voluntad de provocación algo interesante detrás o es puro humo? Nosotros somos de la opinión de que todo su discurso metafísico está completamente vacío y la película se sostiene solamente en la búsqueda del morbo ante situaciones repugnantes. Puede que el tiempo nos corrija y la eleve a un estatus de culto. Puede que todo esto empiece este sábado con la decisión del jurado liderado por el imprevisible y atrevido Tom Tykwer.

AZ ÉN XX. SZÁZADOM

De este filme no haremos propiamente una reseña, puesto que se estrenó en 1989 y seguro que por las redes corren reseñas mucho más profundas que las 4 líneas que podríamos garabatear en los 5 minutos que tenemos antes del siguiente pase. Hemos tenido el privilegio de verlo en la sección Retrospectiva, que recupera grandes obras del pasado. Esta está dirigida por Ildikó Enyedi, quien ganó el Oso de Oro el año pasado con la excelente On Body and Soul. Si tenéis la oportunidad de verla no la malgastéis, ya que es una obra que escapa a todas nuestras estrictas restricciones de lo que tendría que ser un filme de época.

ELDORADO

Como ya hizo con More Than Honey, una preciosa carta de amor a las abejas, Markus Imhoof usa una experiencia personal relacionada con un tema de actualidad como punto de partida del debate y, posteriormente, se va alejando paso a paso de esta raíz para poder entender el marco global. Esta vez retrata el sistema perfectamente criminal que tenemos y su efecto en la vida de las personas refugiadas. Si buscáis un documental completo y exhaustivo sobre el tema, este no es el adecuado, pero si queréis empezar a indagar al respecto para entender cómo les estamos fallando, concededle 90 minutos a Eldorado.

YARDIE

Yardie - Idris Elba Berlinale 2018 El Palomitrón

Idris Elba es un artista muy polifacético: actúa, canta, hace de DJ, compone… Y ahora también dirige y, como todo lo otro, lo hace muy bien. Yardie cuenta el resultado de un acto de violencia y las repercusiones al otro lado del Atlántico, en Londres, a través de D (Dennis) y todo lo que hace para sobrevivir y proveer a su familia. Es lo inédito de esta historia lo que más destaca del filme. Elba apostó por el talento jamaicano a la hora de contratar a sus colegas, y eso le da a Yardie un aire de autenticidad que absorbe tu atención. Es verdad que la narración es convencional y a veces un poco torpe, pero también hay algunas secuencias poderosas, suficientes como para augurar que con un material con el que conecte emocionalmente, Idris Elba puede convertirse en un director notable.

TOUCH ME NOT

Eran las 10 de la noche, estábamos sentados en la penúltima fila del inmenso Berlinale Palast. No sabíamos qué esperar del debut en la dirección de Adina Pintilie. Su cortometraje documental de 2007 sobre la vida en un hospital psiquiátrico nos podía dar pistas. Entonces empezó. “¿Es un documental o es ficción?”, nos preguntábamos. Tras 20 minutos, unas cuantas personas se levantan y se van. ¿Les molesta la representación sin tapujos de la sexualidad, la forma de retratar (y venerar) los cuerpos o los crudos diálogos sobre las emociones? ¿Hay algo de conservador en esta reacción de odio tan visceral? ¿Lo estamos sintiendo también nosotros? Ha pasado una hora. Mucha gente mira el reloj. Aún falta una hora. Algunas personas abandonan la sala. Nos hemos puesto el reto de acabarla. Miramos el reloj, han pasado 10 minutos. ¿Por qué sentimos tanta incomodidad? Esto seguro que no habla bien de nosotros. Mirando el reloj de 10 en 10 hemos llegado al final. Abrimos Twitter, alguna gente enuncia su odio hacia el filme. A medida que pasan los minutos tenemos más y más la sensación de que hemos visto una obra clave para entender el presente que enfoca nuestra sociedad desde otro ángulo diferente del común, descubriéndonos verdades que desconocíamos o voluntariamente ignorábamos sobre nuestro tiempo. Aplaudimos al festival para añadirla a la sección de competición.

Pau Jané

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