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Yo no soy Madame Bovary - El Palomitron

Ganadora del Premio FIPRESCI en el Festival de Toronto y de los premios a Mejor película y Mejor actriz en el Festival de San Sebastián, Yo no soy Madame Bovary no es una reinvención de la feroz parodia de la burguesía francesa de Gustave Flaubert. Como nos informa la voz en off del prólogo de la película, esta se basa en un cuento moral de la China del siglo XVII sobre una mujer llamada Pan Jinlian que conspira con su amante para matar a su marido. Desde ese día, a las mujeres adúlteras se las llama Pan Jinlian: es una letra escarlata, una marca de promiscuidad perteneciente a otra era. Pero Yo no soy Madame Bovary no es una historia sobre infidelidad o la posición inferior de las mujeres en la sociedad actual: el nuevo filme de Feng Xiaogang es una obra que trata sobre la naturaleza de la burocracia, y el intento incansable de una mujer de luchar contra el sistema.

Fotograma Yo no soy Madame Bovary - El Palomitron

Fan Bingbing interpreta a Li Xuelian, una mujer que busca casarse otra vez con su marido y luego divorciarse de él, pero esta vez de verdad. Ella insiste en que el primer matrimonio era “de mentira”, aunque todos los papeles están en regla, y por lo tanto su demanda es desestimada por el juez. Derrota tras derrota, Li sigue ascendiendo los peldaños de este gran agujero de caos al que llaman burocracia, llegando a Pekín y dejando en evidencia delante de los altos dirigentes del estado a todos esos funcionarios que le han llevado hasta allí.

En su segunda parte, de estructura casi clónica, los dirigentes denostados, y los que ahora ocupan el lugar de estos, intentarán hacer todo lo posible para que Li no vaya a Pekín otra vez, poniendo en peligro sus cargos. Todo, claro está, menos resolver su caso, en un giro macabro y rocambolesco del chiste último de la cinta, potenciando así su sentido satírico. Pero la incompetencia y la holgazanería recalcitrante de los funcionarios gubernamentales y el criticismo devoto al efecto de la burocracia en la gente de a pie son máximos en las secuencias en las que la cámara se aleja de Li y se acerca a esos patéticos y ensimismados personajes aferrados al cargo, tan bien escritos por el guionista (y escritor de la novela en la que se basa la película) Liu Zhenyun.

Yo no soy Madame Bovary en El Palomitrón

La elección de Feng Xiaogang (que pasa mucho más rápido de lo que uno podría pensar del brillante chiste visual a la gracieta irritante) de alterar la relación de aspecto del filme del habitual scope o el casi 1:1 que Dolan usó en Mommy (que también tienen su lugar en la cinta) al “ojo de buey” no parece responder a una exigencia narrativa. De hecho, no parece responder a nada en absoluto más que a generar cierta incomodidad al espectador, que es incapaz de obviar o al menos asimilar el trabajo técnico de dudosa maestría de Xiaogang y su director de fotografía Luo Pan. La redondez de los fotogramas se siente más como una gran máscara negra que tapa más de la mitad del plano y enmarca pequeñas miniaturas de pintura asiática clásica, esas en las que todo detalle está presente, pero resulta casi imposible de ver o examinar. Y la película pasa casi la totalidad de su metraje vista así, a través de un telescopio, una limitación autoimpuesta que sí, es interesante, pero es una constante distracción.

Feng Xiaogang reduce la burocracia china, el sistema legal y la falta de eficiencia del gobierno a bromas de mal gusto en Yo no soy Madame Bovary, pero con su estilo visual se arriesga a perder de forma alarmante el interés del público, incapaz de concentrarse en otra cosa que no sea ese redondel sin primeros planos. Entrar en la nueva película del director de obras imponentes como Back to 1942 y Aftershock significa entrar en un letargo de más de dos horas en las que, además de no dejar títere con cabeza, los afectos formales y técnicos de originalidad y gratuidad descaradas del director sobrepasan por mucho la construcción de personajes y la incansable repetición de eventos narrativos. Aunque quizás es que no la hemos entendido.

LO MEJOR:

  • La actuación de Fan Bingbing.
  • La deliciosa composición de planos. 

LO PEOR:

  • Su larga duración.
  • El sentido del humor de Xiaogang muchas veces se escapa de la comprensión occidental.
  • El estilo visual de “ojo de buey” da buen resultado visual, pero no tanto narrativo.

 

Pol Llongueras

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