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Los horrores bélicos no acaban con el armisticio y alto al fuego, sino que perviven en la mente de quienes han combatido por toda una vida. Las guerras más crueles no terminan en el campo de batalla, sino que perduran en la memoria y se libran en el terreno más interno y personal. Las heridas más profundas no son las ocasionadas por armas de fuego, sino las que el tiempo y los recuerdos tratan de hacer curar. Como si de una larga travesía se tratara, el cine ha pasado por el género bélico con la crueldad que sólo el realismo puede reflejar y la sensibilidad que toda pérdida y batalla llegan a evocar. Como si este largo viaje no tuviera principio, razón o final.

Y es esta ardua travesía lo que UN LARGO VIAJE (THE RAILWAY MAN) trata de evocar. Haciendo honor a su título, sus 126 minutos esconden un viaje más personal que artístico, introspectiva en una declaración de intenciones monótona narrativamente y excesivamente academicista. En un drama bélico a la vieja usanza, el que fuera llamado uno de los nuevos talentos del cine australiano, TEPLITZKY, nos sumerge en la vida de Eric Lomax (COLIN FIRTH,  JEREMY IRVINE), integrante del Ejército Británico fascinado desde su niñez por los ferrocarriles. Capturado en la Segunda Guerra Mundial por los japoneses, es enviado a un campo de trabajo en la línea férrea entre Birmania y Tailandia, donde tanto él como sus compañeros sobreviven en condiciones extremas a las torturas de sus captores. Décadas después, Lomax vive retirado junto a su esposa Patricia (NICOLE KIDMAN), tratando de olvidar un pasado que volverá cuando descubra que su captor y torturador japonés sigue vivo.

 

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Basada en una historia real, y con una estructura temporal brillantemente enfocada, UN LARGO VIAJE muestra los horrores provocados por la guerra sin caer en lo excesivamente cruel como otras películas de reciente estreno del género. En su contención y simbología de las torturas, conmueven más los gestos y miradas que las palabras y actos explícitos. Bien cuidada en su producción y estéticamente destacable, no evita su entrada en un enfoque demasiado anticuado, convencional y delicado para atraer a las masas, en un fallido intento academicista de aproximarse a la temporada de premios.

Y es que es este lenguaje académico el que dificulta la capacidad para que una película dramática como UN LARGO VIAJE conmueva al público. Todo enfocado al puro objetivo de la emoción, las honorables intenciones de la producción no se corresponden con su impacto emocional o su suspense psicológico. La implicación espectador-película es escasa y meramente basada en el talento interpretativo de los integrantes del film.

 

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Qué decir de COLIN FIRTH. O de NICOLE KIDMAN. Los primeros 20 minutos son una pura y desconcertante delicia, desarrollando el noviazgo de ambos a una edad tardía más convincente de lo que uno puede (e incluso quiere) esperar. La contención y sufrimiento de KIDMAN o la complejidad emocional de la interpretación de FIRTH empastan, unificando uno de los mayores alicientes de la historia. Una historia incompleta sin la versión juvenil del oficial Eric Lomax. Cuestionable serán sus elecciones de papeles, pero no el talento interpretativo de un JEREMY IRVINE que consigue uno de sus mayores logros y aciertos en su carrera. A la altura del mejor FIRTH, es él quien da la sorpresa en esta producción e invita al espectador a disfrutar del agridulce destino de este arduo viaje.

Y es que cada película es un largo viaje. Realizado de un modo u otro, cada una de ellas tienen un principio y un final, independientemente del destino y rumbo que tomen. Bien conducido, este viaje llega a su meta por un camino tan clásico como convencional, necesitado de emotividad y sobrante de calidad interpretativa y artística. Este tren de la seguridad y lo introspectivo entra en la estación. Es nuestra decisión subir en él o no.

 

 

LO MEJOR:

  • El plano interpretativo. Con todo el protagonismo cedido a COLIN FIRTH y JEREMY IRVINE, ambos se compenetran y consiguen aunar en ellos todas las características necesarias para hacer creíble la interpretación conjunta de un mismo personaje.
  • La estructura temporal. Los continuos flashbacks entre presente y pasado de la vida de Eric Lomax no resultan difusos, sino plenamente justificados y destinados a que el espectador disfrute y entienda la historia en toda su complejidad.

LO PEOR:

  • Su tono académico. Orientada hacia la carrera de premios frustradamente, la película sacrifica su emoción por encontrar un ritmo que le haga digna competidora en los Oscar. Bien orientada en la teoría, no llega a conmocionar en la práctica

 

 

Lydia Martínez

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