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Acaba el primer fin de semana de competición en el SEFF y ya hemos podido ver los primeros aplausos de la prensa, que en Sevilla es siempre tímida, en alguno de los pases. La tercera jornada estuvo plagada de retratos de la juventud, aunque sin mucho parecido entre ellos. Del descubrimiento de la (homo) sexualidad en un pequeño pueblo islandés a la búsqueda del sueño americano, pasando por la insolencia teen de un chaval parisino.

Le fils de Joseph

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(Por Fon López)

El veterano Eugène Green ha traído a Sevilla este drama sobre Vincent, un joven adolescente (Victor Ezenfis) e hijo de madre soltera que, buscando vengarse de su padre biológico, se encuentra con un hombre que cambiará sus planes e intenciones.

Green plaga la historia de referencias bíblicas, estableciendo un paralelismo entre dos formas de entender la paternidad: la de Abraham y la de José. Uno es un padre dispuesto a sacrificar a su hijo con tal de alcanzar sus objetivos; el otro, un hombre que acepta a Jesús como hijo propio pese a no serlo.

Más allá de reformular la Sagrada Familia en una historia contemporánea, el director impregna todo el filme de una moral cristiana, a ratos insoportable, con un protagonista incapaz de ser feliz en su familia monoparental y que trata mal a su madre por no tener una figura paterna en casa. La insolencia del niño curiosamente desaparece cuando se atisba la posibilidad de encontrar la pieza que le falta a su puzle de familia tradicional.

La representación de las escenas roza a veces la teatralidad, sobre todo en la dirección del joven Ezenfis, que salva su interpretación gracias a su buen hacer y pese a la poca naturalidad de sus líneas de diálogo. Los personajes en general están muy estereotipados (el padre malo, malísimo) y carecen de profundidad.

La edad y posición social de Green también se evidencian en la elección de localizaciones y ambientación musical. La madre de Vincent (Natacha Régnier) es una enfermera que no puede hacer turnos nocturnos ni en fin de semana para ocuparse de su hijo. Pese a ello, vive en un apartamento que no podría permitirse en la vida real.

El uso de piezas operísticas en algunas escenas resulta tan forzado como algunos de los diálogos. La secuencia de apertura muestra la salida de los alumnos de un instituto en la que hubiera desentonado incluso menos la sintonía maquinera de Al salir de clase. En un momento en el que el protagonista enciende su iPod y se pone los cascos para desconectar de la realidad, la película queda en silencio. Green no tiene el más mínimo interés en saber qué puede estar escuchando un chico de su edad en una situación así.

Se agradece la parodia del ambiente elitista del mundo de las letras, pero sin la capacidad de abstracción que puede conseguir Woody Allen. A fin de cuentas, Le fils de Joseph es cine burgués para burgueses. Si la intención era ser cínico, Green se ha quedado a medias.

Heartstone

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(Por Pablo Herrera)

Hearstone era, a priori, una de las películas más llamativas de la Sección Oficial de este año. El cine islandés es, a grandes rasgos, un absoluto desconocido para nosotros, si bien las buenas críticas de la cinta nos hacían esperar lo que finalmente nos encontramos ante la pantalla: un drama redondo encuadrado en el precioso paisaje del país nórdico.

La película dirigida por Guðmundur Arnar Guðmundsson nos hace viajar hasta una zona rural del norte de Islandia, donde acudimos al despertar sexual de los dos preadolescentes protagonistas, Thor (Baldur Einarsson) y su mejor amigo y protector Christian (Blær Hinriksson), secretamente enamorado de él.

Thor está preocupado por no haberse desarrollado lo suficiente, siendo más aniñado que todos sus amigos, y lucha por conseguir el amor de Beth (Diljá Valsdóttir). Christian, por su parte, tiene que enfrentarse a su particular dilema sobre su orientación sexual en un pequeño pueblo muy conservador dominado por las apariencias.

De forma paralela, aprendemos algo más sobre la forma de vivir en el paraje de la mano de sus familias. La madre de Thor (Nína Dögg Filippusdóttir) es tratada como una puta, incluso por sus hijas, por tratar de recomponer su vida tras el abandono de su marido. El padre de Christian, interpretado por Sveinn Ólafur Gunnarsson, es, por el contrario, un hombre pendenciero, homófobo y maltratador, visto como un cabeza de familia perfecto. Sorprende también encontrar al actor danés Søren Malling, una de las estrellas de la serie Borgen.

Aunque la notable fotografía no nos haga olvidar en ningún momento que estamos en un precioso pero inhóspito rincón del mundo, los comportamientos sociales recuerdan a cualquier pequeño pueblo gallego, andaluz o castellano, donde se actúa de cara a los demás y la disidencia no está permitida.

Frente a la disidencia, como en cualquier gran ciudad de España, está Reikiavik, castigo, solución y última esperanza para aquellos que son diferentes, para los que se divorcian, para los que admiten su homosexualidad, para todos aquellos que deciden no comulgar con la estricta moral del pueblo. Un lugar visto como el de los otros, pero también un rayo de esperanza donde es posible incluso renacer.

Estamos ante un drama trágico que nos puede llegar a sobrecoger, en el que la magnificencia del paisaje ayuda a agrandar las emociones, la desesperanza y la impotencia en la que nos sumerge durante dos horas de metraje, que nunca llegan a hacerse lentas, creciendo poco a poco como la sexualidad de sus dos protagonistas.

Cuando acabamos, en la primera película que ha conseguido los primeros aplausos del público en el pase de prensa, no queda más que quitarnos el sombrero ante su director y sus intérpretes. Que un país con menos de la mitad de habitantes que la ciudad de Sevilla haga un cine tan redondo como Heartstone es toda una llamada de atención sobre lo que se puede hacer cuando hay talento, ganas y el apoyo de las instituciones.

American Honey

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(Por Fon López)

La actriz y directora Andrea Arnold (Cumbres borrascosas) estrena esta road movie tras llevarse el Premio del Jurado en Cannes, haber espantado a la crítica española y encandilado a la norteamericana.

Y eso que American Honey, pese a retratar la realidad de un grupo de jóvenes estadounidenses con sus propias particularidades culturales, no deja de contar una historia universal. Star (Sasha Lane) es una adolescente de pocos recursos y con una familia desestructurada. Tras un encuentro fortuito con Jake (Shia LaBeouf), se embarca en un viaje por el medio oeste americano junto a otros chicos y chicas para vender suscripciones a revistas y tratar de ganar algo de dinero.

Los protagonistas no tienen claro su futuro y solo tienen un propósito: alcanzar el sueño americano. La idea se refuerza a través de la música que les acompaña durante todo su viaje, tanto a ellos como a las personas que se van encontrando por el camino. Desde el rap misógino y clasista que monopoliza el reproductor de la furgoneta en la que se desplazan hasta el country coreografiado que baila la madre de Star, pasando por Bruce Springsteen o Rihanna. Todo un recorrido por la cultura yanqui a través de sus canciones.

El grupo de jóvenes es antisistema solo porque el sistema les rechaza, ya que, pese a los delitos, las blasfemias (“Que le follen a Dios”) y el exceso de alcohol y drogas, lo que realmente quieren es tener dinero y fardar de ello como sus ídolos musicales.

Y, como en el propio sistema al que anhelan pertenecer, una figura se eleva por encima de ellos. Este rol de patrón lo encarna Krystal (Riley Keough, la protagonista de The Girlfriend Experience), soberbia y posesiva, que intenta que Star nunca llegue a sentirse cómoda del todo. 

Las casi tres horas de metraje se sobrellevan si te gustan las road movies y la estética de videoclip. En este caso, también ayuda el magnetismo de Sasha Lane, de quien la cámara no se separa en toda la película.

Las reacciones en Sevilla ante Heartstone y American Honey nos hacen pensar en la posibilidad de encontrarlas en el palmarés. De momento, en la jornada de hoy todas las miradas se centrarán en Xavier Dolan y su Solo el fin del mundo. Veremos si aquí prensa y jurado también se mueven por caminos opuestos.

Fon López y Pablo Herrera

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