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Schadenfreude es el término alemán para describir la alegría que uno siente ante las desgracias ajenas. No encontramos una palabra equivalente en nuestro idioma, pero sí una descripción bastante acertada. Así es cómo se deben estar sintiendo los detractores de la primera temporada de Scream Queens y, sobre todo, los de Ryan Murphy, que se estarán frotando las manos porque ha llegado el momento en el que se les puede dar la razón: a Ryan se le ha ido definitivamente de las manos. Y el que haya visto la segunda temporada de Scream Queens sabe a qué nos referimos.

El piloto de la primera temporada fue simplemente genial: una auténtica locura y mezcla de los géneros de terror y humor que funcionaba y que tanta falta hacía en el panorama de las series. La historia comenzaba con un flashback mostrándonos una hermandad de niñas bien y en el que moría desangrada una chica en una bañera tras dar a luz mostrando la culpa de sus “amigas”, que preferían no perderse el momento de Waterfalls de TLC a ayudar a la chica aterrada por lo que le estaba pasando. Todo muy surrealista y perverso pero simplemente eficaz y que invitaba a uno a adentrarse en ese mundo. Años más tarde, Ryan Murphy nos sitúa en la misma hermandad y comienza la presentación de personajes. ¿Lo mejor? Obviamente las Chanel. Al finalizar el capítulo ya aparece el serial killer disfrazado de demonio con su primera víctima. Un piloto que levantó tanto pasiones como profundo rechazo.

ATENCIÓN: Este artículo contiene spoilers, por lo que no es recomendable seguir leyendo si no has visto la temporada entera.

Ryan Murphy is back, bitches

La segunda temporada ha sido muy esperada y aclamada por los más fans y ha resultado ser un total despropósito. Ryan Murphy sitúa la trama en un hospital donde, en 1985, se comete un fraude médico que acaba con un paciente muerto en un lago. Años más tarde, este hospital se ha convertido en un centro llamado CURE a cargo de la ya conocida Cathy Munsch, interpretada por Jamie Lee Curtis.

El punto de partida de esta temporada ya no convence de por sí: un hospital, unos personajes nuevos cuyo carisma es inexistente, un monstruo verde… Simplemente no funciona, porque no hay ningún tipo de feeling entre los ingredientes por los que apuesta Ryan Murphy. La mayoría de las series que se convierten en múltiples temporadas sufren montañas rusas, como suele ocurrir hasta en las mejores familias. Lo preocupante de Scream Queens es que vamos por la segunda y dentro de cada capítulo estamos en una montaña rusa continua, es decir, una muerte anunciada en toda regla. Ya no es que estemos ante una serie absurda, lo cual no tiene por qué ser malo, pero sí ante unos hechos inconexos y diálogos que pretenden escandalizar y llevan al bostezo continuo. ¿Dónde queda la frescura y el ingenio absurdo de la fraternidad KKT? Era bestia y, lo más importante y probablemente la clave de su éxito: no se tomaba en serio a sí misma. Esta vez hay momentos en los que parece que su creador quiera darle sentido y coherencia, e incluso da la sensación de que se ha dedicado más bien a otros proyectos y descuidado totalmente todos y cada uno de los aspectos de su show, que prometía ser innovador en el mejor de los sentidos.

La trama tampoco mantiene ningún tipo de clímax. A mitad de temporada se desvela quién es el hijo del paciente cruelmente asesinado en 1985 (es decir, el que probablemente se esté vengando de todo lo que se mueve en el hospital), una revelación demasiado precoz. En el capítulo 8, Wes Gardner (Oliver Hudson), el padre de Grace, vuelve con un problema estomacal de lo más ridículo y difícil de digerir (hasta este comentario de nuestra cosecha puede llegar a divertir más que esta temporada). Una reincorporación forzada y cuyas reales intenciones se desvelan demasiado pronto. La enfermera Hoffel, interpretada por Kirstie Alley, aparece al inicio de la temporada para volver más adelante, con la excusa de ser una de las asesinas. Su motivo es algo más sorprendente, pero no os emocionéis. Nadie dará ni el más mínimo brinco cuando lo averigüe. Y si incorporamos a la ecuación la que resultó ser el cerebro de los asesinatos de la temporada anterior, Hester (Lea Michele) como coach de los monstruos verdes… En serio, Ryan, ¿esto es lo mejor que podías dar a tu público? En el penúltimo capítulo nos plantamos con tres monstruos verdes y nos da absolutamente igual, como también nos son indiferentes las muertes en cada capítulo. De hecho, agradecemos cada asesinato porque eso significa que ya queda menos de temporada. ¿Dónde han quedado esas muertes, como la de la chica sorda que amaba Taylor Swift o bien el what the fuck que todos pensamos al ser testigos de la muerte del personaje de Ariana Grande? Absurdo, sí, pero simplemente genial y diferente a todo lo demás en el panorama actual de las series.

Salvemos algo dentro de este caos

No todo van a ser malas noticias: hay momentos (aunque realmente escasos) en los que resaltan frases ingeniosas y que logran esbozar una sonrisa, como por ejemplo en el capítulo en el que el personal del hospital celebra Halloween y deciden disfrazarse. Uno de ellos opta por Ivana Trump, soltando Chanel Oberlin la perlita de que para ella es Chelsea Clinton, procedente de un universo paralelo donde Hitler ganó la Segunda Guerra Mundial. En la misma fiesta, John Stamos parece un moribundo, diciendo que va disfrazado del guion de Batman v. Superman, a lo que se le replica que va hecho un desastre. “Exacto”, contesta él mismo. Y ni esto, querido público, logra reanimar la serie.

El desprecio continuo a la pobre Chanel número 5 (ojo a los momentos en que mendiga reconocimiento por su puntuación en el examen) o las dudas sobre la edad del médico buenorro son momentos que dan lugar a la sonrisa. Lástima que estos escasos logros no sean suficientes.

También se opta por incluir la tradición de Chanel Oberlin de mandar a sus fans ciertos regalos poco agradables, llegando a visitar a una de ellas como hizo en la realidad Taylor Swift (pero esta todo de buen rollo). Es una idea brillante parodiar a la buena causa de Taylor, pero es algo que ya vimos en la primera temporada… ¿Falta de ideas, señor Murphy?

Viejas y nuevas incorporaciones: ¿Acierto o fail?

¿Qué decir de su elenco? Cathy Munsch (Jamie Lee Curtis), las Chanels (Emma Roberts, Billie Lourd y Abigail Breslin) o Chad Radwell (Glen Powell) son definitivamente de lo poco salvable de los 10 capítulos que forman esta temporada. El resto del reparto produce una sensación que podría ser descrita con una sola palabra: pereza. ¿A quién se le ocurre fichar a Taylor Lautner para este tipo de serie? ¿Qué se tomó Ryan Murphy para llegar a pensar que sería una buena idea? Y ya el hecho de convertirlo en uno de los monstruos verdes… No hay palabras para describir este despropósito, que solo hunde más en el lodo esta temporada. También se incorporan como nuevos fichajes a John StamosKirstie Alley, dos actores de los que no podemos hablar mal, pero que simplemente no encajan y no pueden brillar entre tanto caos. Otro de los logros es y será siempre Chad Radwell (bueno, será ya no, porque a mitad de temporada deciden cargárselo…), uno de los mejores personajes, por no decir el mejor, que no puede ser más irritante, descerebrado y terriblemente insultante. Y aunque parezca contradictorio, eso es algo que nos encantaba.

Vuelven a repetir, aunque sin pena ni gloria, Oliver Hudson y Keke Palmer. Si no llega a aparecer esta última, ni nos llegamos a enterar. Su personaje es totalmente prescindible y no aporta lo más mínimo. De hecho, tiene más vida la agente Denise congelada (por cierto, una siempre genial Niecy Nash) que Zayday. Lea Michele vuelve a interpretar a Hester, y cómo se nota que es el ojito derecho de Ryan Murphy. La mete cual calzador en todas partes de esta segunda temporada.

Último capítulo, pero puede que no la última temporada 

En el último capítulo hay muertes y hasta una resurrección, pero poca sorpresa. En “Drain the Swamp”, Cassidy (Taylor Lautner) decide no seguir matando debido a su amor hacia Chanel número 3, aunque este acto tan romántico le acaba costando la vida. Por lo tanto, tras lograr la enfermera Hoffer encerrar en una jaula a los supervivientes de las últimas semanas, la agente especial Denise (Niecy Nash) “resucita” y logra sacarlos de allí. Todos se unen para acabar con la enfermera, y acto seguido el hospital parece estar en su momento más exitoso al haber vuelto todo a su normalidad. Uno de los finales más aburridos de los últimos tiempos. Aunque, cómo no, no todo acaba aquí: el médico al que da vida John Stamos huye junto a Hester a una isla con la fortuna de Munsch, Chanel número 5 y Zayday se convierten en excelentes médicos y Chanel Oberlin triunfa en un programa de televisión como presentadora. En la última escena reaparece el demonio rojo de la primera temporada. ¿Tercera temporada a la vista? Si es para redimirse de esta tomadura de pelo, aceptamos. Si vuelve a escoger un camino similar, por respeto a toda la humanidad, Ryan, por lo que más quieras, no lo hagas.

Una pena que la continuación de esta serie haya estado tan descuidada y parezca que haya sacado la peor versión de sí misma: no acierta con la elección de ciertos actores, desaprovecha a otros, la trama es desastrosa como los gags, y absolutamente casi todo. No podemos decir que la primera temporada fuera una obra maestra, ni que tuviera un buen guion (de hecho era algo desastroso), pero al menos lo compensaba con gags que producían carcajadas y que, al fin y al cabo, entretenían. No sabemos qué le ha pasado a Ryan Murphy y solo esperamos que proclame las siguientes palabras: “Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir”.

Gabriela Rubio

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