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Made in Abyss, la aclamada obra de Akihito Tsukushi, se coronaba el pasado año 2017 como mejor anime del año a manos de Crunchyroll. Si bien, la impecable adaptación de Kinema Citrus y el arte melódico de Kevin Penkin han sido los artífices que han catapultado la obra al éxito, su manga no es que haya alcanzado pocos méritos por motu propio.

La artesanía, el arte de Tsukushi, se desmarca de los estándares. No solo en lo visual y estético, sino también en la narrativa. Porque Made in Abyss es una obra de trasfondo y de dobles significados. En el abismo nada es lo que parece. Y esto es algo que exploraremos a lo largo de esta reseña de Made in Abyss #1. Un análisis donde no destriparemos detalles sustanciales de su argumento e intentaremos ir más allá de lo que vemos a primera vista.

Tsukushi trata de forma especial a su obra. Pese a ser un autor novel —esta es su segunda publicación tras un one-shot anterior— se siente capaz de pintar un mundo de ficción que resulta tan original como aterrador.

En Made in Abyss el abismo lo es todo. Su historia nos lleva a Orth, una ciudad perdida en el mar de Beoluska que se encuentra construida alrededor de un enorme vacío de un kilómetro de radio. Inhóspito, letal, pero también atrayente. El Abismo es vida igual que es muerte. Al fin y al cabo, en la obra, el Abismo es todo cuanto importa y toma la figura de un dios.

A diferencia de su versión animada —a la que posiblemente os hayáis remitido antes de leer estas líneas— la original es mucho más lenta (su primer tomo alcanza hasta el final de su tercer capítulo adaptado) y además se acompasa por el uso de tempos lentos y muy marcados. Así su forma de ponernos en situación resulta completamente original, con Riko, una joven de 12 años enérgica y risueña que se presenta como una gran aventurera a pesar de encontrarse en el rango más bajo de los aventureros.

La forma en la que Made in Abyss #1 avanza sirve para ganar en coherencia. Nos presenta a sus personajes y consigue enseñarnos cómo funciona su mundo sin depender de narradores externos. Pese a todo, es cotidiano, mundano. Nos demuestra que la vida en Orth no deja de ser una vida corriente. A esto se suma la forma en la que se dibuja este mundo.

Y es que Tsukushi se detiene en cada escena, en cada recuadro, en cada fibra. Made in Abyss brilla por su arte. Cada viñeta de las que componen la obra tiene vida propia. No importa si muestra un callejón o si nos encontramos en el abismo; si aparecen o no personas. Cada escena es una obra de arte en sí misma. Si nos encontramos con un plano amplio el autor se siente capaz de realzar los escenarios sin dejar de lado a los personajes, pero cuando necesita centrarse en detalles hasta los más nimios cogen forma y se presentan vivos. Reales.

La llegada de la niña a la primera capa del Abismo —en forma de pequeña expedición como entrenamiento— se convierte en el clímax del tomo. Su búsqueda se ve interrumpida por el ataque de un Sierpe Carmesí, un terrible devorador, y su autor nos deja algo claro: esta no es una obra para todos los públicos. Sin embargo, el ataque sorpresa de Reg, un androide amnésico al que tomará por compañero, le salva la vida y la lleva a encontrarse con un destino ineludible.

Una carta de su madre, considerada una legendaria Silbato Blanco, le indica que le espera en lo más profundo del Abismo. Por otro lado, Reg se ve en necesidad de bajar a las profundidades para intentar recuperar sus recuerdos. El excéntrico equipo que forma la pareja se convertirá en la espina dorsal de toda la obra, con una delicada entrada que se encarga de detallar a los personajes con particular devoción.

Así Made in Abyss #1 demuestra que las proezas de su anime no son infundadas. La primera muestra del trabajo de Akihito Tsukushi roza la perfección. Es una obra bien escrita, con un compás temporal marcado a fuego lento, que sabe cómo administrar sus acciones y trabajar con la propia coherencia que sus líneas dictan. El delicado y perfeccionista trabajo de su autor con su arte es una hazaña aún mayor. La forma en la que sus viñetas se dibujan, abruptas como el propio abismo, y sus detalles dan forma a lo que cuenta en ellas es digna de admirar.

Con todo queda claro que Made in Abyss no es una obra para todos los públicos. Ya en su primer tomo queda claro el gusto de su autor por el drama y el sufrimiento humano. Unos que se pintan en un seinen donde los protagonistas son niños. Una apuesta arriesgada que se torna aún peor con el uso del “lolicon” entre sus páginas. Todo esto, al darse la mano con el extenso nivel de detallismo de la misma la convierte en algo único a la vez que recomendado solo para quienes aprecien el género.

Adentrarse en su abismo puede resultar costoso, incluso peligroso. Pero lo que queda claro es que una vez desciendes por el mismo es imposible regresar. Esa es la magnitud de Made in Abyss #1.

La licencia de Made in Abyss por parte de Ivrea llegó casi por sorpresa. Pese a que la editorial anunció dicha licencia en Argentina meses atrás no se había recibido afirmación de que la obra llegase también a nuestro país. Sin embargo, así ha sido, Ivrea Editorial ha hecho realidad el sueño de los muchos seguidores que la obra ha conseguido cautivar.

Made in Abyss #1 llega en un formato algo especial, fuera de lo común. Se trata de un tomo kanzenban en formato A5 (15 x 21 cm) compuesta por 200 páginas. La calidad de los materiales que conforman este tomo es indiscutible, en la línea de este tipo de obras de la editorial. Pero Ivrea decide ir más allá y nos regala unas primeras páginas a todo color impresas en papel fotográfico para mantener su calidad. Además su portada goza de un efecto relieve sobre sus personajes y título. Toda una apuesta por la calidad. La misma respeta su formato original, cambiando de posición únicamente su título para traer una versión más estilizada a nuestro país.

Además de esto, la editorial ha cuidado al máximo los detalles, ofreciendo una gran cantidad de información sobre el mundo que pinta la obra, no solo entre sus páginas sino también en su sobrecubierta — por no mencionar el guiño cómico que se ilustra en la cubierta original. Pequeños detalles que suman mucho al esmerado cuidado de la obra.

Made in Abyss #1 salió a la venta el pasado día 3 de mayo de 2018 a un precio de 9,90 euros, algo por encima de lo habitual pero que funciona en concordancia con el tamaño —superior a los clásicos tankoubon— del tomo. El mismo se compone de ocho capítulos. Por último, la localización a nuestro idioma está perfectamente lograda gracias a la labor de Damián Gaggero.

Óscar Martínez

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