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El azar (Kieslowski)

Cuando el cine muestra culturas radicalmente opuestas a la nuestra siempre le dedicamos una atención curiosa, como si estuviéramos descubriendo un mundo nuevo cuya existencia pareciera imposible. Le pasa al cine japonés, al iraní o al hindú. Otros, como el cine polaco o el yugoslavo, han estado asociados siempre a la cara pobre de Occidente, por lo que su repercusión mediática no estaba a la orden del día. Además, provenían de un bloque ideológico dominado por las imposiciones de la Unión Soviética, lo que de base generaba cierto rechazo en los países democráticos.

Por tanto, el bloque Este siempre ha estado escondido a los ojos del gran público, ya sea porque sus temas son muy personalistas y están basados en la búsqueda de la fe, en la posición de la religión en la vida del ser humano o en las secuelas de un comunismo lacerante y opresor (en muchos casos la propia censura fue la causa de su desconocimiento) o simplemente porque no han sabido abrirse paso en el mercado occidental. Le pasa al cine polaco, a los trabajos de la Nueva Ola Checoslovaca y a las obras maestras húngaras, casi ninguna editada en nuestro idioma, pero no por ello menos interesantes (más bien al contrario) que las que sí lo están.

En el caso de Polonia ha hecho falta que directores de la talla de Krzysztof Kieslowski y Roman Polanski salieran fuera de sus fronteras para dar a conocer, aunque fuera de soslayo, que tras las barreras ideológicas del comunismo existía un arte vanguardista y militante que era tan bueno que cineastas como Scorsese, uno de los más prestigiosos directores de nuestro tiempo, o el español Luis Buñuel, sentían una profunda devoción por él.

El sanatorio de la clepsidra

Cuando el director de Taxi Driver habla de sus mentores artísticos lo hace desde el amor y la nostalgia. En la introducción al Ciclo de Cine Polaco que presentaron la Filmoteca Española (Cine Doré) y la Academia de Cine de Madrid la pasada semana, Scorsese narraba en vídeo cómo fue por primera vez a la Escuela de Cine de Łódź de Polonia tras recibir una invitación de su compañero de oficio Andrzej Wajda. “Allí aprendí no solo a cómo hacer películas, sino también para qué se hacen”, cuenta Scorsese. “La universidad me inculcó la fe en la libertad de expresión artística a través del neorrealismo italiano, la nouvelle vague francesa y el cine polaco”.

Krzysztof Zanussi presenta el Ciclo de Cine Polaco

El ciclo abrió sus puertas en el Cine Doré el pasado 22 de marzo. Krzysztof Zanussi, uno de los pocos cineastas de la época dorada del cine polaco en activo, estuvo presente durante la proyección de su película El factor constante (1980), elegida por la institución para comenzar esta serie de obras de la que ya os hablamos anteriormente. También estuvo la embajadora polaca en España y algunos de los encargados de la remasterización de las películas.

Tras la proyección hubo un coloquio. Junto a Carlos Reviriego, recién nombrado director adjunto de la Filmoteca, Zanussi contestó en su español con acento italiano a las preguntas del público. Envuelto en un traje gris oscuro y una corbata amarilla y escondido tras sus gafas cuadradas, el cineasta, que en inicio se mostró tímido, acabó abriéndose al público y comentando anécdotas del rodaje, su relación con Scorsese y la situación del cine en los tiempos que corren.

Ciclo de Cine Polaco - El Palomitron

Una pregunta muy larga. Más bien habría que ver cuál es la situación del mundo”, bromea cuando le cuestionan sobre cómo cree que se encuentra la producción cinematográfica hoy en día. “Siento que la cultura europea actual es ligera y frívola, que no tiene una contemplación metafísica. Y para mí si no hay metafísica no hay cultura”, comenta el director. “Por eso me preocupa que Europa, desde el 68, no hable más de las preguntas filosóficas que se hace el hombre, y por eso la mayoría de obras que veo no me interesan”, subraya Zanussi. “Después de la muerte de Bergman y de Buñuel, muy raramente tenemos algo verdaderamente profundo y fuerte en nuestro continente“.

Zanussi utiliza una hermosa metáfora sobre las minas del carbón y los canarios para explicar la situación: “Estos pájaros se utilizaban en las minas para saber si había fugas de gas. Cuando dejaban de cantar, el silencio significaba peligro, pues el gas se había escapado. La cultura europea ha dejado de cantar y eso es algo muy peligroso”.

El director de El factor constante e Iluminación remarca la influencia de Ingmar Bergman en su cine. “Él fue quien institucionalizó el cine de autor. Antes Buñuel y Robert Bresson hicieron películas de autor, pero también otro tipo de cine, como la etapa mexicana (de Buñuel). Bergman crea la figura del autor que escribe cine como quien escribe un romance. Para mí esto fue un ejemplo decisivo para seguir esta carrera”.

El factor constante

La labor de Martin Scorsese ha sido sacar del olvido esas joyas perdidas de la Polonia comunista y mostrárselas al mundo. Por primera vez en España se mostrarán en pantalla grande y remasterizadas joyas del cine polaco como El sanatorio de la clepsidra, de Wojciech Has; Eroica, de Andrzej Munk; Walkover, de Jerzy Skolimowski, o La tierra de la gran promesa, de Andrzej Wajda, entre otras. También se proyectarán varios cortometrajes y habrá un coloquio sobre las prácticas cinematográficas en la Escuela de Łódź en la Universidad Complutense de Madrid, en concreto en la Sala de Conferencias de la facultad de Ciencias de la Información.

El interés por lo antiguo, la nostalgia de algo que antes podía no resultar tan interesante y ahora, sin embargo, suscita una atracción descontrolada, recuerda a cuando New York, New York (la predecesora de La La Land) fracasó el día de su estreno por narrar una historia dura y amarga. Hoy, tras el éxito de Damien Chazelle, habría sido un éxito. Los tiempos cambian y, junto a él, las personas.

David G. Maciejewski

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